La negativa familiar a la donación de órganos continúa limitando las posibilidades de trasplante en República Dominicana, donde más de 500 pacientes permanecen en lista de espera para recibir un riñón.
Según el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (INCORT), cerca del 70 % de las familias dominicanas se niega a autorizar la donación de órganos de sus parientes fallecidos, lo que reduce de manera significativa la disponibilidad de órganos para quienes los necesitan.
Actualmente, 548 personas esperan un trasplante de riñón, mientras unas 5,500 viven conectadas a máquinas de diálisis en todo el país. Las estadísticas oficiales indican que la República Dominicana apenas alcanza una donación por millón de habitantes, cuando lo ideal sería entre 20 y 25 donantes por millón.
En 2024 se registraron 24 donaciones de órganos y en 2025 se contabilizaron 10. “Deberíamos tener entre 200 y 220 donantes por año para cubrir la demanda nacional”, indicó el doctor José Juan Castillos Almonte, director del INCORT.
Las enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión representan más del 70 % de las causas de insuficiencia renal entre los pacientes en lista de espera. La falta de información y los mitos arraigados en la sociedad inciden, según las autoridades, en la alta tasa de negativa familiar.
Qué implica un trasplante de riñón
El trasplante de riñón es un procedimiento quirúrgico mediante el cual se coloca un riñón sano, proveniente de un donante vivo o fallecido, en una persona cuyos riñones han dejado de funcionar correctamente.
Los riñones filtran y eliminan desechos, minerales y líquidos de la sangre a través de la producción de orina. Cuando pierden esa capacidad, se acumulan sustancias nocivas en el organismo, lo que puede provocar insuficiencia renal en etapa terminal.
Entre las principales causas de esta condición figuran la diabetes, la hipertensión arterial no controlada, la glomerulonefritis, la nefritis lúpica y la enfermedad renal poliquística.
Las personas con enfermedad renal en etapa terminal deben someterse a diálisis o a un trasplante para continuar con vida. La diálisis elimina los desechos del torrente sanguíneo mediante una máquina, mientras que el trasplante suele asociarse a mejor calidad de vida, menor riesgo de muerte, menos restricciones alimentarias y menor costo del tratamiento a largo plazo.
Existen trasplantes de donante fallecido y de donante vivo. No obstante, factores como edad muy avanzada, enfermedades cardíacas graves, cáncer activo, demencia o abuso de sustancias pueden impedir que una persona sea elegible para el procedimiento.
Si no hay un donante vivo compatible, el paciente puede ser incluido en una lista de espera para recibir un órgano de un donante fallecido. El tiempo de espera depende del nivel de compatibilidad, el tiempo en diálisis y la supervivencia prevista después del trasplante. Algunas personas encuentran un donante en meses; otras pueden esperar varios años.
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