Un diario familiar que data de 1819 y concluye en 1911 sacó a la luz un capítulo desconocido de la genealogía dominicana: la presencia en San Francisco de Macorís de los Naranjo-Remírez de Estenoz y Carrillo de Albornoz, una familia hispano-cubana de origen noble vinculada a la aristocracia colonial en México, Perú, Guatemala y Cuba.
El hallazgo fue realizado por la coleccionista, educadora y filósofa Duleidys Rodríguez Castro, quien ha dedicado años a la investigación genealógica e histórica en el país. Rodríguez Castro, egresada del Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó y con maestría en Filosofía en el Mundo Global por la Universidad del País Vasco, es además articulista de Acento y autora de trabajos previos sobre linajes dominicanos, como su serie sobre los Pulá de San Cristóbal de los Ingenios.


Un documento que cruza fronteras y siglos
El diario comienza en La Habana en 1819 —en plena época colonial española— y cierra sus páginas en San Francisco de Macorís en 1911, ya en los primeros años de la República Dominicana independiente. Según los registros, la familia se radicó en la provincia nordestina alrededor de 1888, donde echó raíces y generó una descendencia que hasta ahora no había sido documentada en los estudios genealógicos locales.
Entre los descendientes identificados figura Eurídice Canaán Fernández, una pintora, poeta, cuentista y novelista dominicana que, pese a su prolífica obra, ha sido una figura largamente ignorada en el canon cultural del país. Canaán Fernández residió en el mismo edificio de la calle César Nicolás Penson donde vivía el expresidente y escritor Juan Bosch, aunque apenas cruzaron palabra. Su perfil huraño y su distancia de los círculos literarios contribuyeron a su invisibilización.
Un aporte a la genealogía dominicana
El descubrimiento del diario aporta una pieza significativa al rompecabezas de las migraciones caribeñas del siglo XIX, particularmente las de familias cubanas que se desplazaron hacia la República Dominicana en un período marcado por las guerras de independencia en Cuba y las transformaciones económicas de la región.
Los Remírez de Estenoz y Carrillo de Albornoz son un apellido con raíces en la nobleza española que se extendió por varias colonias americanas. Su presencia en territorio dominicano, hasta ahora inadvertida, amplía el mapa de las conexiones aristocráticas coloniales en el Caribe.
La cápsula genealógica sobre los Naranjo-Remírez se encuentra disponible en la página del Instituto Dominicano de Genealogía (IDG), entidad que ha promovido la investigación de los orígenes familiares dominicanos y que recientement respaldó el reconocimiento al genealogista Carlos Larrazábal Blanco, una de las figuras fundacionales de esta disciplina en el país.
Contexto: la genealogía como herramienta de identidad
El hallazgo se inscribe en un creciente interés por la genealogía en la República Dominicana como vía para comprender la complejidad de la identidad nacional. Como señaló el filósofo Leonardo Díaz en una columna publicada en Acento a propósito de un trabajo anterior de Rodríguez Castro, la narrativa identitaria dominicana ha estado históricamente sesgada, y los estudios genealógicos permiten recuperar trayectorias familiares que desafían las versiones simplificadas de la historia.
En ese sentido, el diario de los Naranjo-Remírez de Estenoz y Carrillo de Albornoz no es solo un documento de interés familiar, sino una ventana a los flujos migratorios, las redes aristocráticas y las transformaciones sociales que moldearon al Caribe hispano entre los siglos XIX y XX.
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