La actual situación judicial de Nicolás Maduro en el extranjero desmonta la narrativa de resistencia territorial – y victoria – que pronunció hace quince años a favor de su aliado Muamar el Gadafi, a raíz del inminente colapso del gobierno de Trípoli: Gadafi "luchará en su tierra y se quedará en su tierra".
El contraste entre ambos desenlaces – con quince años de diferencia – se remonta a esas declaraciones oficiales ofrecidas por Maduro, entonces canciller venezolano, el 24 de agosto de 2011.
Durante un encuentro diplomático que sostuvo en Caracas con el canciller ruso, Serguéi Lavrov, Maduro aseguró categóricamente que el líder libio permanecería en su país y que resistiría lo que calificó como "confabulaciones" por parte de potencias militares extranjeras que, a través del apoyo a un ejército insurgente, buscaban derrocar al Gobierno.
"Luchará en su tierra y se quedará en su tierra", aseveró Maduro, buscando descartar cualquier posibilidad de asilo de Gadafi en Venezuela.
La administración chavista tildó la intervención internacional como una "nueva forma de colonialismo".
El propio Hugo Chávez rechazó, en esa misma fecha, los paralelismos entre ambos países, advirtiendo a sus detractores que "se van a quedar con las ganas" de ver un final similar.
Sin embargo, la premisa geográfica de Maduro se terminó cumpliendo – a medias – para el coronel que gobernó el país africano por 42 años, capturado y ejecutado el 20 de octubre de 2011 por rebeldes: nunca abandonó el suelo libio.
Un desenlace distinto
El destino de Maduro, sin embargo, tomó un rumbo opuesto tras su detención por agentes estadounidenses el pasado 3 de enero de 2026.
La operación de extracción evitó la violencia sumaria del desagüe de Sirte, rebeldes y la OTAN, pero anuló la promesa política de permanencia en el territorio nacional.
Hoy, un tribunal de Estados Unidos juzga al hombre que, en el pasado, admiró la "capacidad de lucha" de quien no tuvo oportunidad de defensa legal, y que en su propio territorio, hizo alardes de su potencial militar, cuyo músculo no impidió su detención tras la incursión del pasado 3 de enero.
El proceso actual sustituye la "guerra de perros" descrita por Chávez en 2011 por un litigio formal con presentación de pruebas y testigos.
Esta diferencia marca un hito en cómo la comunidad internacional gestiona el final de los liderazgos autoritarios en la presente década.
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