Delmira Agustini Murtfeldt, nacida en Uruguay el 24 de octubre del año 1886, fue una niña reservada y educada desde casa; además, por el carácter fuerte de su madre, escribía en secreto. Sus primeros poemas fueron publicados a la edad de dieciséis años en revistas populares de la época como Rojo y Blanco, entre otras.

Agustini es una de las representantes del posmodernismo en Uruguay. Su estética es erótica e intensa, con una escritura que muestra las características propias del modernismo y su transición al posmodernismo. Fue una poeta admirada por Rubén Darío gracias a sus escritos trascendentes. El líder del modernismo elogió su escritura diciendo, en un prólogo del libro Los cálices vacíos, que de todas las mujeres que escribían en verso ninguna lo había impresionado como ella. A pesar de ser una mujer brillante en sus escritos, su vida íntima era diferente, ya que se casó con Enrique Reyes, un joven comerciante; sin embargo, este matrimonio no fue duradero porque se divorció rápidamente. Luego de su divorcio, Reyes la citó la tarde del 6 de julio y le disparó en la cabeza.

A pesar de su vida efímera, la poeta sigue emergiendo en nuestra literatura hispanoamericana, ya que, por su estilo erótico, apasionado y cargado de imágenes y sentimientos contradictorios como el dolor y el amor, sus poemas son un deleite para nuestra literatura. Por consiguiente, el tema que trataré es el amor, pero desde diferentes ángulos. En los poemas “El intruso”, “Boca a boca”, “La copa del amor” y “Amor”, la poeta plasma cómo el amor es idealizado y cómo este produce una sensación genuina, pero a la vez dolorosa.

En el primer poema, “El intruso”, Agustini describe cómo el amor irrumpe y no pide permiso. En este poema se muestra la dependencia de ese alguien que aparece de repente: “Amor, la noche estaba trágica y sollozante / cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura / luego, la puerta abierta sobre la sombra helante / tu forma fue una mancha de luz y de blancura”. Aquí vemos que la poeta crea un ambiente melancólico y oscuro que se rompe con la llegada del amado a su morada, donde la noche pasó de ser helante y oscura a ser clara y pura.

Por otra parte, el poema “Boca a boca” habla de un paralelismo entre el disfrute apasionado del amor y el dolor intenso que también provoca: “Sexo de un alma triste de gloriosa / el placer unges de dolor; tu beso / puñal de fuego en vaina de embeleso / me come en sueños como un cáncer rosa”. El amor se presenta como una herida que no se puede ignorar, que puede invadir internamente como un dolor, pero que a la vez puede ser curado; es decir, el amor puede ser contradictorio, ya que es medicina para nuestra alma y, al mismo tiempo, enfermedad que carcome nuestro ser: “inaccesible… si otra vez mi vida / cruzas, dando a la tierra removida / siembra de oro tu verbo fecundo / tú curarás la misteriosa herida / lirio de muerte, cóndor de vida / flor de tu beso que perfuma al mundo”. A pesar de ser doloroso e invasor, también el amor sana el interior y refresca la vida.

En “La copa del amor”, la poetisa utiliza la copa como símbolo del cuerpo de la mujer y del alma: “Bebamos juntos en la copa egregia”, “ven a beber mis mieles soberanas”, “yo soy la copa del amor pomposa / que engarzará en tus manos sobrenaturales”. Aquí la mujer hace una invitación a ser tomada por ese alguien que para ella es como un ser divino, ya que describe sus manos como “sobrehumanas”, y muestra su fervor por ser consumida; su cuerpo está listo para ser tomado por el amante, navegando por sus mieles soberanas, símbolo de deseo y de dulzura pura. Por otro lado, la poeta describe este amor como una conexión que va más allá de lo físico, donde idealiza la relación como bella, apasionada y pura; a la vez, se describe un eslabón espiritual entre dos almas: “Tómala y bebe, que la gloria dora / el idilio de luz de nuestras almas / marchítense las rosas de mi aurora / a la sombra indeleble de tus palmas”.

Finalmente, en el poema “Amor”, se evidencia que el contacto no es físico, sino a través de sueños, donde se construye y se idealiza al amante de una forma apasionada que se desborda como si fuese un volcán en erupción: “Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente / hablaba el impreciso lenguaje torrente / era un mar desbordado de locura y de fuego / rodando por la vida como un eterno riego”. El amor aquí es permanente y siempre ofrece belleza y pasión, pero también se compara el amor con algo pasajero en su estadía terrenal; sin embargo, permanente en lo espiritual: “frágil como un ídolo y eterno como Dios”.

Para concluir, Delmira Agustini, a través de sus poemas, nos adentra en el mundo del amor, mostrándolo como algo idealizado, pero también construido poco a poco. Por otro lado, nos enseña que el amor terrenal puede ser pasajero y frágil; sin embargo, es tan intenso que podría compararse con lo divino y eterno. El amor es bello y, aunque suele doler, es vital para nuestras vidas.

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Leandra Barrientos de los Santos es estudiante de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).  barrientosdelossantos1909@gmail.com

 

 

 

 

 

 

Leandra Barrientos

Estudiante de letras

Leandra Barrientos de los Santos es estudiante de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). barrientosdelossantos1909@gmail.com

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