La enfermedad renal crónica (ERC) no solo compromete el funcionamiento de los riñones y obliga a tratamientos continuos de diálisis; también impacta de manera profunda la salud mental de quienes la padecen. Así lo advierte la psicóloga clínica Altagracia Mejía, magíster en Psicología Clínica y de la Salud, egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en una investigación que forma parte de su tesis de maestría.
Mejía explica que la depresión, descrita desde la antigüedad por Hipócrates como “melancolía”, constituye hoy un problema de salud pública por su alta prevalencia y por su vínculo con las ideas suicidas. En pacientes con enfermedades crónicas, especialmente con ERC, estos pensamientos pueden manifestarse de forma silenciosa, más allá de las salas de hemodiálisis.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las ideas suicidas abarcan desde pensamientos recurrentes sobre la muerte hasta la planificación concreta del acto. Pueden presentarse de forma pasiva —deseo de morir sin un plan específico— o activa, cuando existe intención y planificación. En el contexto de la enfermedad renal, la carga física, las restricciones en el estilo de vida y la dependencia económica y familiar incrementan la vulnerabilidad emocional.
La investigación realizada por Mejía en un hospital público del país reveló que el 42.86 % de los pacientes evaluados presentó niveles significativos de depresión y que el 35.71 % experimentó ideas suicidas durante su proceso de diálisis. Entre los factores asociados se identificaron el escaso apoyo familiar, las limitaciones económicas y la falta de redes de soporte social.
La autora subraya que recibir un diagnóstico de enfermedad crónica implica una transformación abrupta en la vida del paciente, que puede derivar en aislamiento, alteraciones del sueño y del apetito, desesperanza y descuido personal. No obstante, también destaca historias de resiliencia: pacientes que, con apoyo emocional y acompañamiento psicológico, logran adaptarse al tratamiento, integrar la diálisis a su rutina y desarrollar mayor estabilidad emocional.
Ante estos hallazgos, Mejía enfatiza la necesidad de incorporar acompañamiento psicológico continuo en las unidades de diálisis, con intervenciones como terapia cognitivo-conductual, resolución de problemas e intervención en crisis.
“Abordar la depresión y la ideación suicida desde una perspectiva integral que incluya la salud física, emocional y social es fundamental para garantizar un tratamiento más humano y efectivo”, sostiene.
La investigación concluye que prestar atención a los signos tempranos de depresión y fortalecer las redes de apoyo puede marcar la diferencia entre el deterioro emocional y la construcción de resiliencia en pacientes con enfermedad renal crónica.
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