RIVIERA MAYA. Han concluido esta noche del sábado 9 de mayo los XIII Premios Platino Xcaret del Cine Iberoamericano con un veredicto que, a estas primeras horas postceremonia, debe estarse difundiendo al mundo. La propuesta dominicana, Olivia y las nubes (Tomás Pichardo Espaillat), única apuesta dominicana en esta edición de los Platino, no resultó ganadora y, entonces, la pregunta clave no es por qué la República Dominicana no ha ganado todavía un Premio Platino, sino qué debe hacer para pasar de ser una cinematografía emergente a una cinematografía imprescindible dentro del mapa iberoamericano. Y la respuesta no es una sola. Son varias decisiones estratégicas que deben tomarse al mismo tiempo.
Los Premios Platino del Cine y el Audiovisual Iberoamericano, creados en 2014 por EGEDA (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales) y FIPCA (Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales), se han consolidado como el evento más importante para la industria audiovisual de los 23 países hispanohablantes y de lengua portuguesa. Pero RD no gana.
Es claro que afirmamos, como observadores de la industria dominicana, que nuestro cine ya logró algo enorme: producir de forma constante, crear técnicos competitivos, atraer rodajes internacionales y construir infraestructura gracias a la Ley 108-10.
En este plano tienen responsabilidad tanto la Dirección General de Cine como la Asociación Dominicana de Cineastas, los productores y directores(as) y la Asociación Dominicana de Prensa y Crítica Cinematográfica, EGEDA y críticos iberoamericanos.
Pero ganar premios internacionales exige otra etapa, debido a que el principal problema no es técnico: es narrativo. Muchos especialistas han insistido en que el gran reto dominicano sigue siendo el guion.
El cine dominicano suele dominar la producción, pero todavía no desarrolla de forma consistente historias con profundidad universal, complejidad dramática y capacidad de conexión emocional internacional, lo cual no significa abandonar lo dominicano. Lo que significa es que se deben contar historias locales con lenguaje universal, tal cual hizo México con Roma, Argentina con Argentina, 1985, Colombia con El olvido que seremos y un país pequeño geográficamente, pero que cuenta historias enormes, como hizo Guatemala con La llorona. Todas son historias profundamente nacionales, pero emocionalmente globales.
La clave no es “desdominicanizar” las historias. La clave es ahondar en personajes complejos, darles universalidad a los conflictos humanos, otorgar dignidad a las luchas y esperanzas, reparar en lo simple, en lo individual, en lo que puede pasar a cualquier persona del mundo. Apelar al humor inteligente, el que requiere menos gritos y más sentido de arraigo interno por las muescas que dejan el sarcasmo, la ironía y las desigualdades, evitando las referencias tan locales que solo se entenderían en nuestros 44 mil kilómetros cuadrados. Tratar de exponer enfoques de temas que cualquier jurado pueda sentir, aunque no conozca RD.
La industria dominicana ha crecido mucho, apoyada en comedias locales exitosas en taquilla. El humor en pantalla es un factor fundamental de la industria porque genera taquilla y el cine es, además de arte, negocio. El humor fílmico permitió sobrevivir y crear industria. Pero los premios internacionales suelen valorar cuando hay riesgo autoral, originalidad, profundidad social e innovación visual. De hecho, los géneros cinematográficos no son mutuamente excluyentes. Muchos países primero construyeron industria comercial y luego crearon una línea paralela de “cine de prestigio”.
El país debe fomentar cinematográficamente el drama humano, el thriller (social y de puro entretenimiento), cine histórico, documentales reveladores y sostenidos en su data y la fuerza literaria de su narración visual y oral, y el cine de identidad y memoria.
El cineasta dominicano y vicepresidente de FIPCA, Hans García, sostiene que, para impulsar el cine dominicano internacionalmente, las coproducciones son fundamentales. Las grandes películas iberoamericanas premiadas casi siempre son coproducciones.
“Las coproducciones con países de marca fílmica fuerte, con los cuales se han hecho algunas, pero no hemos desarrollado una estrategia sostenida que produzca títulos de cine trascendente para los países participantes”, Hans García
García considera que el país ha dado un ejemplo al impulsar su industria con fuerza, en especial luego de la Ley Nacional de Cine, pero entiende que se debe pasar al nivel de coproducción como un acto actoral, técnico y financiero. Porque las coproducciones aumentan los recursos disponibles, elevan estándares técnicos, conectan con redes de festivales, facilitan distribución, dan espacio para contar con nombres de talentos reconocidos internacionalmente y acercan la película a votantes internacionales.
Películas dominicanas con mayor resonancia internacional, como Carajita o Bantú Mama, tuvieron precisamente perfiles más internacionales y autorales. Hans García recomienda que RD impulse alianzas permanentes con México, Argentina, España, Colombia, Chile, Brasil e incluso India, pensando no solo en financiamiento, sino también en circulación internacional.
Sobre el mercadeo de los proyectos, considera que es fundamental. Expertos de la industria han dicho que esto es una realidad internacional, debido a que el único factor a tomar en cuenta por los jurados no es la calidad. También se ganan festivales y premios con visibilidad, relaciones industriales, estrategia de festivales para saber cómo manejarse, cómo presentar los proyectos en una carpeta que sea efectiva, directa y documentada, haciendo presencia mediática, campañas de prensa y networking, similar a como se hace en Los Ángeles.
Se sabe que en Iberoamérica muchos países (no todos) tienen ya oficinas internacionales que representen y trabajen por los proyectos, agentes de ventas, publicistas especializados, representantes en festivales y desarrollan un lobby cultural permanente.
Si el país no tiene los resultados que aspira en premios como los Platino, no es por la mala voluntad de su jurado. Es que se debe mejorar la temática y los enfoques, e incrementar la presencia constante en festivales grandes. Los Platino suelen mirar películas que ya vienen legitimadas por festivales (Festival de Cannes, Festival Internacional de Cine de Berlín, Festival Internacional de Cine de Venecia, Festival de San Sebastián, Festival de Sundance). Cuando una película llega premiada desde esos espacios, automáticamente entra con prestigio previo.
El país debe redoblar sus esfuerzos para que sean un proyecto oficial y masivo los laboratorios de guion, que se incrementen los montos de los proyectos oficiales para proyectos nuevos, que se establezcan incubadoras de proyectos, que se aparten fondos para circulación en festivales y becas internacionales.
Construir “marca cinematográfica”
El país ha hecho un cine, en general, localista, buscando vender boletas o haciendo un cine autoral sin los mecanismos de publicidad que motiven a la gente a pagar en sala. Argentina tiene una marca que es claramente cine psicológico y autoral; México está dotado de un cine visualmente poderoso y social; España exhibe una industria sólida y exportable, excelente en el humor y el drama y un amplio expertise en series y producciones para TV; Chile llega con su cine íntimo, inclusivo y políticamente muy comprometido, sin descuidar la belleza artística y la destreza técnica.
¿Qué marca tiene RD? No la tenemos. Todavía no está clara. ¿Qué hace que, en cualquier país del mundo, al ver una película hecha en el país, el espectador lo perciba? Aún nada. El país necesita desarrollar una identidad cinematográfica reconocible que enfoque el Caribe contemporáneo, la afrodescendencia, la migración, la música, la desigualdad, el turismo versus realidad social, la identidad insular, insistir en las relaciones haitiano-dominicanas, versar sobre la espiritualidad popular y desarrollar historias bañadas del humor negro caribeño.
Los críticos
Prestigiosos críticos y cronistas han pedido mayor inclusión de cinematografías emergentes y se ha dado un debate legítimo sobre los propios premios, señalando que los Platino tienden a concentrarse en cinematografías fuertes: España, Argentina, México, Brasil, Colombia y, para ciertos casos, Ecuador, Guatemala y Venezuela.
El crítico Félix Manuel Lora (cinemadominicano.com) escribió que los Platino necesitan “seguir mejorando los criterios y lograr mayor inclusión de las cinematografías nacionales emergentes”.
Marc Mejía (cinedominicano.com), al tiempo de reconocer que el cine dominicano tiene títulos presentables en cualquier cine o festival del mundo, entiende que es mucho el trabajo que se puede hacer para dar universalidad, nuevos giros técnicos, elevar la producción de guiones y hacer un mejor branding a los filmes.
Alfonso Quiñones (notaclave.com, Grupo de medios El Caribe) considera que la base que constituyen los guiones, los conceptos, las ideas para relatar historias, debe tener mucho mayor sustento, mejor documentación —sobre todo para las obras históricas— y un matiz de belleza estrictamente literaria que haga salas con el humor y el drama.
El escritor y guionista Luis Arambilet afirmó hace años que la ausencia de películas dominicanas entre las nominadas debía asumirse como “un mensaje” para mejorar especialmente “a nivel de los guiones”.
Pero incluso reconociendo ese sesgo, la conclusión dominante entre especialistas dominicanos no ha sido victimizarse, sino elevar la competitividad.
La meta no puede ser solamente “ganar premios”, que en realidad son una consecuencia del desarrollo. En lo que coinciden los pensadores cinematográficos y la crítica es que la verdadera meta es crear un cine memorable, exportable, respetado, estudiado y sostenible. Cuando una cinematografía madura de verdad, los premios llegan solos.
Eso ocurrió con el cine argentino, el mexicano, el de Chile, Colombia y otros países. La industria audiovisual dominicana todavía está en proceso de transición de industria emergente a potencia creativa regional. Y ya comenzó ese camino. Aunque el cine dominicano todavía no ha ganado un Premio Platino competitivo, sí ha conseguido presencia importante en festivales internacionales de prestigio y, más recientemente, sus primeras nominaciones oficiales al Platino.
Directores y películas RD premiadas
Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, una pareja imprescindible cuando se trata de cine autoral y reflexivo, lograron participar con Jean Gentil en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2010, en el cual obtuvieron el Premio Luigi De Laurentiis (ópera prima) y reconocimiento de la crítica internacional. Han logrado participaciones destacadas, como en el Festival Internacional de Cine de India, con Dólares de arena, y en otros con La fiera y la fiesta.
José María Cabral, el director dominicano con mayor presencia internacional sostenida, logra, con Carpinteros, estar en el Festival Internacional de Cine de Sundance (2017), siendo la primera película dominicana de ficción en Sundance; luego repitió presencia dominicana con El proyeccionista (2019) en el Festival Internacional de Cine de Miami, donde ganó el Premio del Público, y finalmente en 2022, con su atrevida reconstrucción de la masacre de haitianos, Perejil, en el Festival Internacional de Cine de Panamá, logró reconocimiento especial y fuerte repercusión crítica.
Nelson Carlo de los Santos Arias es el cineasta dominicano de mayor prestigio autoral internacional. Con Cocote, ganó en el Festival Internacional de Cine de Locarno (2017) el premio Leopardo de Oro “Signs of Life” y con Pepe, en el Festival Internacional de Cine de Berlín (2024), ganó el Premio a Mejor Dirección en la sección Encounters (Encuentros).
Iván Herrera logró meter como selección oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara a Santo Domingo Blues en 2004, logrando el Premio del Público / Documental Musical.
Leticia Tonos, como directora, fue nominada en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2014 por Cristo Rey.
- XIII edición / 2025: Capitán Avispa (Categoría: Mejor Película de Animación; directores: Jean Gabriel Guerra y Jonathan Meléndez, con la producción de Juan Luis Guerra). Fue la primera película dominicana en alcanzar una nominación oficial finalista en toda la historia de los Premios Platino.
- XIV edición / 2026: Olivia y las nubes (Tomás Pichardo Espaillat). No ganó.
Aunque no fueron nominadas finales, estas películas lograron avanzar en procesos oficiales del Premio Platino del Cine Iberoamericano: Candela, Liborio, La fiera y la fiesta, Colours, El proyeccionista, Perejil, La isla rota, En tu piel, Cocote, Carajita (cuya protagonista llegó a ser nominada oficial), Bantú Mama y otras.
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