La posesión de la momia es una adecuada reinterpretación del mito que realiza el director irlandés Lee Cronin quien, esta vez, abandona cualquier tentación de espectacularidad primitiva para sumergirse en una atmósfera densa donde el horror no emerge como invasión repentina sino como una filtración progresiva.
Desde sus primeros compases, Cronin enuncia la fatalidad que le espera a la joven hija de un periodista que desaparece en El Cairo sin dejar rastro, y donde ocho años más tarde es devuelta a ellos. Lo que pudiera haber sido una reunión familiar satisfactoria, se convierte en un auténtico terror doméstico y psicológico.
Esta cualidad tonal distingue radicalmente la película de sus predecesoras, tradicionalmente ancladas en la aventura como la saga protagonizada por Brenda Fraser o el espectáculo Pulp de la versión de Tom Cruise. Aquí, la momia deja de ser un monstruo para convertirse en una presencia que se introduce en el seno familiar saboteando cualquier asomo de cohesión parental.
Cronin construye un horror que se instala en la percepción del espectador como una infección lenta, coherente con las estrategias del terror contemporáneo más atmosférico. Su reinterpretación de este mito es, en este sentido, profundamente autoral.
Si en Evil Dead Rise (2023) ya exploraba la disolución de lo familiar bajo fuerzas demoníacas, aquí desplaza esa lógica hacia lo arqueológico, pero manteniendo su obsesión por el cuerpo como territorio de invasión.
En el contexto del terror contemporáneo, la película dialoga abiertamente con las corrientes del llamado “post-horror”, particularmente con la estética asociada a la productora A24.
Hay un evidente interés por el slow-burn, (donde el conflicto se desarrolla de forma gradual). Sin embargo, Cronin introduce una fisicidad más agresiva, cercana al body horror, ese miedo compuesto a través de la transformación corporal grotesca y para eso, tiene la excelente interpretación de la joven actriz Natalie Grace, como la adolescente poseída, quien le imprime veracidad a su estado de terror.
La cámara y el sonido juegan un papel importante dentro de la atmosfera rancia pues refuerza la idea del asedio con desplazamientos lentos para intensificar la mirada, obligando al espectador a confrontar la imagen en su duración incómoda.
También el sonido es capaz de generar presencia construyendo una textura sonora que envuelve al espectador, erosionando cualquier sensación de seguridad.
La posesión de la momia se erige como una relectura radical del mito, no por su argumento, sino por su forma.
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