En 1572, la villa de Higüey era apenas un poblado pequeño y vulnerable. Una noche, un incendio se desató y amenazaba con destruir todo. Los habitantes, desesperados, recordaron una pequeña imagen de la Virgen María que había llegado años antes desde España, traída por los colonizadores. La llevaron en procesión hasta el lugar del fuego, rezando con fervor. El relato tradicional cuenta que las llamas se detuvieron y se apagaron milagrosamente al paso de la imagen. Desde ese momento, la gente empezó a llamarla Virgen de la Altagracia, porque “por alta gracia” había salvado al pueblo.
Ese milagro de 1572 es el origen de la devoción más profunda de los dominicanos. La imagen, una pintura al óleo sobre tabla de 30 cm de alto, representa a María con el Niño Jesús en brazos, bajo un manto azul y una corona de estrellas. Hoy se venera en el Santuario de Higüey, declarado Basílica Menor por el Vaticano.
De Higüey al corazón de toda la nación
Con los años, la devoción creció más allá de Higüey. En el siglo XVII ya se le atribuían favores en todo el territorio. En 1740 se construyó la primera ermita, y en 1822, durante la independencia efímera de los haitianos, los dominicanos la invocaron como protectora. En 1922, el Papa Pío XI la proclamó Patrona Oficial de la República Dominicana y en 1978 Juan Pablo II la coronó canónicamente durante su visita al país. Desde entonces, cada 21 de enero es feriado nacional y día de peregrinación masiva al Santuario.
Próximamente se cumplirán cien años de la Canónica Coronación de la Imagen de Nuestra Señora de la Altagracia por parte de Pío XI, por lo que la celebración de este 21 de enero es especial para los dominicanos.
La Virgen de la Altagracia es considerada madre espiritual y protectora del pueblo dominicano, y su devoción inició en la época colonial.
La imagen de la Virgen fue traída a a la villa de Higüey a principios del siglo XVI por los hermanos Alonso y Antonio Trejo, desde Extremadura (España), de acuerdo a los datos históricos. Los hermanos ofrecieron la imagen a la parroquia para que todos pudieran venerarla.
De acuerdo a lo relatado por los historiadores, uno de los primeros en documentar los milagros de la virgen fue el canónigo Luis Jerónimo Alcocer.
“La imagen milagrosa de Nuestra Señora de La Altagracia está en la villa de Higüey, como a treinta leguas de esta ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios Nuestro Señor ha obrado y cada día obra con los que se encomiendan a su santa imagen”, fue lo escrito por el religioso en 1650.
El 15 de agosto de 1922 la Virgen fue coronada canónicamente en el pontificado de Pío XI, por los milagros que ya se le atribuían. Para la coronación, el retrato fue trasladado desde su Santuario de la Villa de Higüey (llamado así en esa época), hasta la Capital de la República .
Luego, el 25 de enero de 1979 el papa Juan Pablo II también coronó la imagen durante su visita a Santo Domingo.

República Dominicana fue el primer país elegido por Juan Pablo II para su cruzada por el mundo, a solo meses de haber sido elegido como papa.

¿Por qué la llamamos “Altagracia”?
El nombre viene de una oración antigua: “Santa María de la Alta Gracia”. “Alta” porque su protección viene de lo más alto (Dios), y “Gracia” porque intercede por nosotros. Los dominicanos la sentimos como madre cercana, que escucha desde cualquier rincón del país, ya sea en un altar casero, una iglesia de barrio o el Santuario de Higüey.
La Virgen que sigue obrando milagros
Hoy, en 2026, la devoción sigue viva: peregrinos llegan caminando desde San Pedro de Macorís, Santiago o Santo Domingo, llevando promesas de todo tipo —salud, trabajo, amor, estudios, protección en viajes. La Altagracia no es solo una imagen: es la madre que los dominicanos sentimos que “todo lo alcanza”.
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