A Isael Pérez, por supuesto.
En noviembre del año dos mil veinticuatro, en San Rafael del Yuma fui como invitado a la Feria Internacional Del Libro celebrada en esa localidad dedicada al maestro Luesmil Castor Paniagua el cual me hizo la invitación. Allí, entre varios escritores y poetas alcancé a ver entre ellos al destacado poeta, escritor y editor Isael Pérez, al acercarme hasta donde se encontraba me preguntó de qué provincia había venido y le dije que desde Santo Domingo pero que yo había nacido en La Romana. Su alegría fue, como siempre, muy notoria y me hizo una entrega simbólica que aún guardo con recelo: la llave imaginaria con la que podía abrir la magia de la poesía.
Cada vez que tengo entre mis manos un libro editado por la Editorial Santuario, me viene a la memoria ese hermoso gesto que don Isael tuvo hacia mí. "Cantos de agua y viento" Santo Domingo, 2022, de la autoría de nuestro Premio Nacional de Literatura 2024, Juan Carlos Mieses (El Seibo, 1947) está cargado de esa magia y del milagro de la corriente alterna que, oscilante, transporta al lector a ese mundo de energía poética que don Juan Carlos, nos brinda en su excelente poemario.
Cargado de lirismo, odas, cantares, tankas y haikus, su polaridad se invierte entre decires. Allí, produce una combinación de versos que transforma la forma de apreciar la poesía:
“Una palabra
tal vez pensada apenas…
Y fue la luz".
(Pág.59)
En ese universo de ondas invisibles, de figuras retóricas, vuelos espectrales y marismas inquietantes, el poeta impregna cada página con el aliento aliciente de las metáforas. Una descarga de emociones encontradas:
“Para decir adiós
basta ver cómo se pueblan nuestras horas
de sombras, de fantasmas,
de colores,
de lugares y horas que aún no existen
y de silencios que jamás se alejan.
Basta cerrar los ojos
e imaginar una imposible aurora donde duerma la pena
y reinen los luceros…
O aceptar la congoja de despertar
sin el perfume de la dicha en la piel,
sin el roce de una voz en la esperanza,
sin el calor de un sueño en las entrañas
en la espera de un atardecer
sin la certeza de la dicha…
nunca". ("Canción para un día nublado"). Fragmento. Pág.21.
El pálpito que retoña desde pulsaciones eléctricas, eclosión del pensar, sensaciones vívidas e inherentes a la palabra, desdibujan los límites de lo imposible, haciendo que el lector infrinja las leyes de la lógica y navegue entre olas fantásticas y mares místicos:
"La has visto en más de un sueño.
En más de un sueño ha muerto con todos sus durmientes.
Kadath está perdida entre mil albas.
Sus campanas se desvanecen en la niebla
de espectrales torres.
No hay caricias de amor en sus terrazas;
el ónix de sus parques no ha sentido
el furtivo eco de los besos.
En Kadath no hay latidos,
no hay lamentos.
El Recuerdo olvidado de dioses y demonios
duerme en los templos de impecable quietud
donde no implora nadie". ("Fin de una búsqueda"). Fragmento. Pág.15.
Don Juan Carlos, explora el decir de las ondas. El nado insistente del mar mismo que gira, detiene y desliza a ritmo de el "Allegro appasionato" para violonchelo de Camille Saint-Saëns (Francia, 1835-1921). Mieses escucha y ensordece cuando quiere, es un cómplice del silencio:
"Quizás esta tristeza
es el recuerdo imposible de una infancia
en donde yo no existo,
de un lejano camino de tierra
en un pasado nunca compartido.
La urgencia de gritar lo que fuera callado
cuando la vanidad me embarró el corazón
y el silencio se convirtió en salobre mordaza…". (Fragmento). Pág.41.
"Basta callar,
hablar a grandes voces
o decirnos secretos en voz baja.
Amar la aurora
o el ocaso
silbar mil melodías
o soñar en silencio".(Fragmento). Pág.20.
"La temblorosa
lumbre de una vela
en la penumbra.
Una palabra ausente
murmura en el silencio". Pág.49
“Cantos de agua y viento", electrifica los sentidos. Sus versos invocan dioses, personajes de ficción que se hacen reales, palpables, conductores de una energía poética que traspasan los aislantes del alma:
"La buscarán en vano otros mortales,
presentirán sus calles desde las altas rampas
que ciernen en soledades,
Divisarán el mar sin olas ni murmullo
que inmóvil la refleja…
Jamás encontrarán sus bulevares.
No escuches al insidioso dios,
al deslizante Caos,
al Mensajero.
No ceses de soñar los alminares,
las fuentes, las colinas.
No despiertes
¡Oh mortal durmiente!
Más agreste que el sueño es la vigilia,
más astroz que el espacio
el insaciable tiempo".( Fragmento). Pág.16.
La tensión, por demás alta, con que transporta la palabra hasta llegar a un destino consumible y redimible del lenguaje, mantiene el poema en un estado inalterable y majestuoso:
“Te hablé del Mato Grosso
cuando aún no sabía que en La Cabirma
en un cielo sediento de esplendores
se derraman promiscuos los luceros
Y la Vía Láctea
se pasea desnuda.
Te hablé de una moneda
encontrada en la arena de otra vida
cuando el azar se me acercó por primera vez
y todavía me sigue
como Canis a Orión por la infinita esfera.
Te hablé de una estatua de Buda
hecha de piedra y de fervor
que en el cielo de Borobudur
transforma en espirales la esperanza.
Te hablé de una colina donde es posible
-a veces-
vislumbrar los lindes del Edén
y el domo primigenio de su cielo.
Te hablé de una cabaña junto al río
donde un anciano invoca esperanzado
cada noche la muerte
y la muerte
cada noche lo ignora".("Monólogo") Fragmento. Págs.35 y 36
Nuestro multipremiado Juan Carlos Mieses, autor de, entre muchas otras, “Las palomas de la guerra”, y de quien el destacado intelectual dominicano Basilio Belliard dijera al momento de la entrega del Premio Nacional de Literatura 2024, lo siguiente: “leer sus libros representa la experiencia de lectura de un escritor, que ha sabido asimilar muy bien lo leído y mejor aún, lo aprendido”, redescubre los aciertos de la física, haciendo de lo ya conocido algo totalmente innovador:
"No lo lloréis.
Recordad que nada bueno Y verdadero hay sin dolor;
ni primer día
ni sorprendente estrella
ni caracoles o semillas
ni preñada nube de tormenta
o madre
o flor sobre la tierra
ni verdadero amor.
Tampoco renacer detrás del tiempo". ("M.A.B"). Fragmento. Pág.27
Estamos pues, ante un poeta, que convive entre ondas expansivas, llevando la poesía a cultivar tiempo y espacio en un universo que él diseña y crea y que nos convida a ser parte de el:
“Te hablé de aquella tarde
que soñaba la tierra, el aire, el agua, el fuego,
cuando al borde del mar
un amor de verano presentía
y te hablé del cielo.
De los crepúsculos de El Jem
hechos de dolor
y de agonías .
Y de una catedral
donde aún cabalga Drake
entre pilares.
De un planeta sin nombre en el espacio
y de otro, donde alguien como tú
o como yo
quizás nos imagina".("Monólogo"). Fragmento. Pág.35
Don Isael me entregó “la llave de la imaginación poética”. Don Juan Carlos ya tenía las puertas abiertas.
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