Una de las mayores aportaciones de Danilo de los Santos (Danicel) al arte y la cultura de nuestro país es la creación de Marola o, más exactamente, las Marolas. Forman parte de una serie pictórica con un personaje de su invención que ha trascendido el ámbito de la plástica para integrarse de forma casi indisoluble a la cultura popular dominicana. De hecho, su impacto es tal que a veces se les confunde con personajes folclóricos tradicionales como el Robalagallina o la Marchanta. Sin embargo, más que una figura individual, las Marolas constituyen un conjunto de personajes con un denominador común: lo homogéneo —la piel negra, la continua asimetría, el género, la cultura— se integra con lo heterogéneo —siluetas flacas o gordas, desnudas o vestidas— hasta formar una sola entelequia. El resultado es una representación de la mujer negra, tempestuosa y voluptuosa, cuya idiosincrasia mixta se nutre de la cultura dominico-africana. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, el significado más común del término marola hace referencia a las olas poderosas del mar; tal acepción está, de algún modo, en sintonía con el personaje. Acaso de ahí derivó el nombre, o tal vez, el término simplemente le pareció hermoso o llamativo.
Pero ¿cuál es la génesis de este personaje y qué llevó al artista a crearlo? Los críticos de arte afirman de manera unánime que esta constante es producto de un viaje que realizó a Europa, especialmente a Roma y París. No obstante, un amigo me prestó el libro de memorias del fallecido creador, Danicel: Anotaciones de un joven pintor (1979). Al leerlo, noté enseguida que el verdadero origen de las Marolas no coincide —al menos parcialmente— con los planteamientos habituales de los expertos. Esta divergencia de criterios quizá obedezca a que, para la época en que el propio artista lo expresó, su obra no había sido debidamente estudiada; además, el libro hoy es difícil de conseguir. Por lo tanto, a partir de las palabras del pintor en dichas anotaciones autobiográficas, procuro rastrear y plasmar en estas líneas el verdadero origen de las Marolas.
Danicel explica los orígenes del tema —o, más bien, del personaje— de forma literal. Pero, antes de acceder a los datos explícitos, conviene saber qué comunica de forma implícita el antecedente de esta constante pictórica. En sus memorias, se remonta a su infancia, época en que solía jugar con las muñecas de su hermana mayor y crear sus propias "muñecas Mariquitas". Al respecto, escribió: «Algunas veces pienso que en las muñecas de mi infancia está el enraizamiento de un tema que me cuesta trabajo dejar en lo que a trabajo pictórico se refiere». Sin duda, el artista no está alejado de la realidad, ya que la infancia es una etapa muy significativa que constituye la base para moldear la personalidad adulta. También debieron influir las múltiples pinturas de figuras femeninas que, a los once años, observaba en la casa donde entonces funcionaba la primera academia de arte de Yoryi Morel. Eran los cuadros del pintor Félix Disla, alias Negro, expuestos en el taller de su primer gran referente formativo. No se pueden descartar estos hechos, pues en términos psicológicos, lo que se siembra en la niñez se cosecha en la adultez.
El grupo artístico de seis integrantes llamado Grupo Friordano, entre ellos Orlando Menicucci, Daniel Henríquez y el propio Danicel, también fue significativo como antecedente remoto del tema de las Marolas. A juzgar por el libro, el grupo se caracterizó por la experimentación y la búsqueda constante de un lenguaje pictórico propio. Al parecer, ninguno todavía era dueño de un tema que definiera y reflejara la cosmovisión y la autenticidad del artista. El grupo pintaba muy a menudo y realizaba, a su modo, frecuentes exposiciones. De modo que, en una ocasión, Danicel presentó un cuadro que llamó la atención. Entonces Menicucci le dijo: «Danicel, este es tu tema: agárralo». No era propiamente el tema de las Marolas, pero al parecer tenía algún germen de ello, ya que el mismo Danicel escribió, al referirse a uno que otro momento artístico vivido junto al grupo, que «si me refiero a ellos es para explicar el origen del lenguaje temático con el que se me identifica pictóricamente». También contribuyó a ello, como intenta esclarecer el artista, la creación de figuras femeninas que pintó inspirado en el activismo de mujeres que lucharon en 1965 y de las mujeres negras de La Romana cuyos esposos, durante la Guerra de Abril, no pudieron hacer acto de presencia en los entierros.
A juzgar por el libro, los verdaderos orígenes de las Marolas no se encuentran en los antecedentes que mencioné antes. Si bien fueron fundamentales para forjar el tema y el personaje por antonomasia del artista, no constituyen el auténtico origen de la serie. Este surge en 1970, cuando viajó a Puerto Príncipe, donde visitó numerosas galerías de arte y observó el ir y venir de las calles haitianas. Sobre esto, escribe: «Cuando volví de Haití, donde todas las mujeres resultan largas y flacas como las de mis pinturas, reproduje algunos apuntes, pero curiosamente —y ahora me sorprende— comencé a elaborar obras de mujeres voluminosas, ataviadas, con colores encendidos y en poses provocativas. Parte de esta provocación visual la capté allá, pero mis mujeres resultaron diferentes cuando me empeñé en buscar la diferencia». Añade además que: «Como símbolo utilicé la flor, y entre agosto y septiembre de 1970 nacieron Mujeres ataviadas, Mujeres después de trajinar y Marola, vendedora de margaritas»
Danicel escribe que este tema no dejaba de rondarle la mente y, por consiguiente, sentía la necesidad de desarrollarlo. Comenta que lo habló con Carlos Fernández Rocha y que, después del viaje a Haití de 1970, pintó en una gran tela dos Marolas tendidas sobre cientos de margaritas. La obra, titulada Conversación sobre las margaritas, fue un obsequio por el cumpleaños de su amigo y compañero de grupo, Daniel Henríquez. Este cuadro le satisfizo como artista, lo motivó a continuar con esa vertiente, le resultó «una obra regocijante y espléndida» y, además, lo llevó al gran formato. Otro influjo positivo para el desarrollo de su constante pictórica lo constituyó su viaje a México, donde llevó a cabo los desnudos que luego —conjuntamente con las Marolas creadas a instancias del impulso creador surgido tras la obra que pintó para festejar a su amigo— formaron parte de Danicel + Danicel. Esta fue una muestra individual ingente de 171 cuadros que presentó en la Galería de Arte Moderno del 25 de mayo al 25 de junio de 1979, un acto sin precedentes en la plástica dominicana por la gran cantidad de obras exhibidas
Y, sin embargo, los grandes críticos de arte que se han referido a las Marolas insisten en que el tema es de inspiración eurocentrista, producto de la entonces breve estadía del artista en esos lares. Pienso que, al menos parcialmente, los críticos han sido certeros al respecto. La agudeza, la intuición y la capacidad de análisis que han mostrado en esa dirección son incuestionables; sin duda, su olfato está exento de anosmia. Algo de verdadero hay en sus afirmaciones, puesto que el propio Danicel ha escrito que en el Museo del Prado lo que más le llamó la atención fueron las obras de carácter negroide de Goya y Las Meninas de Velázquez, y en Toledo, las obras de El Greco. Esto tuvo que significar algo para que ulteriormente su tema por excelencia germinara. No obstante, en ese sentido ha escrito lo siguiente: «Más que los viajes, han sido las lecturas literarias latinoamericanas las que en realidad me han permitido —en parte— una eficacia formativa. La otra parte es mi encuentro y deleite con un tipo de mujer nativa, morena y frondosa, negra y criolla, con la que he tropezado constantemente por todo el país, y a la que he pretendido llevar, y llevado, a ser Marola absorta, Marola asediada, Marola entre mujeres llorando, Marola ascendiendo del cielo a la gloria». Precisó, asimismo, lo siguiente, con lo cual corrobora lo anterior: «Mis estudios de historia, a los que la docencia me obliga, y el estudio de pintores, requisito indispensable para la educación visual, me habían permitido descubrir de antemano lo que luego me deleitó y hasta me aburrió a posteriori».
El 29 de diciembre de 1976 abrió la Galería Danicel, a la que luego se mudaría. «En aquella casa», indica, «insistí en la temática racial de las Marolas, en la que busco enfatizar aspectos simbióticos de la sociedad insular». Esa disciplina y búsqueda incesante de un tema que en él se convierte casi en una idea fija son los pilares que dan paso a la cosmovisión del artista, a su manera particular de sentir y ver el mundo. No cabe duda de que este tema brotaba en todo su ser desde muy temprana edad y lo fue nutriendo con el constante ejercicio artístico, la lectura continua, los viajes, su entorno y la geografía. Este tema habitaba en él de forma inconsciente desde la infancia. Los primeros años de vida son los que sientan las bases para el desarrollo de la vocación para la que se vive. Son los aciertos y desaciertos tempranos los que forjan la resiliencia y la visión de los seres humanos, especialmente en los artistas, los cuales acostumbran a proceder conforme a la vastedad de su cosmovisión. «Consciente o inconscientemente», escribe Danicel, «lo cual puede justificar perfectamente la existencia de las Marolas, hay en el artista un cúmulo de experiencias que permanecen soterradas, y que, al ser vivencias, palpitan profundamente, fluyen sin controles o fluyen porque uno lo desea. He deseado y he hecho de Marola una compañía pictórica. Es una sombra y un concepto biológico que busco fortalecer con clara conciencia y hasta con cierto logro. Tanto está adentrada en mí y tanto la persigo que la descubro constantemente en las cosas». Al leer Danicel: Anotaciones de un joven pintor, se nota fácilmente que el artista no busca esconder la verdad, ni pretende tergiversar la información; su proceder no apela a la incertidumbre ni mucho menos a la desinformación. La sinceridad de sus notas autobiográficas está en las antípodas de los frecuentes subterfugios de los hombres de letras; por ello, las he usado como referencia obligada para aclarar los auténticos orígenes de las Marolas. Nada mejor que navegar en sus propias palabras para descubrir las tempestuosas olas que brotan de su interior.
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