La obra y la memoria de Jaime Colson cobran un valor especial al cumplirse, este 13 de enero, 125 años de su nacimiento, una fecha singular para la historia cultural dominicana.
Colson, nacido en Tubagua, una sección rural de Puerto Plata situada a unos 15 minutos del centro de la ciudad atlántica, fue hijo del comerciante español Antonio González y de Juana María Colson Tradwell. Sus restos mortales reposan en el cementerio municipal de la Novia del Atlántico. En su acta bautismal figura con el nombre de Jaime Antonio Gumercindo González Colson, aunque adoptó posteriormente el apellido materno, con el que firmó y fue reconocido universalmente.
Cinco factores convergen hoy en torno a la vida y la obra de Colson:
El primero es la existencia del Museo Bellapart, fundado el 18 de febrero de 1999 por el empresario Juan José Bellapart, catalán radicado en la República Dominicana y apasionado del arte dominicano. A este universo llegó inicialmente a través de la obra de Jaime Colson, y desde entonces ha levantado y preservado su legado —junto al de muchos otros artistas— durante 26 años de labor ininterrumpida.
El segundo factor es la realización de lo que, sin dudas, ha sido el documental de mayor perfección estética y rigor histórico realizado sobre un artista dominicano. Este audiovisual —aun sin haber tenido exhibición comercial en salas— constituye la expresión fílmica más didáctica, detallada y profunda sobre la vida y la obra del maestro. Es auspiciado por Banreservas y Universal de Seguros y realizado por Larimar Films con Gina Gudicelli y Elsa Turul como directoras.
El tercero es la exposición “Colson desconocido. Reencuentro con el Caribe”, montada en el Centro Cultural Banreservas en 2022, donde se presentaron más de 30 obras —entre pinturas y dibujos— del maestro dominicano, destacando su producción de la década de 1950 con temáticas afrocaribeñas.
Las piezas, procedentes del Museo Bellapart, estuvieron acompañadas de actividades educativas y visitas guiadas que permitieron explorar esta faceta menos conocida del artista. Esta muestra quedó además preservada en una producción de recorrido virtual accesible en línea.
El cuarto factor es la construcción, ya avanzada, del Centro Transatlántico Jaime Colson, iniciado en Puerto Plata, por iniciativa desde 2013 por un grupo integrado por Danilo de los Santos (EPD) -artista y crítico y docente – Orlando Minicucci, Abil Peralta y Ramón Peña. Se levanta en dos propiedades que se han unido en una estructura frente a la Catedral San Felipe de Puerto Plata, junto a la sucursal del Banco Popular Dominicano, institución que ha brindado su respaldo al proyecto.
El centro expondrá, entre otras colecciones de Colson, la de Marío Martínez (cerca de 60 piezas), Un colaborador económico del proyecto es el empresario Robert Gilder. Una vez terminado, será proyectrado como atractivo cultural turístico de la ciudad de Puerto Plata y desarrollará una labor de difusión y educación sobre la obra de Colson
El quinto factor es la unanimidad de la crítica en torno a la obra de Jaime Colson.
La crítica de arte Laura Gil coincide en que Colson es el pintor dominicano más universal porque pensó, pintó y construyó, desde la República Dominicana, una obra inscrita en la gran historia del arte occidental, con rigor formal, profundidad simbólica y una identidad que nunca fue localista, sino esencialmente humana.
Marianne de Tolentino, la figura más influyente de la crítica de arte dominicana, historiadora, ensayista y curadora, sostiene que Colson se distingue por la densidad de su pensamiento. Articuló la modernidad plástica dominicana y propició la inserción del arte local en los circuitos del Caribe y América Latina.
Afirma:
“Jaime Colson es una de las figuras capitales de la historia del arte dominicano y el pintor de mayor proyección universal del país. Su obra, caracterizada por la solidez formal, la síntesis entre clasicismo y modernidad y una profunda carga simbólica, lo sitúa como un creador esencial dentro de la modernidad artística del Caribe y América Latina”.
Abil Peralta Agüero, crítico de arte, curador y gestor cultural, en su calidad de asesor de la Unidad Técnica de Cultura de la Cámara de Diputados de la República Dominicana, indica que
“La obra de Colson expresa un pensamiento artístico-filosófico profundo y vigente, con la misma fuerza con la que late su impronta trashumante en decenas de discípulos que han encontrado en el maestro una fuente permanente de inspiración. Para Peralta Agüero, Colson es una figura crucial de nuestra plástica”.
Orlando Minicucci, pintor y curador de arte, señala:
“Colson es el verdadero eje fundacional de la pintura moderna dominicana, no solo por razones cronológicas, sino por conciencia estética. Recuerda que introdujo en el país una pintura estructurada, con dominio del dibujo, el volumen y el espacio, heredera de las grandes escuelas europeas, pero reinterpretada desde una sensibilidad caribeña”.
Minicucci subraya que lo excepcional en Colson es haber logrado ser universal sin dejar de ser dominicano. Considera que su neoclasicismo no es imitación, sino asimilación creadora, y que su obra dialoga con el Renacimiento, el muralismo y la modernidad europea, sin perder su arraigo simbólico en lo antillano y lo humano.
Myrna Guerrero, directora del Museo Bellapart, afirma:
“Jaime Colson es un maestro trascendental y fundador del modernismo dominicano. Destaca su calidad artística y sólida formación, aunque reconoce que su vida personal y algunas facetas menos conocidas siguen siendo un misterio para muchos. Resalta su dedicación absoluta al arte, su vida bohemia y su significativa relación con su esposa, Toyo Kurimoto, aspectos clave para comprender su obra. Guerrero ha colaborado activamente en la difusión de su legado mediante exposiciones y el documental dedicado a su vida”.
Jeanette Miller, al referirse a la obra Merengue, señala que se trata de una pintura realizada por Jaime Colson en 1938, en París, Francia, con óleo sobre lienzo, de 52 x 68 centímetros, y que forma parte de la colección del Museo Bellapart. Esta obra fue utilizada como sello postal conmemorativo en la República Dominicana.
Miller explica que, gráficamente, la presión compositiva viene ejercida por el techo de una terraza campestre bajo la cual se disponen los personajes, marcando una perspectiva lateral que se ve contrarrestada por la disposición de las figuras.
Estas se dividen en parejas: una central y dos laterales en el plano posterior, mientras que en primer plano aparecen los dos músicos, cuyas correspondencias lineales establecen un equilibrio interno. Existe una versión posterior que señala que la obra fue realizada ese mismo año en México, como parte de una exposición de Estampas culturales de América.
Ramón Peña, artista y gestor cultural de Puerto Plata, afirma:
“Su legado permanece vigente como una de las expresiones más sólidas, profundas y universales de la pintura dominicana. Su obra demuestra que es posible construir, desde el Caribe, un lenguaje plástico de alcance universal sin renunciar a la identidad propia”.
Su vida
Desde muy joven, Colson mostró una marcada inclinación por el dibujo y la pintura, lo que lo llevó a salir del país en la década de 1920 para formarse en París, entonces uno de los centros neurálgicos del arte mundial.
Durante su estancia en Europa desarrolló un estilo personal que evitó el mimetismo. Aunque dialogó con las vanguardias, se inclinó por una figuración estructurada, de volúmenes firmes y composición clásica, donde la geometría y la monumentalidad del cuerpo humano ocupan un lugar central. Su pintura de este período revela una temprana preocupación por la permanencia y la atemporalidad de la forma.
Regresó a la República Dominicana en la década de 1930 e ingresó activamente en la vida cultural del país. A partir de entonces, su obra se nutrió de temas dominicanos y caribeños, especialmente de la figura humana mestiza, la religiosidad popular y los símbolos del cristianismo, abordados desde una visión universal, alejada del costumbrismo superficial.
En este contexto realizó una de sus obras más emblemáticas: El Cristo de los dominicanos, síntesis magistral entre fe, identidad y modernidad.
Colson fue también maestro y formador de artistas. Ejerció la docencia en la Escuela Nacional de Bellas Artes, institución que concibió como proyecto mucho antes de su materialización, e influyó decisivamente en la profesionalización del arte dominicano y en la introducción de criterios modernos de composición, dibujo y pensamiento estético. Su magisterio dejó una huella profunda en varias generaciones de creadores.
A lo largo de su carrera expuso tanto en la República Dominicana como en el extranjero, consolidando un prestigio que trascendió las fronteras nacionales. Su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas, y ha sido objeto de estudios críticos que lo sitúan como una figura clave del arte moderno latinoamericano.
Quienes fueron formados directa o indirectamente por Colson en la Escuela Nacional de Bellas Artes coinciden en describirlo como un maestro exigente, austero y profundamente ético. Sus discípulos destacan que enseñó a pensar el arte antes que a producirlo, insistiendo en el dominio del dibujo, la estructura y la composición como bases irrenunciables.
Para ellos, Colson no fue un artista de gestos fáciles ni de concesiones. Su obra y su enseñanza transmitían la idea de que la pintura es una disciplina intelectual, no un mero ejercicio de inspiración. Muchos de sus alumnos han afirmado que inculcó el respeto por la tradición clásica como condición indispensable para alcanzar la modernidad, y que su mayor legado pedagógico fue la formación del criterio. No buscaba seguidores estilísticos, sino artistas conscientes de su tiempo y de su responsabilidad cultural.
Los pintores dominicanos contemporáneos a Colson —y también los posteriores— lo han reconocido como una figura de referencia insoslayable, aunque no siempre imitada.
Jaime Colson falleció en Santo Domingo el 20 de octubre de 1975.
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