La institución cultural más antigua del país volvió a poner en el centro del debate público la figura de Salomé Ureña de Henríquez —poetisa, educadora y símbolo del pensamiento femenino dominicano— a través de un encuentro literario que reunió a mujeres de distintos ámbitos profesionales. El acto, además, sirvió de escenario para anunciar que a partir de mayo de 2026 se retomarán las tradicionales Peñas Literarias, que se celebrarán el último jueves de cada mes.
Fundado en 1907, el Ateneo Dominicano tiene como vocación histórica elevar el nivel cultural del país a través del pensamiento, la lectura y el debate. Casi 120 años después, esa misión tomó forma en un homenaje a quien muchos consideran la madre de la poesía dominicana.
Salomé Ureña de Henríquez (1850–1897) no fue solo una voz literaria: fue también la fundadora del primer instituto de educación superior para mujeres en el país, una figura que desafió los límites que su época imponía al género femenino. Sus poemas —El Ave y el Nido, Ruinas, Mi Pedro, Impresiones, Luz— siguen siendo leídos como documentos vivos de identidad nacional. Como señaló Rubén Darío, "Salomé es una musa vigorosa y pindárica, sin perder la gracia y el encanto de su alma femenina".
En ese espíritu, la presidenta del Ateneo, Betty Vargas Acosta, abrió el encuentro con una reflexión que marcó el tono del evento: la poesía como puente entre la memoria histórica y el presente, y la figura de Ureña como espejo en el que la mujer dominicana contemporánea puede reconocerse.
Voces del presente para una poeta del siglo XIX
Lo más significativo del acto no fue solo el homenaje en sí, sino quiénes lo protagonizaron. Cuatro mujeres —ninguna poeta de oficio, todas con trayectorias en el derecho, los negocios, la ingeniería y las artes visuales— tomaron los textos de Ureña y los pusieron en voz alta ante el público.
Las lectoras
Dra. Vanahí Bello Dotel, presidenta de la firma Bello Dotel, especialista en derecho empresarial, docente universitaria y ex miembro de la Junta Central Electoral.
Lic. Keithel Sánchez Naut, mercadóloga y presidenta de Meraki Naz.
Ing. Margarita Franco, empresaria y presidenta de la Asociación Dominicana de Profesionales Egresados de Rusia, Europa del Este, Asia Central y Cuba (ADOPEREACU).
Lic. Dulce Milagros Estévez, artista visual, autora de la exposición "Sepultemos la violencia contra la otra mitad de la humanidad", una propuesta que visibiliza la violencia de género.
La elección de lectoras no literatas fue, en sí misma, un gesto político: la poesía de Salomé Ureña no pertenece solo a los círculos académicos, sino a todas las mujeres que construyen el país desde distintos frentes. Como apunta Karina Castillo en Acento, Ureña fue una líder excepcional que demostró carácter y determinación en un tiempo en que las mujeres se dedicaban usualmente a ser esposas o amas de casa.
Las Peñas Literarias vuelven en mayo
El anuncio más concreto de la noche fue la reactivación de las Peñas Literarias, un espacio de encuentro intelectual que el Ateneo Dominicano ha sostenido históricamente como uno de sus formatos más reconocibles. A partir del último jueves de mayo de 2026, el ciclo se retomará con periodicidad mensual.
Las Peñas Literarias han funcionado durante décadas como un foro abierto donde escritores, académicos y ciudadanos debaten sobre literatura, cultura e ideas. Su regreso llega en un momento en que el país atraviesa una renovada conversación sobre identidad cultural, educación y el lugar de las humanidades en la vida pública —debate que, paradójicamente, la propia figura de Salomé Ureña anticipó hace más de un siglo.
Un homenaje en el momento justo
El acto se realizó como parte del Día Mundial de la Poesía, una coincidencia que el Ateneo aprovechó para articular dos conversaciones que en la República Dominicana suelen transcurrir por carriles separados: la reivindicación de los derechos de la mujer y la defensa del patrimonio literario nacional.
En un país donde el debate cultural compite con urgencias económicas y políticas, gestos como este recuerdan que la identidad de una nación también se construye —y se defiende— desde la poesía.
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