La siguiente entrevista fue realizada hace algunos meses desde México, donde Juan Bolívar Díaz ejerce actualmente como embajador de la República Dominicana. Se publica ahora con motivo de la presentación de sus memorias, un ejercicio de reflexión sobre más de seis décadas de periodismo, vida pública y representación diplomática.
Durante más de medio siglo, Juan Bolívar Díaz ha ocupado un lugar singular en la vida pública dominicana. Periodista, analista político, director de medios, diplomático y referente de varias generaciones de comunicadores, ha sido también una de las voces más críticas frente al autoritarismo, la corrupción y las deformaciones del poder en República Dominicana.
A sus 80 años, y luego de más de seis décadas de trabajo ininterrumpido, el actual embajador dominicano en México habla con serenidad, pero sin complacencias, sobre la crisis global del periodismo, la migración haitiana, el deterioro ético de la comunicación, la democracia dominicana y las figuras históricas que marcaron el país durante el siglo XX.
La periodista dominicana residente en España, Ramieri Delgadillo, conversa con el embajador dominicano en México sobre diplomacia, memoria histórica, servicio público y los desafíos contemporáneos de República Dominicana, en una conversación donde el veterano comunicador reivindica la ética, el pensamiento crítico y la cercanía con la gente como pilares fundamentales de toda función pública.
Diplomacia, comunidad y servicio público
R.D.: Usted ha dicho que la diplomacia no puede seguir moviéndose solo entre élites. ¿Qué quiso cambiar en su manera de ejercer la representación diplomática?
J.B.D.: Me propuse tomar en serio mi misión y dejar atrás la vieja tradición diplomática de moverse casi exclusivamente entre las élites. Entendí que representar a República Dominicana implicaba también acercarse a la comunidad dominicana trabajadora, escuchar sus problemas, defender sus derechos y elevar su autoestima como parte fundamental de la nación.
En España procuramos que la embajada fuera una casa abierta para todos los dominicanos, independientemente de su posición económica o afiliación política. Trabajamos sistemáticamente para servir a nuestra comunidad, promoverla integralmente y fortalecer su conciencia de pertenencia nacional.
La diplomacia moderna no puede limitarse a los actos protocolares. Tiene que combinar representación institucional con sensibilidad social, intercambio cultural y cercanía humana.
R.D.: Usted ha sido embajador en Perú, España y actualmente en México. ¿Cómo compara esas experiencias?
J.B.D.: Fueron experiencias completamente distintas. En Perú, entre 1984 y 1986, aquello era prácticamente una representación protocolaria. Las relaciones bilaterales eran mínimas, el intercambio comercial muy reducido y la comunidad dominicana apenas llegaba a unas catorce personas, incluyendo tres monjitas misioneras en la selva. El presupuesto de la misión era extremadamente limitado y prácticamente el embajador tenía que resolverlo todo por cuenta propia.
Sin embargo, aquella experiencia me permitió conocer el Perú profundo y parte de Suramérica, algo que valoro enormemente.
Treinta y cinco años después, en España encontré una realidad totalmente diferente: relaciones bilaterales dinámicas, creciente inversión española en República Dominicana, intenso flujo turístico y una comunidad dominicana enorme y muy activa.
En cuatro años realizamos un trabajo muy intenso. Recibimos visitas del presidente de la República, de la vicepresidenta, ministros, empresarios, instituciones culturales y académicas. Canalizamos múltiples misiones comerciales y promovimos numerosos intercambios culturales y artísticos.
Pero quizás lo más importante fue el trabajo con la comunidad dominicana, incluyendo programas multidisciplinarios para jóvenes descendientes de dominicanos con dificultades de integración en la sociedad española.
R.D.: ¿Y cómo ha sido la experiencia mexicana?
J.B.D.: Apenas llevo unos meses, pero ya puedo afirmar que México es hoy uno de los países latinoamericanos con los que República Dominicana comparte mayores intereses. Existe un intercambio económico, turístico y político muy importante.
La comunidad dominicana aquí es menor, unas nueve mil personas, pero dispersas en un territorio inmenso. El desafío sigue siendo el mismo: representar dignamente al país y promover sus avances económicos, democráticos e institucionales.
R.D.: Usted ha insistido mucho en la diplomacia cultural, ¿por qué?
J.B.D.: Porque hoy resulta fundamental, sobre todo para países medianos y pequeños. La cultura y el intercambio académico son herramientas esenciales para defender la identidad nacional y proyectar soberanía en un mundo cada vez más globalizado.
La crisis del periodismo y la degradación del debate público
R.D.: ¿Cómo observa el estado actual del periodismo?
J.B.D.: El periodismo está en crisis en todo el mundo. Las nuevas tecnologías desplazaron la publicidad que durante más de un siglo sostuvo económicamente a los medios tradicionales, provocando la desaparición de miles de periódicos y revistas.
El internet y las redes sociales democratizaron el derecho a comunicar, lo cual tiene aspectos positivos, pero también han “cualquierizado” la información y la opinión. Se ha degradado la calidad del debate público y aumentado la superficialidad, la difamación y el engaño.
La crisis económica de los medios ha tenido consecuencias muy graves: reducción de la investigación periodística, precarización laboral, pluriempleo y mayor dependencia de los poderes políticos y económicos.
Cada vez resulta más difícil mantener la independencia profesional. Los medios dependen crecientemente de grupos económicos y de la publicidad gubernamental, lo cual limita la libertad crítica.
R.D.: ¿Cómo afecta eso a las nuevas generaciones de periodistas?
J.B.D.: Los jóvenes periodistas llegan a una profesión mucho más difícil que la que encontramos nosotros. Los periódicos ya no son rentables, los salarios son bajos y existe una enorme presión política y económica.
Aun así, tienen el desafío de rescatar los valores fundamentales del periodismo: la ética, la investigación, la responsabilidad social y la defensa de la democracia.
Los espacios no se regalan. Hay que perseguirlos sistemáticamente.
Migración, Haití y el fracaso del multilateralismo
R.D.: La cuestión migratoria ocupa hoy el centro de muchos debates políticos. ¿Cómo analiza usted ese fenómeno?
J.B.D.: La migración ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes, pero en las últimas décadas se ha agravado por las guerras, la pobreza extrema, la concentración de riquezas y la desigualdad global.
Los más pobres buscan llegar a donde existen oportunidades. Y hay que decir algo importante: los migrantes generalmente llegan a lugares donde se necesita su trabajo.
Las sociedades desarrolladas requieren mano de obra inmigrante para sectores como agricultura, construcción, transporte, servicios domésticos o recolección de residuos. Además, la reducción de la natalidad y el envejecimiento poblacional en muchos países desarrollados generan mayor necesidad de inmigración.
R.D.: ¿Y cómo encaja República Dominicana en ese escenario?
J.B.D.: El caso dominicano es particularmente complejo por la crisis haitiana. República Dominicana se ha convertido en la principal puerta de escape para millones de haitianos que viven en condiciones extremadamente difíciles.
Eso obliga al país a establecer mecanismos de contención y regulación, pero sin perder de vista los derechos humanos ni la solidaridad histórica del pueblo dominicano.
También debemos admitir algo que pocas veces se reconoce: los inmigrantes no son solamente una carga; también aportan significativamente a la economía nacional.
Lamento profundamente que no hayamos podido desarrollar plenamente un programa racional de regularización migratoria, pese a que distintas leyes, sentencias y decretos lo contemplaban desde hace años.
R.D.: ¿Cómo considera que debe ser el debate migratorio?
J.B.D.: Soy partidario de un abordaje más racional, humanitario y menos hipócrita del fenómeno migratorio, no sólo por parte de los gobiernos, sino también de los medios de comunicación, las iglesias y los sectores intelectuales.
Eso no significa ausencia de controles. Todo país tiene derecho a establecer límites y políticas migratorias. Pero tampoco podemos olvidar que todos somos hijos de migrantes y que más de dos millones de dominicanos viven fuera del país, sosteniendo buena parte de nuestra economía mediante las remesas.
Trujillo, Balaguer y la memoria histórica
R.D.: Usted ha sido particularmente crítico con Joaquín Balaguer y con ciertos relatos históricos dominicanos.
J.B.D.: Sí, porque creo que la responsabilidad histórica de Balaguer nunca ha sido suficientemente ponderada. Mucha gente terminó llamándolo “padre de la democracia dominicana”, cuando en realidad fue una figura profundamente vinculada al autoritarismo.
Balaguer pasó treinta y un años del trujillato al lado del tirano, como uno de sus principales intelectuales orgánicos. Después, ya en el poder, auspició estructuras represivas, mantuvo presos políticos, permitió asesinatos y consolidó mecanismos autoritarios de control político.
Fue un intelectual brillante y secretario de Educación, pero dejó un sistema educativo profundamente deteriorado y una administración pública marcada por salarios miserables y corrupción estructural.
Concentró el poder político debilitando las instituciones democráticas y utilizó la corrupción como instrumento de dominación política.
R.D.: En los pasillos y reuniones en la Embajada, usted siempre utilizaba la expresión “lista blanca” en tono irónico, explíquelo
J.B.D.: Exactamente. Es una forma de cuestionar esa tendencia cultural de asociar siempre lo negro con lo negativo: lista negra, mercado negro, suerte negra. Por eso hablo irónicamente de una “lista blanca” para referirme a personajes cuyas responsabilidades históricas muchas veces han sido minimizadas.
Ética, relevo generacional y función pública
R.D.: ¿Por qué decidió retirarse del periodismo activo en 2020?
J.B.D.: Porque creo en el relevo generacional. Después de más de cincuenta años en la comunicación entendí que era tiempo de abrir espacios.
Pero también me preocupa mucho el deterioro ético de la profesión. La comunicación se ha confundido demasiado con relaciones públicas, propaganda política y servilismo gubernamental.
Eso dificulta la independencia, la investigación y la defensa de los valores democráticos.
R.D.: ¿Cómo concibe la función pública?
J.B.D.: Como un sagrado oficio de servicio a la sociedad, nunca como un mecanismo de enriquecimiento personal.
No veo grandes diferencias entre el periodismo y la función pública. Ambas deberían orientarse al mejoramiento de la sociedad, la inclusión, la equidad y la justicia social.
La ética y la transparencia son fundamentales en ambas.
Nunca he visto la diplomacia como boato, privilegio o mecanismo para vivir en altos niveles sociales. Siempre la he entendido con los mismos valores con los que concebí el periodismo.
El legado
R.D.: Después de ocho décadas de vida y más de sesenta años de trabajo, ¿qué legado quisiera dejar?
J.B.D.: Aspiro simplemente a un legado de trabajo honrado al servicio de la sociedad. He vivido de mi trabajo, he podido viajar y vivir con dignidad, pero siempre pagando mis propios gastos y sin grandes lujos.
Si algo quisiera que se recuerde de mí es el respeto hacia los demás, hacia mi familia, mis compañeros de trabajo y todas las personas con las que compartí la vida.
Siempre recuerdo unos versos de León Felipe: que uno quisiera haber sido mejor, porque todavía está hecho de un barro que no termina de cocerse completamente.
A continuación, algunas voces de personas que compartieron con Juan Bolívar Díaz tanto en la misión diplomática dominicana en España y México como en la comunidad dominicana residente en el exterior, ofrecen su valoración sobre el comunicador, diplomático y servidor público.
Ramón A. Burgos D.
Ministro consejero y segundo de misión en España
“Juan Bolívar Díaz supuso para mí un cambio profundo en la manera de entender el Estado y el servicio público. Desde el primer momento me impresionó su capacidad de trabajo, su claridad de visión y la seriedad con la que asumía cada responsabilidad institucional”.
Burgos destaca que el entonces embajador concebía la representación diplomática “como una misión de honor”, guiada por principios y por una profunda vocación de servicio. “Su liderazgo combinaba firmeza, sensibilidad humana y respeto absoluto hacia todos los miembros del equipo”.
“Más que un jefe, fue un referente ético y profesional. Su cercanía, capacidad de escucha y preocupación genuina por las personas dejaron una huella imborrable en quienes tuvimos el privilegio de trabajar a su lado”.
Melissa Roig
Abogada y ex auxiliar administrativa de la misión diplomática
“Fue un privilegio enorme pasar de admirarlo públicamente a conocer de cerca su ejemplo como embajador y servidor público. Representaba al país con altura, pero también con una gran sencillez humana”.
Roig recuerda especialmente la cercanía y empatía que caracterizaban el trato cotidiano de Juan Bolívar Díaz. “Siempre tenía disposición para escuchar, orientar y apoyar. Su manera de ejercer la diplomacia nos enseñó que los valores humanos son tan importantes como la capacidad profesional”.
“Trabajar junto a él fue una experiencia que marcó mi vida profesional y personal. Confirmé que la calidad humana y la integridad siguen siendo esenciales en el servicio público”.
Pedro Álvarez
Líder comunitario y fundador de VOMADE
Para Pedro Álvarez, uno de los principales líderes comunitarios de la diáspora dominicana en España, la gestión de Juan Bolívar Díaz representó “un salto cualitativo trascendente” en la relación entre la embajada y los dominicanos residentes en ese país.
“Juan Bolívar Díaz abrió la embajada a toda la diáspora, sin importar condición social o económica. Todo dominicano era recibido con cercanía y respeto, haciéndole sentir que seguía conectado con su patria”.
Álvarez resalta además el compromiso directo del embajador con los problemas de la comunidad. “Defendió a los dominicanos en todas las esferas de la vida pública española y convirtió la embajada en una verdadera extensión del país. Fue un trabajador incansable, cercano a la gente y comprometido con la cultura y la integración de nuestra comunidad”.
Samuel Esteban
Primer Secretario de la Embajada de la República Dominicana en los Estados Unidos Mexicanos
“Estábamos en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, y desde lejos le llamé: ‘¡Embajador, por acá!’. Todo el mundo se giró a mirarle. Tiempo después, en México, me dijo que por temas de seguridad y privacidad le llamara simplemente Juan cuando estuviéramos en la calle”.
“Obviamente nunca pude llamarle Juan. Siempre le tuve un profundo respeto y terminé llamándole Don Juan o Embajador. He tenido el privilegio de trabajar con él tanto en Madrid como posteriormente en Ciudad de México, y he aprendido muchísimas cosas a su lado”.
“Pero quizás lo más valioso que me llevo es su trato hacia las personas. Periodista, diplomático, jefe, padre, esposo… por encima de todo, un gran ser humano”.
Yris Sisa Pineda
Asistente administrativa de la Embajada Dominicana ante el Reino de España
“Trabajar junto a Juan Bolívar Díaz representó una experiencia de gran crecimiento profesional y personal. Dentro de ese tiempo pude desarrollar mis capacidades en el ámbito administrativo dentro de un entorno diplomático de alto nivel”.
Destaca especialmente “el liderazgo y la calidad humana” del entonces embajador, así como el respeto y la cercanía con que trataba a todo el personal de la misión diplomática.
“Nunca imaginé que podría trabajar junto a uno de los periodistas más destacados e importantes de República Dominicana. Siempre estaré agradecida por la oportunidad que me brindó y por el cariño y respeto con que me acogió”.
Jeannette Alfau
Destaca abogada y presidenta del Instituto Duartiano en Madrid
“Don Juan Bolívar Díaz dejó en Madrid una huella profundamente positiva en nuestra comunidad. Su dedicación constante, su profesionalismo y su trato cercano le granjearon el respeto y el cariño de quienes trabajamos junto a él”.
Alfau resalta especialmente el compromiso del diplomático con la promoción de la cultura dominicana y el fortalecimiento de los vínculos entre España y República Dominicana.
“Más allá de su rol diplomático, supo construir vínculos humanos genuinos. Su sencillez, rectitud y disposición permanente para escuchar y colaborar marcaron cada una de sus acciones. Cuando conversamos entre compatriotas coincidimos en lo mismo: se le extraña”.
La publicación de las memorias de Juan Bolívar Díaz coincide con una etapa de reflexión sobre el papel del periodismo, la diplomacia y la función pública en tiempos de profundas transformaciones políticas y tecnológicas. Su trayectoria, marcada por la independencia crítica y el compromiso con los asuntos nacionales, deja también el retrato de una generación de comunicadores que entendió el oficio como un instrumento de servicio a la sociedad.
Sus memorias, tituladas "Con las riendas tensas", serán presentadas el próximo lunes 18 en la Biblioteca Pedro Mir. La obra estará disponible próximamente en Librería Cuesta y en Amazon.
Compartir esta nota
