A raíz de las recientes imágenes difundidas sobre la tragedia del Jet Set, ocurrida el 8 de abril de 2025, cuando el colapso del techo del establecimiento dejó 236 víctimas mortales y más de 180 heridos, videos y fragmentos del momento han continuado circulando en redes sociales y medios de comunicación, prolongando la exposición al evento.
Ante esta situación continua surge la pregunta: ¿Cómo impacta en la mente ver una tragedia una y otra vez?
Según la Organización Mundial de la Salud, la exposición a hechos traumáticos, incluso de forma indirecta, puede generar angustia, ansiedad y otras reacciones emocionales. Sin embargo, la entidad establece que la respuesta a estos eventos puede variar dependiendo de la historia personal, el nivel de exposición y la vulnerabilidad de cada individuo.
De igual forma, el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, siglas en inglés) señala que el trauma no se limita a quienes experimentan directamente el hecho, sino que también puede afectar a quienes lo presencian o se exponen a él de manera reiterada.
En medio de este escenario, el psiquiatra Segundo Imbert Brugal plantea que la sobreexposición ha generado una transformación en la forma en que las personas procesan este tipo de contenidos.
“La gente se ha acostumbrado a ver las tragedias y todo tipo de sucesos dolorosos como si fueran contenidos de Instagram, de televisión o de YouTube. Las imágenes se han ido despojando de emotividad, permitiendo al público tomar distancia de lo que la pantalla les ofrece; verlo como un contenido entretenido”, señala.
Explica, además, que esta dinámica ha contribuido a una mayor insensibilidad frente a eventos que en otros contextos generarían una respuesta emocional más intensa. No obstante, resalta que estas imágenes continúan funcionando como recordatorios constantes de lo ocurrido.
Desde la psicología, Caluz Polanco advierte que el impacto no se limita a quienes estuvieron en el lugar, sino que se extiende a toda la sociedad.
“Cuando una sociedad se enfrenta a un evento tan catastrófico, el impacto en la salud mental no se queda solo en los afectados de primera mano. Esta tragedia dejó una marca en todo el país. Revivir estas imágenes reconecta con esa herida, con el shock, el dolor, la tristeza y la impotencia de que aún no se ha resuelto”, explica.
Añade que esta exposición también puede reactivar el trauma en quienes estuvieron directamente involucrados, así como en quienes brindaron asistencia durante la emergencia.
¿Pueden las imágenes reactivar un trauma?
De acuerdo con el documento “Trastorno por estrés postraumático” del NIMH, las personas pueden experimentar recuerdos intrusivos, revivir el evento y presentar reacciones físicas intensas ante situaciones, objetos o estímulos que les recuerdan lo ocurrido.
Asímismo, Brugal explica que, en quienes vivieron el hecho, la exposición repetida a estos contenidos puede actuar como detonante: “Si quien observa vivió personalmente el evento la noche que ocurrió, esos contenidos avivan el trauma y pueden desencadenar fenómenos típicos del síndrome postraumático”.
Aún así, el psiquiatra establece que no todos los recuerdos tienen el mismo efecto. Explica que un recuerdo normal responde a una experiencia no traumática y se mantiene dentro de parámetros emocionales manejables, mientras que el recuerdo traumático activa respuestas físicas y psicológicas que afectan el funcionamiento de la persona.
Por su parte, Polanco señala que, aunque la exposición indirecta no siempre constituye un trauma en sí misma, sí puede reactivar el dolor.
“El hecho de revivirlo a través de estas imágenes tiempo después no necesariamente genera un trauma nuevo, pero sí remueve la herida, tanto en los afectados directos como en familiares, en la sociedad y en los profesionales que estuvieron involucrados en la respuesta”.
Añade, además, que una revivencia traumática implica reconectar con el impacto negativo en la salud física y mental: tristeza profunda, ataques de pánico, insomnio, pesadillas, ansiedad o malestar físico, ect. Teniendo este un impacto mayor.
Más allá del impacto individual
Además de los clínicos, la exposición a este tipo de eventos tiene repercusiones a nivel social.
El psiquiatra advierte que si bien depende de si la persona sufrió o no trauma, o del grado de insensibilidad innato de la actual sociedad digital, la repetición constante de una tragedia también incide en la percepción colectiva.
“Un hecho de esa naturaleza aumenta la inseguridad de los ciudadanos, provoca un duelo colectivo e incrementa esa sensación de abandono propia de los que habitamos en países del tercer mundo”, agregó.
La psicóloga coincide en que la exposición constante impacta al conjunto de la sociedad.
“Estar expuestos constantemente a este tipo de imágenes activa el sistema nervioso, mantiene a las personas en estado de alerta, aumenta la sensación de inseguridad, la impotencia y la rabia. También genera fatiga emocional y, con el tiempo, puede llevar a una desensibilización” señala.
El duelo, en este sentido, no se limita a quienes perdieron a un familiar, sino que se extiende a una sociedad que observa y procesa la tragedia de forma constante.
Duelo, exposición y necesidad de justicia
El proceso de duelo puede verse afectado cuando la exposición al evento se mantiene en el tiempo. Además, según Brugal, la percepción de justicia influye directamente en la forma en que las personas procesan la pérdida.
“Es fundamental en la resolución del duelo que se perciban consecuencias punitivas del hecho. La impunidad es peligrosa y cosecha mayor dolor y agresividad en el colectivo”.
Frente a este escenario, Polanco recomienda priorizar el autocuidado y limitar la exposición a este tipo de contenido. Señala que las personas pueden experimentar ansiedad, hiperalerta, tristeza o malestar, por lo que considera importante reducir el consumo de noticias, darse permiso para sentir, buscar apoyo, cuidar el sueño y la alimentación, y acudir a ayuda profesional si las emociones se desbordan.
Asimismo, enfatiza que el impacto emocional no debe minimizarse, independientemente de si la persona vivió el hecho de forma directa o como parte de un trauma colectivo, ya que el dolor es válido y merece atención.
Hoy día las tragedias no solo se viven, sino que también se repiten en la pantalla, haciendo que el impacto trascienda el momento del hecho. Entre la exposición constante, la memoria y el duelo, esta experiencia se prolonga en el tiempo y en la mente de quienes la observan. Y ante este escenario, entender estos efectos y establecer límites frente al consumo y compartición de estas imágenes es importante como parte del proceso de recuperación, tanto individual como colectivo.
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