Esta mañana, domingo 12 de abril, comenzó con disciplina. Me levanté temprano, convencida de que esta vez sí lograría renovar mi cédula de identidad, tras el anuncio de que podía acudir, como cientos de dominicanos y dominicanas más.

Había cumplido años el 1 de abril y, siguiendo las disposiciones de la Junta Central Electoral, entendía que a partir de este día podía acudir sin problemas a realizar el proceso. Todo parecía claro… en teoría.

Fue a las 10am que se comenzaron a repartir los turnos, y fue cuando se armó el rebulú. (Fotos: Mery Ann Escolástico)

Mi primera parada fue el centro ubicado en Plaza Central, en el Distrito Nacional. Llegué con la ilusión de resolver rápido, pero apenas crucé la puerta me encontré con la primera traba: allí solo estaban atendiendo con cita previa. Nadie lo había explicado con suficiente claridad. Fue entonces cuando me indicaron que, para quienes no tenían cita, las opciones disponibles eran La Feria y Naco. Sin pensarlo mucho, opté por dirigirme a la Feria, por ser el punto más cercano de Plaza Central.

Antes de siquiera bajarme del vehículo, empezó el primer viacrucis: el parqueo. Di vueltas y más vueltas buscando dónde estacionarme, gastando combustible en un momento en que la gasolina no está precisamente barata. Al final, un parqueador me indicó un espacio y, como es costumbre, me pidió “que le regalara algo”. Terminé dándole cien pesos, con la esperanza de que al menos todo lo demás fluyera mejor. Pero no fue así.

Lo que encontré allí fue otra historia.

A las 9am de este domingo, justo cuando en San Francisco de Macorís se hacía el acto protocolar, en La Feria había personas amontonadas, rostros de cansancio, filas inexistentes y una sensación general de desorden. Nadie parecía tener control de nada. Había personas allí, según constaté, desde las 6am, muchas de la tercera edad.

Algunos permanecían de pie por largos períodos, aunque en el lugar había carpas habilitadas con sillas, abanicos, café y agua disponibles para los asistentes. Sin embargo, la falta de orientación hacía que muchos no supieran cómo acceder o simplemente quedaran fuera de ese mínimo de comodidad. Los y las envejecientes, a pesar de su evidente vulnerabilidad, tampoco contaban con una atención prioritaria clara.

Ciudadanos y ciudadanas aglomerados y sin información en La Feria. (Fotos: Mery Ann Escolástico)

No fue hasta las 10 de la mañana cuando finalmente apareció personal de la Junta Central Electoral para intentar organizar la situación repartiendo turnos. Pero lejos de traer calma, aquello encendió el caos. Cada número entregado venía acompañado de reclamos: “Yo llegué primero”… “Ese no estaba aquí”, “Eso no es justo”.

El murmullo se convirtió en discusión y la discusión en un verdadero “rebulú”.

Por un momento, todo se paralizó. Nadie avanzaba. Todo dependía de que los propios ciudadanos y las propias ciudadanas se pusieran de acuerdo sobre quién había llegado primero, una tarea prácticamente imposible en medio del desorden.

Así, entre vueltas innecesarias, dinero gastado, falta de organización y desinformación, mi intención de renovar la cédula se quedó en eso: una intención. Porque ese día no faltó voluntad… lo que faltó fue orden, y como hoy es domingo y soy madre de familia, decidí retirarme a mi casa.

… Entonces decidí hacer la cita virtual

Pero, por más que lo intenté, la página se pierde con mis datos y da error.

Mery Ann Escolástico

Periodista

Ganadora de Historias de Reciclaje – Premio Mundo sin Residuos al Periodismo 2020-2021. Autora del libro de poemas “Desahogando mis deseos”. Periodista, Fotoperiodista, Corresponsal de Eventos, Abogada y Docente en UNAPEC.

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