Los resultados de la prueba PISA 2025 deben ser leídos más allá de la posición que ocupa República Dominicana frente a otros países. Para Radhamés Mejía, director del Centro de Investigación y Desarrollo Humano (CIEDHUMANO) de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), el desafío consiste en abrir el promedio nacional para comprender por qué estudiantes de una misma edad y dentro de un mismo sistema educativo llegan a los 15 años con resultados tan diferentes.
La muestra dominicana de PISA 2025 incluyó a 7,080 estudiantes de 257 centros educativos. Aunque los resultados no muestran un nuevo salto respecto de 2022, tampoco permiten concluir que el sistema haya permanecido inmóvil durante la última década.
Desde la primera participación dominicana en PISA, en 2015, Ciencias presenta el avance más claro, mientras Matemática muestra una mejoría más moderada y Lectura no registra un progreso sostenido. Mejía considera que ambos elementos deben reconocerse simultáneamente: existen avances en determinados aprendizajes, pero persisten dificultades de gran magnitud.
El dato que, a su juicio, modifica la pregunta sobre el desempeño educativo es que 69.27 % de los estudiantes está por debajo del Nivel 2 en Matemática, Lectura y Ciencias de manera simultánea. Esto significa que casi siete de cada diez estudiantes concentran dificultades en las tres áreas evaluadas.
El Nivel 2 utilizado por PISA es un umbral de referencia y no equivale a una calificación escolar. Estar por debajo de ese nivel tampoco significa que el estudiante carezca de conocimientos. Sin embargo, la concentración de dificultades en los mismos estudiantes plantea la necesidad de investigar qué condiciones están afectando simultáneamente distintos aprendizajes.
Trayectorias escolares
Mejía llama la atención sobre las diferencias en las trayectorias de los estudiantes. Tener 15 años no significa necesariamente haber recorrido el mismo camino escolar. Aunque la mayoría de los evaluados cursaba cuarto de secundaria, casi tres de cada diez estaban en tercero o en grados anteriores.
El análisis muestra una fuerte relación entre la posición escolar y los resultados, mientras la repetición aparece asociada a trayectorias particularmente desfavorables. El investigador advierte, sin embargo, que PISA no demuestra que promover de grado produzca automáticamente aprendizaje ni que repetir sea la causa de las dificultades.
La pregunta, plantea, es cuándo se detectan los problemas de aprendizaje y qué apoyo recibe el estudiante antes de que esas dificultades se acumulen.
La desigualdad socioeconómica también tiene un peso importante. Entre los estudiantes pertenecientes al grupo socioeconómico y cultural más desfavorecido, 83.2 % presenta dificultades simultáneas en las tres áreas, frente a 43.9 % entre los estudiantes del grupo relativamente más favorecido.
Pero el segundo dato también resulta significativo: incluso entre quienes parten de condiciones relativamente más favorables, casi 44 % permanece por debajo del Nivel 2 en las tres áreas.
Por ello, Mejía plantea que el origen socioeconómico condiciona fuertemente las oportunidades educativas, pero no explica por sí solo los resultados. La experiencia escolar y la capacidad institucional también deben formar parte del análisis.
Estar, pertenecer y poder aprender
El boletín de CIEDHUMANO identifica además asociaciones entre los resultados y factores relacionados con la continuidad escolar, el sentido de pertenencia y el clima del aula.
Cuando se acumulan condiciones favorables vinculadas con estos elementos, la proporción de estudiantes con dificultades simultáneas disminuye de 79.5 % a 44.5 %. El análisis advierte que estas asociaciones no permiten establecer causalidad, pero sí ofrecen señales para orientar nuevas investigaciones.
La idea central es que matricular a un estudiante no garantiza una experiencia educativa continua. La asistencia, el tiempo efectivo de clases, la pertenencia y las condiciones para concentrarse y trabajar pueden favorecer que la enseñanza ocurra, aunque no sustituyen la calidad de esa enseñanza.
El reto de la tecnología
La incorporación de tecnología y de inteligencia artificial añade otra dimensión al debate. Para Mejía, la pregunta educativa no debe limitarse a cuánto utilizan los estudiantes estas herramientas, sino a para qué las utilizan y qué trabajo intelectual permanece en manos del alumno.
El análisis también propone mirar hacia las propias escuelas. Las diferencias de resultados aparecen tanto entre centros como dentro de ellos, y algunas instituciones que obtienen resultados superiores a lo esperado en un área tienden a hacerlo también en las demás.
Esto, advierte Mejía, no debe utilizarse para establecer una clasificación simplista entre escuelas “buenas” y “malas”. En cambio, abre la posibilidad de estudiar cómo determinados centros organizan la enseñanza, administran el tiempo, sostienen la convivencia y articulan el trabajo docente para identificar experiencias que puedan ser útiles para otras instituciones.
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