Aunque la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo del 14 de junio de 1959 fue derrotada militarmente y la mayoría de sus 225 combatientes murió o fue capturada, su impacto trascendió el campo de batalla.
La incursión demostró que la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo no era invulnerable y rompió el clima de resignación que durante décadas había impuesto el régimen.
El sacrificio de los expedicionarios se convirtió en un símbolo de resistencia y alentó a nuevos sectores de la sociedad dominicana a organizarse contra la tiranía.
La expedición de la Raza Inmortal
La mañana del 14 de junio de 1959 marcó el inicio de una de las acciones más audaces contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Ese domingo, un avión D-49 con insignias de la Aviación Militar Dominicana aterrizó en el entonces fuertemente custodiado aeropuerto de Constanza. De la aeronave descendieron 54 expedicionarios procedentes de Cuba, decididos a iniciar una insurrección armada contra el régimen.
Al frente del grupo se encontraba Enrique Jiménez Moya, veterano de la lucha revolucionaria cubana y antiguo combatiente junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra. Apenas tocaron suelo dominicano, los expedicionarios enfrentaron a los soldados encargados de la seguridad del aeropuerto. Tras un breve combate lograron imponerse y emprendieron la marcha hacia las montañas cercanas, donde esperaban establecer un frente guerrillero.
Una vez internados en la cordillera, los combatientes se dividieron en dos columnas. Una quedó bajo el mando de Jiménez Moya y la otra fue dirigida por el cubano Delio Gómez Ochoa. Sin embargo, la reacción del régimen fue inmediata. Al día siguiente, 15 de junio, aviones militares comenzaron a bombardear las serranías de Constanza mientras cerca de 3,000 soldados, apoyados por vehículos y armamento pesado, eran desplegados en la zona para cercar a los insurgentes.
La reacción del régimen tras el desembarco de Constanza fue decisiva para el fracaso de toda la expedición.
El terreno accidentado y la intensa persecución dificultaron el avance de los expedicionarios. La primera en sucumbir fue la columna encabezada por Jiménez Moya, quien murió en combate junto a varios de sus compañeros, mientras otros fueron capturados por las fuerzas trujillistas. Entre los detenidos figuraba el capitán Juan de Dios Ventura Simó.
Bajo torturas, varios de los apresados revelaron información sobre la segunda fase de la operación, que contemplaba nuevos desembarcos por la costa norte del país. Alertadas por esos informes, la aviación y la marina dominicanas reforzaron la vigilancia marítima durante los días siguientes.
Cuando los nuevos contingentes arribaron el 20 de junio, las fuerzas trujillistas ya estaban preparadas para enfrentarlos. La operación había perdido el factor sorpresa y los expedicionarios encontraron una resistencia militar organizada que terminó por desarticular la incursión armada.
Ese día, la lancha Carmen Elsa, comandada por José Horacio Rodríguez y capitaneada por José Messón, llegó a las costas de Maimón transportando a 96 expedicionarios. Casi al mismo tiempo, la embarcación La Tinima desembarcó en Estero Hondo con alrededor de 48 combatientes bajo el mando de José Antonio Campos Navarro.
Las fuerzas del régimen atacaron de inmediato ambas incursiones. Muchos de los expedicionarios murieron durante los enfrentamientos o mientras intentaban alcanzar tierra firme. Quienes lograron sobrevivir fueron capturados.
La expedición de junio de 1959 había partido con un total de 261 hombres organizados en cinco pelotones de aproximadamente 50 integrantes cada uno. La mayoría eran dominicanos: 211 en total. También participaron 20 cubanos, 13 venezolanos, nueve puertorriqueños, tres estadounidenses, tres españoles, un guatemalteco y un nicaragüense.
El principio del fin de la dictadura
Aunque la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo no derrotó militarmente a Trujillo, varios historiadores dominicanos coinciden en que sí provocó una ruptura política y moral que aceleró el proceso que culminó con la caída de la dictadura el 30 de mayo de 1961.
El historiador Roberto Cassá ha sostenido que el principal resultado de la expedición fue haber abierto una crisis irreversible dentro del régimen. En una entrevista publicada por el periódico Hoy afirmó que «el producto básico de la expedición fue abrir una crisis irreversible en el régimen», y consideró que a partir de entonces la caída de la tiranía comenzó a verse como un proceso inevitable.
Por su parte, el historiador Juan Daniel Balcácer argumenta que el impacto fue inmediato en el plano moral y patriótico. Según explicó, la población quedó profundamente conmocionada por las torturas, asesinatos y la represión desatada contra los jóvenes vinculados a la expedición, lo que erosionó aún más la legitimidad de la dictadura.
Una interpretación similar ofrece el historiador Héctor Luis Martínez, quien definió la expedición como “un fracaso militar, pero un éxito moral”. Según Martínez, después de junio de 1959 los dominicanos comenzaron a perder el miedo y la lucha contra la dictadura dejó de estar confinada a pequeños círculos clandestinos para convertirse en una causa con mayor respaldo social.
Los que lucharon después del desembarco
La expedición del 14 de junio fue una llama que siguió ardiendo mucho después de que sus combatientes fueran derrotados en las montañas y costas dominicanas. Apenas un año después de los desembarcos de Constanza, Maimón y Estero Hondo, el 10 de enero de 1960, surgió el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, inspirado en el sacrificio de los expedicionarios y liderado por Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal.
Diecisiete meses después de la gesta, el 25 de noviembre de 1960, las hermanas Mirabal fueron asesinadas por agentes de la dictadura, un crimen que provocó indignación dentro y fuera del país. Apenas seis meses más tarde, el 30 de mayo de 1961, Rafael Leónidas Trujillo fue ajusticiado.
En menos de dos años, la semilla sembrada por los expedicionarios contribuyó a alimentar la resistencia interna que terminó acelerando el derrumbe de una de las dictaduras más prolongadas de América Latina.

La visión predominante entre los historiadores dominicanos es que la expedición del 14 de junio no derribó a Trujillo con las armas, pero sí quebró el mito de su invulnerabilidad, despertó la conciencia política de amplios sectores de la sociedad, fortaleció la oposición interna y creó las condiciones que desembocaron en el surgimiento del Movimiento Revolucionario 14 de Junio y, finalmente, en el ajusticiamiento del dictador dos años después.
A 67 años de los desembarcos
Aunque militarmente fue derrotada, la gesta de Constanza, Maimón y Estero Hondo se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de la resistencia contra la dictadura trujillista y en un símbolo de la lucha por la libertad en la República Dominicana.
La gesta del 14 de junio de 1959 también sirvió de inspiración para el surgimiento de una nueva generación de opositores. Dos años después, su legado dio nombre al Movimiento Revolucionario 14 de Junio, encabezado por Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal, una de las organizaciones clandestinas más activas en la lucha contra Trujillo.
A 67 años de aquellos desembarcos, la expedición sigue siendo recordada como uno de los episodios que contribuyeron a acelerar el desgaste político de la dictadura y a fortalecer el movimiento que terminaría conduciendo a su caída.
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