Hablar del cine dominicano hoy es, inevitablemente, hablar de cambio. No porque falten historias, talento o espacios, sino porque la forma en que el público se relaciona con el cine ya no es la misma.

Después de la pandemia, los hábitos de consumo evolucionaron. Ir al cine sigue siendo una experiencia valorada, pero ya no siempre ocurre en el momento del estreno, ni necesariamente en una sala tradicional. Aun así, reducir esta realidad a una supuesta “falta de público” sería simplificar demasiado una conversación que es mucho más amplia.

Porque el público sí existe.

La constante expansión de complejos, tanto en la capital como en el interior del país —incluyendo nuevas salas impulsadas por Caribbean Cinemas— confirma que hay una demanda sostenida. Este crecimiento no ocurre por casualidad, sino como respuesta a un mercado que sigue activo, aunque con nuevas dinámicas.

A esto se suman espacios como el Cine Teatro ISSFFA, ubicado en el centro de Santo Domingo, una sala moderna, cómoda y con precios accesibles de forma permanente. También destacan propuestas regionales como Cinema Oasis en Bonao y Cinemas POP en Puerto Plata, que amplían la oferta más allá de la capital.

Pero el ecosistema no termina ahí.

El cine dominicano también vive en espacios culturales y comunitarios. La Cinemateca Dominicana, el Centro Cultural Banreservas, el Centro Cultural de España, la Alianza Francesa y Casa de Teatro mantienen una programación constante que incluye cine local e independiente, muchas veces de manera gratuita.

Iniciativas como Rueda Cine llevan películas a parques y anfiteatros en todo el país, mientras eventos como la Noche Larga de los Museos y los distintos festivales de cine amplían aún más el acceso.

Es decir, el cine está. Los espacios existen. Las historias también.

Entonces, la pregunta no es si hay cine, sino cómo lo estamos consumiendo.

Hoy existe una dualidad clara. A nivel global, el 72% de los espectadores considera que ir al cine ofrece una buena relación calidad-precio, según el estudio The 2024 Global Cinema Report, elaborado por la Motion Picture Association (MPA), Gower Street Analytics y EntTelligence.

Sin embargo, este es un comportamiento a nivel mundial, no exclusivo de República Dominicana, que impacta directamente los hábitos de consumo. Muchas personas prefieren esperar a que las películas lleguen a plataformas digitales, priorizando la comodidad, el tiempo y el costo.

Y ahí entra otra realidad que no siempre se toma en cuenta:

Hoy, el cine dominicano no solo se exhibe en salas locales, sino también en plataformas de streaming como Netflix, Disney+, entre otras internacionales, así como en espacios locales como Pelidom y LaMuviRD+.

Esto amplía su alcance de forma significativa, permitiendo que nuestras producciones lleguen a audiencias en América Latina, Estados Unidos y Europa. Además, nuestro cine no solo vive en lo digital: también conquista festivales internacionales y logra en salas de cine comerciales en distintos territorios, consolidando su presencia más allá de nuestras fronteras.

Muchas veces, ese impacto no se refleja directamente en la taquilla local, pero sí forma parte del crecimiento real y sostenido de la industria.

Por eso, medir el éxito del cine únicamente por la taquilla es una visión limitada.

El éxito cinematográfico es multidimensional. También se mide por el retorno de inversión (ROI), el reconocimiento crítico, la longevidad de las obras y su impacto cultural. Hay películas que no dominan la taquilla en su estreno, pero viajan, conectan, ganan premios y se mantienen vivas en el tiempo.

En el contexto dominicano, esto es aún más importante. El tamaño del mercado local hace prácticamente imposible que todas las producciones sean grandes éxitos de taquilla. Y eso no significa que no sean exitosas.

De hecho, no todas las películas nacen con la intención de ser blockbusters. Muchas responden a una visión más autoral: historias pensadas para trascender, para representar, para conectar desde otro lugar.

Claro, también existen ejemplos de cine comercial que logran conectar masivamente con el público. Producciones como Sanky Panky 4, Los Rechazados y Carlota La Más Barrial fueron grandes taquilleras en 2025, mientras que Medias Hermanas, estrenada a finales de ese mismo año, ya se posiciona en 2026 con más de 19 semanas en cartelera, consolidando su conexión con la audiencia.

Pero comparar todas las películas bajo el mismo criterio es un error.

Como se hizo viral en su momento con la frase “cambiaste un Rolex por un Casio”, incluso la propia marca Casio respondió dejando claro que existen públicos para todo. No se trata de cuál es mejor, sino de entender que cada propuesta tiene su valor, su intención y su audiencia. En el cine ocurre exactamente lo mismo.

A esto se suman factores que van más allá de la industria.

En 2018, el 37.2% de los asistentes al cine en República Dominicana vio producciones locales, con más de 1.4 millones de espectadores. Sin duda, alcanzar y superar cifras como esas sería positivo.

Pero el contexto ha cambiado.

Hoy se consume más contenido desde un celular, desde casa, en movimiento. El costo de vida también ha variado, influyendo en cómo las personas deciden gastar su dinero y su tiempo.

Este fenómeno no es exclusivo del cine.

En la gastronomía, por ejemplo, algunos restaurantes venden más a través del delivery, otros siguen llenando sus mesas, y algunos han cerrado por no adaptarse o porque su propuesta llegó a su fin. No hay una única fórmula correcta, solo distintas formas de evolucionar.

El mundo cambia. Y con él, cambian los hábitos.

Eso no significa que no haya retos.
Hace falta más mercadeo, más cultura cinematográfica y una mayor unión entre los productores dominicanos para seguir construyendo una industria sólida y alineada.

Pero, por encima de todo, hace falta comprensión.

Entender que el público no ha desaparecido, sino que ha cambiado.
Entender que el éxito no tiene una sola métrica.
Entender que el cine dominicano no se limita a una sala, ni a una semana de estreno.

Porque al final, el mundo sigue en constante movimiento —en rotación y traslación— y el cine no es la excepción.

El público ha cambiado.
Y el cine, inevitablemente, también.

Marc Mejía

Crítico de cine

Marc Mejia, crítico de cine y gestor desde Cinemaforum, de creación de nuevos públicos educados en cine. Con más de 20 años de experiencia en la difusión de la industria cinematográfica a nivel local e internacional, Marc ha consolidado su reputación no solo como crítico de cine, sino también como un profundo conocedor y cineasta activo en la escena local. Su pasión por el cine fue influenciada desde su infancia por su padre, Pericles Mejía . Editor de www.cinemadominicano.com, portal creado por su padre en 2004.

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