Los Comandos Constitucionalistas conjugaron en su práctica cotidiana aspectos tan disímiles e interesantes como la comunicación de masas, la creatividad artístico-literaria, la difusión de ideas políticas revolucionarias al interior de la población, la satisfacción de necesidades básicas del pueblo, el reconocimiento de espacios para el amor de pareja, la impartición de justicia con apego a la ética y la equidad, la preparación política y militar de los combatientes por la democracia y la libertad en el terreno de los hechos, así como la organización y realización de acciones bélicas por el control de espacios de poder local y central. La Revolución de abril de 1965 fue el crisol que inició el proceso de transformación política del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien pasó de ser un militar formado en las ideas anticomunistas y en la doctrina de la seguridad nacional en las academias militares del régimen trujillista y de los Estados Unidos, a convertirse en 1963 en un soldado democrático durante el gobierno del profesor Juan Bosch, en un patriota antiimperialista en 1965 como resultado de estar durante más de cuatro meses en la lucha armada hombro con hombro con el pueblo a través de los Comandos Constitucionalistas y en un socialista y comunista a través del conocimiento y la praxis del marxismo-leninismo y el guevarismo, hacia el año de 1973, cuando desembarcó a la República Dominicana desde Cuba por Playa Caracoles.
Introducción
Las revoluciones son en sí mismas traumáticas para los pueblos en que éstas se desarrollan, máxime si sus objetivos no están claramente definidos en función de los intereses de la gran mayoría de la población. Pero cuando una revolución se produce por la vuelta del orden constitucional perdido y por el retorno al poder de un presidente democrático y civilista, surgido de la voluntad libérrima del 60% de los electores de un país, existen sobradas razones para la ocurrencia de una acción bélica de esa naturaleza.
Eso sucedió con el gobierno encabezado por el profesor Juan Bosch, quien salió electo abrumadoramente en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, pero tras haber tomado múltiples medidas en favor del pueblo dominicano entre el 27 de febrero y el 25 de septiembre de 1965, los sectores oligárquicos de la República Dominicana en coordinación con la jerarquía de la Iglesia Católica, los militares trujillistas y el imperialismo norteamericano lo derrocaron mediante un golpe de Estado.
El pueblo dominicano mantuvo una lucha constante por el restablecimiento de la constitucionalidad sin elecciones y el retorno a la presidencia de la República del profesor Juan Bosch, realizando huelgas, movilizaciones pacíficas, concentraciones masivas, insurrecciones armadas y otras formas de lucha entre el 25 de septiembre de 1963 y el 24 de abril de 1965, momento en que estalló la Revolución de Abril de 1965.
El orden democrático por el que se luchó en abril de 1965 era esencialmente capitalista, republicano y representativo, tal como se consignaba en la Constitución de 1963, pero con la participación de los diferentes sectores de la sociedad dominicana, incluyendo a los grupos revolucionarios de izquierda.
Es importante destacar que las prácticas derivadas de ese importante ensayo democrático fueron enteramente participativas, ya que el pueblo dominicano se convirtió en el gran artífice de los diferentes espacios de poder que se construyeron en ese momento histórico relevante de la República Dominicana.
Los espacios de poder popular más importantes que se constituyeron en el curso de la Guerra de Abril de 1965 fueron los Comandos Constitucionalistas, integrados por civiles y militares. Los comandos surgieron al calor de los combates callejeros contra las tropas entreguistas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA) dirigidas por el general Elías Wessin y Wessin y contra la segunda grosera intervención militar norteamericana al territorio dominicano, los cuales fueron conducidos por el recio liderato democrático del presidente constitucional de la República Dominicana, coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Los comandos constitucionalistas se formaron con el claro propósito de suplir las necesidades más apremiantes que tenían las personas involucradas en la Guerra de abril de 1965. Los comandos se constituyeron a partir del 25 de abril, cuando se juntaron los defensores de la libertad y la democracia para luchar por el retorno a la constitucionalidad sin elecciones, principal objetivo perseguido por los revolucionarios.
Los combatientes, especialmente luego de la exitosa batalla del puente Duarte el 27 de abril y la toma de la fortaleza Ozama el 28 de abril de 1965, obtuvieron armas de distintos calibres y se juntaron por barrios, partidos políticos y pueblo de origen, los cuales formaron tantos comandos como les fue posible. Puede ser que los comandos tomaran ese nombre luego de la publicación del comunicado del Comando Constitucionalista con el cual el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó anunció la victoria alcanzada en la batalla del puente Duarte el día 27 de abril.
1-Comandos registrados por la Presidencia del Gobierno de Caamaño
La relación de comandos registrados por la Presidencia de la República que encabezaba el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, a los cuales se le otorgó una ayuda económica para su subsistencia con los recursos que se obtenían en las aduanas del puerto de Santo Domingo, alcanzó la cifra de unos 48. No obstante, se formaron tantos comandos como fueron necesarios para dar solución a las necesidades de armas, municiones, entrenamiento, abastecimiento de comida, agua, salud, educación, arte, recreación sana y otros servicios básicos perentorios en los sectores en que surgieron.
Los 48 comandos recogidos por el Subsecretario de la Presidencia del gobierno de Caamaño, Bonaparte Gautreaux Piñeyro, en su libro “Los Comandos (Abril de 1965)”, son los siguientes:
- Comando de la Presidencia Calle El Conde
- Comando Batallón Blindado, Nouel
- Comando Capri, Arzobispo Nouel
- Comando de los Zapadores “Aníbal de Peña”
- Comando Duarte
- Comando Calle Pina No. 25
- Comando “Elías Bisonó Mera”, Leonor de Ovando No. 10
- Comando “Independencia”, El Conde esquina Santomé
- Comando “José Horacio Rodríguez”, Dr. Delgado esquina Santiago
- Comando “La Cucaracha”, El Número
- Comando No. 2 San Juan, Nouel esquina Palo Hincado
- Comando “Palacio de Justicia”
- Comando “Puerto Plata”, Nouel esquina Espaillat
- Comando “Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez”
- Comando “San Carlos”
- Comando “San Cristóbal”, Enrique Henríquez
- Comando “Tomás Fernández Domínguez”, Conde esquina Hostos
- Comando “Manuel Aurelio Tavárez Justo”
- Comando “Tavárez Justo, El de los haitianos”, Centro Sirio-Libanés
- Comando Constitucionalista “La Vega”
- Comando “A” Espaillat, de la Zona No. 2
- Comando “Julio Lluberes Hijo”, Calle Duarte No. 6
- Comando Constitucionalista “As Negro”
- Comando “Libertad”, calle Isabel La Católica esquina Padre Billini
- Comando “Veterano No. 2”
- Comando Constitucionalista “El Conde”
- Comando “Duarte No. 1”
- Comando “Duarte No. 2”
- Comando “Pasito Polanco”
- Comando “General Bordas Valdez”, Calle Hostos No. 5
- Comando Central “Ciudad Nueva”
- Comando Constitucionalista “Barahona”
- Comando “POASI”
- Comando “San Antón”
- Comando “Juan Pablo Duarte”
- Comando “El Lobo”, en San Carlos
- Comando “Beller”, Mercedes No. 41 (Altos)
- Comando Constitucionalista “ABC”, Calle Mercedes No. 100
- Comando Zonal No. 4
- Comando Móvil No. 2
- Comando “Illio Capozzi”
- Comando “H”, Calle José Reyes No. 39
- Comando “A” de la Zona 1 Constitucionalista (Palacio de Justicia de Ciudad Nueva)
- Comando Constitucionalista “Juan Miguel Román”
- Comando “Ibarra Ríos No. 2”
- Comando Constitucionalista Cucaracha “20”
- Comando Constitucionalista “Constitución” No. 1
- Comando “A” Espaillat de la Zona No. 2[1]
Los comandos constitucionalistas conjugaron en su práctica cotidiana aspectos tan disímiles e interesantes como la comunicación de masas, la creatividad artístico-literaria, la difusión de ideas políticas revolucionarias al interior de la población, la satisfacción de necesidades básicas del pueblo, el reconocimiento de espacios para el amor de pareja, la impartición de justicia con apego a la ética y la equidad, la preparación política y militar de los combatientes por la democracia y la libertad en el terreno de los hechos, así como la organización y realización de acciones bélicas por el control de espacios de poder local y central.
2-Participación de las mujeres en los comandos
Las mujeres jugaron un rol de primer orden en la cotidianidad de los comandos constitucionalistas, en la lucha por la constitucionalidad democrática de la República Dominicana, en la acción decidida contra la segunda intervención militar norteamericana y en la lucha por la reafirmación de la soberanía nacional, a través de su participación como enfermeras, mensajeras, artistas, escritoras y como entrenadoras en la Academia Militar “24 de Abril”.
Entre las mujeres que se destacaron por su arrojo y valentía en el curso de la Guerra de Abril de 1965 y que tuvieron roles trascendentes en las diferentes esferas de la revolución popular, se destacaron: Aniana Vargas, Carmen Josefina Lora (Piky), Emma Tavárez Justo, Cándida Oviedo, Grey Coiscou, Hilda Gautreaux, Clara Tejera, Elvira Regús, Altagracia del Orbe, Yolanda Guzmán, Ivelisse Acevedo, Elsa Núñez, Ada Balcácer, Soucy de Pellerano, Gisela Risk.
Asimismo, Bernarda Jorge, Brunilda Soñé, Belén Vargas, Brunilda Amaral, Carmen Mazara, Carmen Pujols, Consuelo Despradel, Cristina Díaz, Delta Soto, Edith Altagracia Ramírez Ferreira, Elena Garrido, Elsa Justo, Fiume Gómez, Gladys Gutiérrez, Irma Encarnación de Cruz, Isabel Vargas, Josefina Paniagua, Lourdes Contreras, Magaly Pineda y Margarita Cordero.
De igual forma, María Elena Muñoz, Mariana de la Cruz, Marisela Vargas, Milagros Concepción, Mirna Santos, Petronila Argentina Santana, Ramona Rosario Vargas, Rosa Almánzar Vargas, Sagrada Bujosa Mieses, Somnia Vargas, Teresa Espaillat, Ana Silvia Reynoso, Cicelia Acevedo, Francia Concepción Martínez (Conchita), Leopoldina Restituyo, Mercedes Ramírez (La Rubia), Teresa Rojas y Tita Cruz, entre muchas otras.
3-Los comandos y el asalto a la Fortaleza Ozama
El historiador y testigo de excepción de la Guerra de Abril de 1965, Franklin Franco Pichardo, refiere en su obra República Dominicana: Clases, Crisis y Comandos, premiada por Casa de las Américas de Cuba en 1966, lo que ocurrió luego de la exitosa batalla del 27 de abril en el Puente Duarte y del ametrallamiento de que fue objeto la población civil por parte de los aviones de San Isidro:
Los recién organizados ‘comandos’ iniciaron el ataque sistemático a los cuarteles policiales. El espectáculo era hermoso: un comando de 5 ó 6 hombres armados era seguido por una masa delirante de cien o doscientas personas, esperando que alguien cayera para empuñar el arma. Al atardecer todos los cuarteles policiales de la capital estaban en manos del pueblo.[2]
En relación con la toma de la Fortaleza Ozama, el 28 de abril de 1965 por parte de los comandos constitucionalistas, Franco Pichardo nos dice:
A la mañana siguiente -y desconociendo la verdadera situación- los comandos enfilaron hacia la fortaleza ‘Ozama’, bastión colonial utilizado tradicionalmente como cámara de tortura para presos políticos. Tras los comandos, una multitud de tres o cuatro mil personas parapetadas en zaguanes, cloacas, aceras, azoteas, esperaba su turno para tomar el arma si alguien caía. Cuando ya el combate llevaba varias horas, los oficiales del cuerpo represivo ‘cascos blancos’ intentaron la huida -y algunos lo lograron- saltando un muro de 10 pies de alto. Al mediodía los hasta ayer ‘furiosos y valientes’ cascos blancos, salían con las manos en alto en grupos de diez o quince, derrotados por las masas populares. El número de prisioneros ascendió a 700. El número de ‘comandos’ que participaron en el asalto no era mayor de 40.[3]
Este hecho demuestra cuán importante fue la participación del pueblo dominicano en los comandos constitucionalistas y lo decisorio que fue en el triunfo de las acciones militares de la Guerra de Abril de 1965. Esto permitió la derrota de los “cascos blancos”, grupo represivo del gobierno del Triunvirato, el cual en el año 1962 había dirigido el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
4-Características del Gobierno Constitucional de Caamaño
En cuanto a las características del gobierno que presidió el coronel Caamaño Deñó, es de justicia decir que supo integrar a los diferentes sectores sociales, económicos, políticos, militares, culturales e ideológicos del país en la gestión gubernamental, teniendo siempre como referente fundamental al pueblo dominicano y como norte político la recuperación de la constitucionalidad perdida el 25 de septiembre de 1963 y el retorno al poder del profesor Juan Bosch, quien había sido despojado de la Presidencia de la República por parte de los militares trujillistas y neotrujillistas que encabezaba Wessin y Wessin, en contubernio con la alta jerarquía eclesiástica, la oligarquía tradicional y el imperialismo norteamericano.
La concepción de Nación que tenía el presidente Caamaño Deñó se puso de manifiesto en el breve discurso de toma de posesión que pronunció ante el Altar de la Patria en la mañana del 4 de mayo de 1965, cuando dijo:
En esta hora dramática que vive la República, estoy consciente de que no hay ser humano capaz de resolver por sí solo los ingentes problemas que gravitan sobre el lamentable estado socioeconómico de nuestra empobrecida República. Por tal motivo, invito a todos los dominicanos, campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, comerciantes, industriales y todas las clases de la comunidad dominicana a que cerremos fila para probarle al mundo que no sólo hemos sabido luchar con las armas, sino que con honra y con dignidad reconstruiremos nuestra Patria. Es tan importante la labor para la reconstrucción de un país del más humilde de sus ciudadanos, como la del presidente de la República. Tenemos que estar conscientes que en un pueblo que ha atravesado por momentos tan cruciales como los acontecidos en estos últimos días, no puede haber odios ni venganzas y sólo la justicia podrá juzgar a los culpables, porque para reconstruir el país no puede haber revanchismo. Los gobernantes constitucionales son gobiernos de derecho y en defensa de esos derechos se ha levantado el pueblo dominicano.[4]
Una muestra de ese espíritu conciliador del presidente Caamaño Deñó lo es el decreto No. 17 del 7 de mayo de 1965, donde se anunciaba: “Se confirman en sus cargos a todos los empleados de la administración pública, sin distinción de persona o credo político.”[5]
En la alocución del 11 de mayo de 1965 el presidente Caamaño Deñó reiteró su juramento de luchar al lado del pueblo dominicano y conducir sin vacilaciones ni mediatizaciones:
El juramento que hice al asumir la Presidencia Constitucional de la República, lo reitero ahora ante todo el pueblo dominicano. Ahora llevo mi juramento ante el campesino agricultor, ante el obrero, ante el oficinista, ante el pequeño comerciante e industrial, ante el pobre y el rico honrado; ahora llevo mi juramento al hambriento y al haraposo, al desheredado del afortuna, y ante todos los que luchan en las calles, llevo mi juramento digo, de que del lado del pueblo dominicano, conduciré sin vacilaciones, sin mediatizaciones, la batalla libertaria que libramos, hasta el éxito total, con el mismo sentido de responsabilidad histórica de que ha dado muestra el pueblo dominicano. Les digo a todos que no daré un paso atrás, pese a la fuerza colosal que nos amenaza, esa fuerza no nos atemoriza, sino que estimula nuestro sentir dominicanista y nuestra capacidad de lucha.[6]
5-Principales triunfos de los constitucionalistas
Es importante destacar que los principales combates que libró el sector constitucionalista contra las tropas de la Base Aérea de San Isidro contaron con la participación entusiasta de diferentes sectores de la población dominicana, lo que permitió propinarle derrotas contundentes a los sectores militares trujillistas y neotrujillistas envueltos en batallas como la del Puente Duarte y la toma de la Fortaleza Ozama, así como el derribo de los aviones dispuestos por esos sectores para el bombardeo de la población civil y el Palacio Nacional de la avenida Dr. Delgado con Moisés García, entre otras acciones trascendentes.
Así lo confirma el historiador Franco Pichardo, cuando sostiene:
Miles de personas preguntaban a los militares detalles particulares del manejo de sus armas y hasta de cañones. El pueblo allí conglomerado, con su alta sensibilidad política, preveía ya lo inevitable de la lucha. Y de pronto, ante la posibilidad de la entrada a la ciudad de los tanques del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), las calles se llenaron de trozos de madera, troncos, piedras inmensas, hierros y otros obstáculos de gran tamaño con los que las masas creyeron poder detener el avance si se producía. Al mismo tiempo, miles iban hacia las bombas de gasolinas con decenas de botellas para la fabricación de bombas Molotov. Las primeras víctimas de esas bombas fueron el periódico `Prensa Libre`, órgano de la extrema derecha que dirigía Rafael Bonilla Aybar; el local del Partido Unión Cívica Nacional, representante de la oligarquía criolla, y a los locales de los partidos golpistas Vanguardia Revolucionaria Dominicana y Partido Liberal Evolucionista.[7]
6-Intervención norteamericana, resistencia y negociación
A petición de los sectores reaccionarios de la Base Aérea de San Isidro, el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, autorizó el desembarco a la República Dominicana de las tropas invasoras norteamericanas. Estas mancillaron el territorio nacional el 28 de abril de 1965 con un contingente de 42 mil 400 marines, pretendiendo controlar la Zona Constitucionalista en cuestión de horas.
La magnitud de la resistencia del pueblo dominicano y la contundencia de las acciones realizadas por los comandos constitucionalista fue tal, que al cabo de seis meses la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), se vieron compelidos a iniciar un proceso de negociación para lograr un acuerdo de paz con el sector constitucionalista que encabezaba el coronel Caamaño Deñó.
Refiriéndose con pesar a la odiosa intervención militar norteamericana, el presidente Caamaño Deñó expresó el 11 de mayo de 1965:
Muchos son los factores que hemos tenido que enfrentar, pero ninguno tan doloroso como el ver en nuestra Patria tropas extranjeras que creíamos eran cosas del pasado. Y que nos hacen recordar los momentos que vivieron nuestros antepasados del 1916 al 1924… Pero el pueblo dominicano ha sabido corresponder a la cita de honor a conquistar sus derechos que les fueron arrebatados el desgraciado 25 de septiembre… Hoy tenemos un régimen de derecho, el Gobierno Constitucional de la República, que me honro en presidir: será un régimen de justicia, de oportunidad para todos. Nuestros únicos enemigos serán la corrupción, la miseria y la ignorancia.[8]
El 24 de mayo de 1965 el Gobierno Constitucionalista anunció, a través del presidente Caamaño Deñó, su disposición a aceptar el inicio de conversaciones que permitieran encontrar vías de entendimiento en los campos de la paz, el derecho y la justicia, ante el pedimento que al efecto hizo la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), organismo controlado por las tropas norteamericanas que se convirtió en juez y parte en el desarrollo y en la finalización del conflicto bélico. Las negociaciones desarrolladas entre funcionarios del gobierno de los Estados Unidos y representantes del Gobierno presidido por el coronel Caamaño Deñó, mediante las cuales se buscaba establecer un gobierno presidido por el hacendado y ex secretario de Agricultura del gobierno del profesor Juan Bosch, don Silvestre Antonio Guzmán Fernández, fracasaron estrepitosamente.

El primero de septiembre de 1965, el ex canciller del gobierno del profesor Juan Bosch, Dr. Héctor Rafael García Godoy, asumió la presidencia de la República y los principales líderes militares constitucionalistas fueron designados como agregados militares en diferentes embajadas dominicanas en el exterior, entre los que se destacaron Francisco Alberto Caamaño Deñó en Londres, Inglaterra, y el Vicealmirante de la Marina de Guerra, Manuel Ramón Montes Arache en Ottawa, Canadá.
7-La UASD: el legado imperecedero de la Guerra de Abril de 1965
La Gesta Patriótica de Abril de 1965 le dio a la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD- su carácter actual, y, por tanto, es su mayor legado a la sociedad dominicana. El Movimiento Renovador Universitario, surgido de la Guerra de Abril, la transformó de una universidad de élites conservadoras y trujillistas en una universidad abierta, democrática, popular y antiimperialista, siendo en la actualidad la única institución pública donde se practica una verdadera democracia participativa y en que se garantiza la mayor movilidad social de la República Dominicana.
Es la UASD el producto más concreto de la Gesta de Abril de 1965. Están ahí los frutos de ese aporte en sacrificios y sangre hecho por los hombres y las mujeres de todas las clases sociales que participaron en ese movimiento revolucionario, que, aunque inconcluso en muchos de sus propósitos, puede destacar sus inmensas contribuciones a la libre expresión del pensamiento, a la defensa de la libertad, al respeto a la diversidad y a la formación del talento humano que ha requerido la República Dominicana durante todos estos años.
8-Presidente Caamaño entrega el poder al pueblo
El 3 de septiembre de 1965, en una multitudinaria manifestación en la Plaza de la Constitución, antigua Fortaleza Ozama, el coronel Caamaño Deñó se dirigió el pueblo dominicano, donde expuso de forma pormenorizada el proceso de negociación y los acuerdos a que se habían arribado, manifestó que en la contienda bélica de abril no hubo vencidos ni vencedores, al tiempo que expresó de forma lapidaria:

Porque el pueblo medio el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público. El día 5 de mayo de 1965, el Congreso Nacional me honró eligiéndome presidente Constitucional de la República Dominicana. Solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre he creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea el pueblo mismo.
Bien legítimo era ese derecho, forjado por nuestras grandes mayorías nacionales en las elecciones más puras de toda nuestra historia, y depositado en mis manos en momentos en que el pueblo dominicano se batía, a sangre y fuego, para conquistar sus instituciones democráticas. Esas instituciones, surgidas de la consulta electoral del 20 de diciembre de 1962, fueron devoradas por la infamia y la ambición de una minoría que siempre ha despreciado la voluntad popular…
Heroicamente, con más fe que armas, y con un enorme caudal de dignidad, el pueblo dominicano abría de par en par las puertas de la historia para construir su futuro. Hondas, muy profundas, eran las raíces de esa lucha. Desde la Independencia, desde la Restauración, caminaba el pueblo muriendo y venciendo, tras su derecho de ser libre. El 24 de abril era un paso gigantesco hacia la consecución de ese derecho y hacia la democracia que lo consagra plenamente.
Los enemigos del pueblo, aquellos que por encima de los intereses de la Patria colocan sus propios intereses, en un vano empeño por mantenerse en el poder, hacían correr como ríos la sangre generosa. Pero sobre nuestros muertos nos levantamos siempre con mayor fuerza. La revolución avanzaba triunfante. América entera miraba con admiración esta tierra, esperando ansiosa nuestro triunfo, porque en él veía una victoria de la democracia sobre las minorías opresoras que azotan, como plagas, todo el continente americano.
Desgraciadamente, el 28 de abril, cuatro días después de iniciada la revolución, cuando la libertad renacía vencedora, cuando todo un pueblo se volcaba fervorosamente hacia el encuentro con la democracia, el gobierno de los Estados Unidos de América, violando la soberanía de nuestro Estado independiente, y burlando los principios fundamentales que sostienen la convivencia internacional invadió y ocupó militarmente nuestro suelo.[9]

Sin duda alguna, la Revolución de Abril de 1965 puso de manifiesto que el poder sólo es legítimo cuando emana del pueblo y éste participa activamente en los procesos de toma de decisiones y selección de sus gobernantes, la puesta en marcha de mecanismos efectivos de control, rendición de cuentas y la revocación de los cargos, en caso de incumplimiento de la función para la que se eligió a alguien. Sólo de esa manera se puede lograr una patria justa y equitativa para todos, donde haya una mejor distribución de las riquezas del país, ejecutorias gubernamentales, legislativas y judiciales responsables orientadas hacia el bien común (tal como concibieron la política el filósofo griego Aristóteles y nuestro padre fundador Juan Pablo Duarte), así como un ejercicio ético, transparente y honesto del poder.
[1] Bonaparte Gautreaux Piñeyro. Los Comandos (Abril 1965). (Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2015), 19-154.
[2] Franklin J. Franco. República Dominicana: Clases, Crisis y Comandos. (Santo Domingo: Ediciones Librería La Trinitaria, 2000), 247.
[3] Ibidem, 249.
[4] Presidente Caamaño. Discursos y Documentos. (Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2006), 19.
[5] Bonaparte Gautreaux Piñeyro. El gobierno de Caamaño, 1965: documentos, discursos y decretos. (Santo Domingo: Editoria Corripio, 1989), 58.
[6] Presidente Caamaño. Discursos y Documentos. (Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2006), 22.
[7] Franklin J. Franco. República Dominicana: Clases, Crisis y Comandos. (Santo Domingo: Ediciones Librería La Trinitaria, 2000), 243.
[8] Presidente Caamaño. Discursos y Documentos. (Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2006), 22.
[9] Ibidem, 77-80.
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