No llegó llorando. Llegó con la voz firme, los ojos secos y el nombre de su hijo en cada palabra. Simón Bolívar Soto se plantó este lunes frente a las cámaras reunidas en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva antes de entrar a escuchar el fallo del juez Raymundo Mejía en el caso Jet Set. Detrás de él, decenas de familias que, como la suya, llevan más de un año esperando que el sistema judicial dominicano responda a la pregunta que no los deja dormir: ¿fue un accidente o fue un crimen?
Su hijo, Simón Soto, es uno de los 236 que murieron la noche del 8 de abril de 2025, cuando el techo de la discoteca se vino abajo sobre cientos de personas que habían ido a bailar.
"Estamos asistiendo hoy 15 de junio para escuchar la sentencia del magistrado Reymundo Mejía sobre la tragedia. Soy Simón Bolívar Soto, padre de Simón Soto, fallecido en esa tragedia."
Lo dijo con la sencillez de quien ha repetido esa presentación muchas veces. Padre de Simón Soto. Fallecido en esa tragedia. Como si necesitara recordarle al mundo, una vez más, que detrás de cada número hay un nombre.
Lo que pide: que no le llamen accidente a lo que él llama crimen
Soto no llegó solo con su dolor. Llegó con una posición jurídica concreta y técnica: que el tribunal acoja la figura del dolo eventual, una calificación más grave que el homicidio involuntario que sostiene el Ministerio Público.
El dolo eventual implica que los imputados —Antonio y Maribel Espaillat, propietarios del establecimiento— no solo actuaron con negligencia, sino que conocían el riesgo que representaba la estructura del local y decidieron ignorarlo, asumiendo conscientemente que algo así podía ocurrir. Para las familias que impulsan esta figura, la diferencia no es semántica: es la diferencia entre un descuido y una decisión.
"Esperamos que el juez haya valorado y acogido la figura jurídica del dolo eventual para que este juicio se conduzca por el camino que merece."
Pero Soto también fue claro en que el resultado de hoy no cierra su lucha. Si el tribunal no acoge esa calificación, la batalla seguirá en la próxima instancia.
"Si se acoge la vía solicitada por el Ministerio Público, en la próxima instancia continuaremos exigiendo esa calificación", advirtió.
Y fue más lejos: aseguró que apelará cualquier decisión que considere insuficiente. No hay resultado que lo haga retirarse, salvo la condena máxima.
La metáfora que lo dice todo
En el momento más cargado de su intervención, Soto lanzó una advertencia directa a quienes, según él, operan desde las sombras para proteger a los imputados:
"El techo de la justicia que exigimos no se derrumbará ni nos aplastará debido a la presión que ejercen sectores que protegen a los asesinos de nuestras víctimas. Continuaremos firmes en esta exigencia de justicia."
La metáfora no fue casual ni improvisada. El mismo techo que mató a su hijo, invocado ahora como símbolo de resistencia. Como diciéndole al sistema: este no cede.
Para cerrar, recurrió al filósofo romano Séneca con una frase que resume el sentir de cientos de familias que llevan más de un año esperando:
"No hay cosa más parecida a la injusticia que una justicia tardía".
La condena máxima, su único horizonte
Soto fue categórico: no aceptará ninguna decisión que considere insuficiente. Su objetivo declarado es la condena máxima contra Antonio y Maribel Espaillat, a quienes responsabiliza directamente por la muerte de su hijo y de los otros 235 fallecidos en el colapso.
El juez Raymundo Mejía, del Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, tiene en sus manos este lunes una decisión que marcará el rumbo de uno de los procesos penales más complejos, más dolorosos y más vigilados de la historia judicial dominicana reciente. El tribunal deberá resolver si existen elementos suficientes para enviar a los Espaillat a juicio de fondo y, crucialmente, bajo qué calificación jurídica lo hará.
Para Simón Bolívar Soto, cualquier respuesta que no sea la máxima es apenas el comienzo de la siguiente batalla.
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