Personas sacan sus pertenencias de un edificio dañado tras un terremoto en Catia La Mar, estado de La Guaira —a unos 30 km al noroeste de Caracas—, el 25 de junio de 2026.
AFP via Getty Images

La Guaira: puerta de entrada a Venezuela, principal balneario de los caraqueños y, tristemente, una zona donde la tragedia se cebó con sus habitantes en varias ocasiones.

El estado costero, conocido hasta 2019 como estado Vargas, está situado apenas a unos 30 kilómetros de Caracas y fue declarado "zona de desastre" después de los terremotos del miércoles, de magnitud 7,2 y 7,5.

Las autoridades dijeron que por ahora hay 164 fallecidos y más de 970 heridos, "sin contar", aclaró en un primer reporte la presidenta interina, Delcy Rodríguez, datos de La Guaira, donde la magnitud del desastre está por aclararse.

Los rescatistas siguen en la búsqueda de sobrevivientes.

Rodríguez, dijo que La Guaira vive "una verdadera tragedia" al ser la zona más afectada. No es la primera vez que esa palabra se asocia con ese rincón caribeño. En el imaginario de todo venezolano está marcado a fuego el recuerdo de "la tragedia de Vargas", el mayor desastre natural registrado en el país en los últimos 200 años.

En 1999, un fenómeno meteorológico desató lluvias sin presentes y provocó inundaciones y aludes. Miles de personas perdieron la vida. Poblaciones enteras del litoral central del país quedaron sepultadas. Sin contar los daños estructurales, incontables.

La zona tardó años en recuperarse y nunca lo hizo del todo.

27 años después, hoteles, edificios, casas enteras, quedaron derrumbados tras los temblores.

La playa de todos, sin importar clase

La Guaira es el principal punto de entrada al país, pues alberga el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, que sirve a Caracas, y que registra el mayor número de rutas internacionales, ahora suspendidas.

Rodríguez declaró el cierre temporal del aeropuerto debido a "graves daños" en su infraestructura, sacudida por los sismos, y de la que se desprendieron partes de paredes y techos, según las imágenes mostradas por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV).

Llegar a La Guaira desde Caracas toma alrededor de media hora, pasando por una autopista en bajada, llena de curvas, jalonada por las majestuosas y frondosas montañas del Ávila, el parque nacional de la zona litoral.

El estado, el segundo más pequeño de Venezuela y situado en el centro norte del país, tiene una temperatura media que ronda los 27 grados durante todo el año. Además, su geografía se extiende a lo largo de toda la costa.

Personas nadan en la playa Los Corales, en la costa caribeña de La Guaira, cerca de Caracas (Venezuela), el 2 de septiembre de 2025.
JUAN BARRETO/AFP via Getty Images
Esta escena es una de las más típicas de cualquier playa de La Guaira un fin de semana.

La Guaira está llena de playas y marcada por la diversidad de las gentes que las visitan. Se puede encontrar balnearios de nombres tan populares como Playa Pantaleta o Playa Pelúa, visitar clubes marítimos más exclusivos como el Puerto Azul o ir a zonas más alejadas, como Chichiriviche de la Costa o Chuspa.

Es una zona ampliamente popular y conocida por cualquier caraqueño y el típico lugar de destino un domingo o en feriados. Hay quienes incluso bajan a La Guaira desde Caracas solo para comer empanadas de pescado en el populoso mercado de "El mosquero" o un sancocho de pescado en "El rey del pescado frito".

En un día no laborable, miles de personas pueden desplazarse hasta esta zona. Precisamente, los terremotos ocurrieron este 24 de junio, día de la Batalla de Carabobo -que marca la independencia respecto a España-, festivo nacional.

"Todo se derrumbó"

Vídeos que circulan en redes sociales muestran a personas heridas en las calles o y fuera de un hospital, mientras aumenta el número de edificios colapsados, de acuerdo con medios locales.

Una fuente del sector humanitario dijo que hay reportes de víctimas que incluyen "una cantidad considerable" de fallecidos en esta región, donde también ha habido numerosos heridos y daños en infraestructuras, según recogió la agencia EFE.

La misma fuente adelantó que las autoridades convertirán el estadio de béisbol Jorge Luis García Carneiro, el más grande de la región, en un refugio temporal, al tiempo que prevén atender allí a algunos heridos.

En la zona de Catia La Mar, los terremotos redujeron a escombros decenas de edificios.

"Fue terrible. Todo, todo se derrumbó", dijo Yilsmaris Blanco, de 39 años, a AFP.

"Damos gracias a Dios porque… estamos vivos, pero hay gente que ahora mismo está sufriendo con sus familiares enterrados, con sus familiares aplastados y no pueden sacarlos".

"No tenemos nada, ahora mismo no tenemos nada, ni siquiera la fuerza o el valor para entrar ahí, imagínese", dijo Larry Rojas, de 49 años, frente a un edificio derrumbado donde su familia había quedado atrapada en la misma zona.

Rojas era uno de los miles de residentes afectados en un barrio de Catia La Mar que cuenta con cerca de 200 torres de viviendas.

Algunos de esos edificios presentaban grandes grietas y muros caídos, mientras que decenas de otros quedaron totalmente reducidos a escombros, según informaron periodistas de la AFP.

Gran parte de la zona carecía de electricidad y decenas de residentes pasaron la noche en la calle, temerosos de las réplicas.

"Hay sobrevivientes ahí abajo", dijo Lisbeth Vásquez, una residente que logró salir con su familia de uno de los edificios desplomados.

En medio de la oscuridad, decenas de rescatistas trabajaban entre los escombros bajo la atenta mirada de las autoridades, mientras los ciudadanos gritaban los nombres de sus seres queridos desaparecidos.

"Lo que necesitamos es ayuda, sobre todo ayuda técnica", dijo a AFP José Pacheco, jefe de operaciones del Grupo de Rescate Unido de Venezuela. Añadió que las estructuras de la zona están "totalmente colapsadas".

Pacheco, con años de experiencia, dijo que nunca había visto algo así.

Un referéndum en medio de la lluvia

Si el festivo del 24 de junio quedará marcado en el calendario venezolano por estos grandes terremotos, las navidades de 1999 también lo estuvieron y fueron, para muchas familias, días de desesperación, búsqueda y luto.

El 15 de diciembre de 1999, el recién electo presidente Hugo Chávez llamaba a los venezolanos a votar en referéndum la Constitución con la que quería consagrar el triunfo definitivo de su proyecto político.

Ese año, la temporada de lluvias "fue especialmente intensa y ya hubo inundaciones fuertes en el estado Anzoátegui y en otros lugares del país", recordó a BBC Mundo el ingeniero Ángel Rangel, entonces director nacional de Defensa Civil de Venezuela, con motivo del 20 aniversario de la tragedia.

Entre el 14 y el 16 de diciembre se registraron precipitaciones de hasta 911 milímetros de agua por metro cuadrado. El 15 se declaró una emergencia nacional.

Pero no se suspendieron las elecciones. De hecho, la noche del 14, la prensa preguntó a Chávez si las fuertes lluvias previstas podrían afectar el curso de la votación.

Chávez parafraseó a Simón Bolívar con una cita que, también, marcó la historia política del país: "Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca".

Un hombre observa los daños en una calle cubierta de barro tras las fuertes lluvias que provocaron deslizamientos de tierra e inundaciones en La Guaira, en 1999.
MATIAS RECART/AFP via Getty Images
La tragedia de Vargas, de 1999, dejó escenas como esta.

Las montañas del estado Vargas, ahora La Guaira, empezaron a ceder tras semanas empapándose de una lluvia inusual. Y comenzaron a vomitar ríos de agua, lodo y piedras hacia la costa.

Edificios enteros y vehículos quedaron entonces cubiertos bajo los escombros, lo que impidió -según las autoridades- establecer números precisos de fallecidos y dio paso a estimaciones que calcularon entre 10.000 y 30.000 muertos y el desplazamiento de miles de personas que se quedaron sin hogar.

"Creíamos que aquello era el fin del mundo", recordó María Adelina Gagliardi a BBC Mundo en 2019.

El día de la tragedia de Vargas, en 1999, María Adelina era una niña de 11 años. Aquella mañana había acompañado a su madre a votar en el referéndum. "Nos fijamos en que salía agua de las alcantarillas, pero no le dimos mayor importancia. Al rato, sentimos una gran explosión bajo la tierra".

María Adelina vio escenas espeluznantes.

"El agua empezó a derrumbarlo todo. Vimos cómo un todoterreno con sus ocupantes era arrastrado y se hundía en el mar", cuenta.

"Un grupo de muchachos se acercó a auxiliar a una mujer que parecía atrapada en la playa, pero al llegar allí se dieron cuenta de que le faltaban las piernas. No se podía hacer nada por ella y tuvieron que dejarla allí", prosigue.

"Creíamos que era el fin del mundo"

"Han pasado 20 años y aún sueño con una compañera de la escuela a la que vi por última vez aquel día".

Las casas destruidas fueron miles.

Los muertos, no se sabe. Aún no hay cifra oficial de víctimas. Las estimaciones van desde los 700 hasta los 50.000. Sigue habiendo desaparecidos.

Los lugareños lo recuerdan como "el día que la montaña se tragó al mar".

Entonces, el incipiente gobierno del fallecido Hugo Chávez (1999-2013) aceptó ayuda de numerosos países e inició un lento proceso de reconstrucción en la región.

Pero aún en estos años era normal ver restos de la tragedia de Vargas al recorrer en coche el litoral para ir a la playa. Edificios caídos, sin reconstruir, muros donde se veía marcado hasta dónde llegó el nivel del barro.

Siendo La Guaria una zona eminentemente marinera, sus habitantes vivían con permanente miedo al agua proveniente del cielo. Parece ahora que tampoco podrán encontrar consuelo en no tan sólida tierra.

Con información adicional de Guillermo D. Olmo

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