Nicolás Corona (Colá), productor agropecuario y conservacionista, perdió la esperanza. Sus expectativas de hace cinco años sobre el desarrollo turístico de la provincia Pedernales anunciado por su pariente, el presidente de la república Luis Abinader Corona, a inicios del primer período de gestión (2020-2024), se han derrumbado estrepitosamente. Presagia que todo se dañará, a menos que se enderece el camino.

Está en la Sierra de Baoruco, en la fértil y fresca sección Mencía (antigua Flor de Oro), distrito municipal José Francisco Peña Gómez, 30 kilómetros al norte del municipio cabecera, donde creció sembrando la tierra y criando vacas y cerdos para leche y carne, a puro pulso. Una vida de desafíos permanente a los arranques de la naturaleza, sin ver incentivos del Gobierno, como las demás familias de agricultores.

Es viernes 21 de febrero de 2026. Pasa del mediodía. Ya ha hecho la pausa del fin de semana. Anda ajeno, como el pueblo de Pedernales, a que el lunes 24 en la tarde el mandatario se reuniría en Palacio con ejecutivos de medios para anunciarles que, en el territorio, zona del municipio Oviedo, tomarían 12 millones de metros cuadrados para que empresarios gringos instalen una plataforma de lanzamiento de “satélites comerciales” (cohetes) y arranquen con la primera explosión en 2028.

El Parque Nacional Jaragua (reserva de la biosfera, como el Baoruco), franquea el sur del segundo municipio de la provincia Pedernales, Oviedo, donde también construyen el aeropuerto internacional (paraje Tres Charcos).

Bahía de las Águilas. Foto: Edward Adames.

Colá retoma con nostalgia las promesas en las reuniones con el mandatario en afán de repostulación previo a las elecciones de 2024. Una, con unos mil integrantes de la familia Corona, en la montañosa San José de las Matas (Sajoma), de la provincia norteña Santiago; y la otra, en el Pedernales del extremo suroeste, con su familia.

Reconoce las inversiones turísticas en Cabo Rojo y en Oviedo, pero asegura que lo prometido ayer en el discurso es diferente a la práctica, hoy.

Y así no fue que hablamos, es más de lo mismo; pensé que un Corona no podía fallar, esperábamos ecoturismo, turismo de montaña, participación verdadera de las comunidades, que ellas sean protagonistas”, afirma en tono alto.

Ve violación de la palabra empeñada en: restricciones para el acceso a la playa Cabo Rojo; rumores sobre tramas para la exclusión de parte de Bahía de las Águilas del área protegida para privatizarla con objetivos turísticos similar a la que pretende la empresa privada Inversiones del Sur, con aval del Tribunal Superior Administrativo; privatización del puerto turístico e insignificantes beneficios de los cruceristas; incumplimiento en la construcción de la carretera Acetillar-Puerto Escondido, Duvergé (40 km), o para conectar Cabo Rojo con el Lago Enriquillo y lograr un turismo de doble impacto.

En Mencía viven desde la década del cincuenta los Corona, parientes del presidente de la república Luis Abinader Corona. Son parte de las familias cibaeñas de piel clara desarraigadas de sus predios por la tiranía de Trujillo y llevadas a las secciones agrícolas de Sierra de Baoruco, en Pedernales, como parte del plan de consolidación de la frontera que ya había iniciado el gobierno de Horacio Vásquez con la fundación en 1927 del pueblo (la colonia) en la sabana Juan López (hoy ciudad de Pedernales), en el llano frente a la costa caribeña.

Juan Nepomuceno Corona Almonte, pariente de la madre del mandatario, Rosa Sula Corona Cana, llegó a la sección agrícola de Pedernales con su esposa Linda Jáquez Estévez y su hijo Juan Bautista Corona Jáquez (Tito), el padre de Nicolás (Colá).

UN ARROZ CON MANGO

Al inquieto Colá le preocupa el plan de explotación de tierras raras. Y no solo porque no pega con el ecoturismo prometido.

Desde su perspectiva, traerá contaminación, reducción de la producción agropecuaria y engaño a quienes siembran esas tierras desde hace décadas, porque -precisa- les obligarán a vender a “precio de vaca muerta” para explotar los elementos químicos esenciales claves que urge la industria tecnológica de punta de los países imperiales.

Para él, el proceso será como en los otros lugares del mundo donde extraen los minerales: una explotación en contra del campesino y del agricultor.

Refiere que los terrenos están a nombre del estatal Instituto Agrario Dominicano, “pero se trata de asentamientos agrícolas y propiedades con asignaciones que el Gobierno nunca se ha interesado en titular”.

No titubea al predecir que el 90% de campesinos y agricultores será perjudicado.

“Los van a engañar, pero ellos no se dan cuenta. Se lo roban todo, conozco el sistema, solo se beneficiarán los políticos. Esto va de mal en peor”.

Colá conoce al dedillo el Parque Nacional Sierra de Baoruco. Ha vivido su vida en él, ya como cazador de cerdos y chivos cimarrones, durante años; ya como conservacionista de jutías, solenodontes, cotorras y demás especies de fauna y flora del área protegida con alta restricción (Categoría 1), reserva de la biosfera y pulmón vital de la comunidad.

Pese a la importancia local e internacional del lugar, considera que hay un proceso de ablandamiento mediático para variar los límites del parque en vista del hambre insaciable de países poderosos.

“Las van a explotar, pero eso va a impactar el parque nacional, sea en su zona de amortiguación o en su interior; y habrá lugares donde se va a reducir el parque, como lo pretende hacer una empresa privada (Inversiones del Sur) en el Parque Nacional Jaragua, que es inconstitucional”.

POR EL CRISTAL DEL PODER

Mucho antes de que se creara el Parque Nacional Sierra de Baoruco, el 8 de agosto de 1983, mediante el decreto 1315 del presidente Salvador Jorge Blanco, décadas 40 y 50, hay agricultores asentados.

“Por la ley perdieron el derecho al uso y usufructo de esas tierras” -enfatiza Colá-, “pero resulta que la misma ley establece que los agricultores y productores deben ser compensados con el justo precio tan pronto se declare el parque”.

A la vuelta de los años, sin embargo, el Estado dominicano, representado por Medio Ambiente, no ha pagado a las familias afectadas para que salgan del área.

“Ahora hablan de tierras raras y se proponen reducir el parque… ¿Te imaginas qué idiotez tan grande? Antes de explotar tierras raras, el Gobierno debe pagar a los que están desde los años 40 y 50… Como siempre, en todo esto solo se benefician los políticos”.

Él no ve el ecoturismo prometido en campaña, ni nada parecido. Y cita hechos que contradicen el discurso oficial:

“Ya no puedes entrar a ciertos sitios a donde tú ibas a bañarte con tu familia, como la playa de Cabo Rojo. Además de que quieren excluir parte de Bahía de las Águilas, que son zonas vitales para el área protegida, y yo no estoy de acuerdo con eso porque allí desovan los tres tipos de tortugas que tenemos, que son: carey, tinglar y la verde, aparte de que son manglares donde viven iguanas, muchos reptiles y vienen aves migratorias”.

Asevera que ya en el propio Pedernales, con el turismo, hay lugares que no se pueden visitar por el desorden, “y no fue eso lo que se habló desde un principio. Además, en nada benefician los cruceros, porque vienen y los cruceristas tienen todo incluido allá… Solo unos cuantos llegan al pueblo y con tiempo limitado. No te puedes ganar la vida como guía, ni como nada”.

Como ambientalista, a Colá le preocupan los riesgos de grandes incendios en los pinares de la sierra (Parque Nacional Sierra de Baoruco) por la imposibilidad de accesos adecuados para aislarlos y evitar la expansión. “Allá arriba hay casetas (de vigilancia), como la del Codo, la 2 y la 3, donde no se está prestando los servicios necesarios, no hay vigilancia, no hay nada porque no se puede subir por esa carretera, está muy precaria, los motores no dan, son subías malas y uno no puede arriesgar la vida para llegar a puntos donde no hay médicos ni nada. Si te da un dolor, te mueres, porque no hay transporte. Es un problema grande en la Sierra de Baoruco. Los senderos de observación de aves en Los Arroyos, El Cielo, Zapotén, Las Abejas, están todos deteriorados porque los caminos vecinales, los accesos, están inservibles completamente”.

Reconoce que en las colonias La Altagracia y Mencía asfaltan las vías, pero observa que se necesita atención para otras áreas que son más importantes como abrir los tramos de acceso para controlar rápidamente los incendios y evitar catástrofes.

A partir de una visión crítica de los otros polos, principalmente Punta Cana-Bávaro y Puerto Plata, y de las demandas del nuevo turista internacional, el Gobierno había garantizado un modelo de turismo no masivo, enfatizando en ecoturismo y turismo comunitario con la comunidad y su cultura como protagonistas, con respeto absoluto a los parques nacionales y demás protegidas y sin privatización de las playas.

CRECIENTE CLAMOR EN EL PUEBLO

Desde el río Mulito, zona de Mencía y La Altagracia, hasta la comunidad Los Arroyos, próspera fuente de producción de aguacates Hass, café de primera, vegetales, cítricos y otros productos, distan 14 kilómetros demoníacos. Ni señales de solución hay a la vista. En la loma, como en la llanura de Pedernales, la atención oficial es exigua.

“Esa carretera está que ni pa chivos; los productores están pasando las del Niágara; para sacar el aguacate, es infernal, sobre todo cuando llueve, pero nadie va. Hace dos años se sacaban hasta cien contenedores de aguacates, pero eso bajó mucho porque la carretera estuvo muy mala, la gente no pudo darle mantenimiento, además de los problemas que uno tiene allá arriba con Medio Ambiente. Estamos huérfanos de todo”, lamenta Vladimir Valdez, productor de aguacates, café, yautía coco, ñame, tayota y otros rubros.

El Charco Corona es un aliciente en Mencía.

Por su experiencia, cree que en Los Arroyos se puede producir toda la comida y vegetales que demanden los hoteles de Cabo Rojo y gran parte del país, si el Gobierno se empodera.

“Allá arriba, además, el café ha recobrado su auge; allá el café es de primera cuando se produce a más de 600 metros sobre el nivel del mar. Los cafetales han sido renovados y se sacan cientos de miles de quintales”, destaca.

La Asociación de Mencieros Ausentes reclama que las comunidades de la sierra sean incluidas en el desarrollo turístico y se preserve su identidad cultural.

Advierte sobre encarecimiento del costo de la vida, especulación inmobiliaria y pérdida de control sobre terrenos y espacios tradicionales. Llama la atención sobre riesgos sociales como cambios acelerados en la dinámica social, presión sobre los servicios públicos, impacto ambiental y alteración de la convivencia.

“La carretera que comunica a Mencía, La Altagracia y Los Arroyos está en muy mal estado, aunque en La Altagracia están asfaltando algunas calles; el agua aún no llega a cada hogar”, resalta el periodista Waldry Méndez Valenzuela, presidente de la entidad en Santo Domingo.

En el llano, cada año se pierde la producción del muy importante proyecto de mangos, en Los Olivares, cuatro kilómetros distantes del pueblo.

El Gobierno no ha instalado una agroindustria para el procesamiento de la dulce fruta tropical (drupa). No hay acompañamiento ni incentivos gubernamentales para mejora o sustitución de las plantaciones.

El Proyecto de Desarrollo Agrícola del Valle de Juancho (Prodevaj-asentamientos campesinos AC-530 y AC-511) discurseado como la panacea para la demanda de alimentos del campo de la región y del destino turístico, ha terminado en el abandono, con anuncios de declaración de muerte en 2021 por parte de un director del IAD y bajo planes de convertirlo en cañaveral para el ingenio Barahona, administrado por una empresa guatemalteca. Juancho es el otro distrito municipal de Pedernales. Hacia el este, colinda con el municipio Enriquillo, Barahona.

El Prodevaj es un proyecto asociativo con tres fincas de 6,000 tarreas cada una, divididas en bloques de 500, para 32 parceleros, con reservorio para 46 millones de galones de agua que se captarían del río Nizaíto, en el municipio Paraíso, Barahona, y distribuida por bombeo.

En febrero de 2022, a menos de dos años del primer período del presidente Abinader, tres funcionarios del sector agrícola visitaron el lugar y prometieron el rescate.

El director del Instituto Agrario Dominicano, Francisco Guillermo García (sustituido recientemente); el director ejecutivo del Instituto Dominicano de Recursos Hidráulicos (Indrhi), Olmedo Caba; y el director de la Comisión de Fomento a la Tecnificación del Sistema Nacional de Riego, Claudio Caamaño, con su visita, reverdecieron las esperanzas en los labradores al garantizar la intervención gubernamental.

Pero -como advierte el agrónomo, ecologista y activista de derechos humanos, Ricardo Estévez (Cano)-, corriendo el año 2026, aquello está en nada.

“Y peor, porque las tierras del proyecto se contaminan con el aceite que desparraman las aspas de parque eólico”.

Tramo de El Derrumbao, municipio La Ciénaga, carretera Barahona-Pedernales. Fuente externa.

Cano siembra los predios de sus progenitores en la sección Aguas Negras, en la loma, y critica la falta de atención al campo y a los municipios. Cree que la población está adormecida y no advierte sobre el deterioro.

Observa gran retraso en la construcción de la carretera Barahona-Pedernales. Duda que el tramo Enriquillo-Pedernales (74 km) sea terminado antes de la salida del presidente Abinader, pese a que fue prometido para terminar antes de 2024.

Sobre el encarecimiento de los servicios, ironiza: “Aquí está más caro que Bávaro: una casa en Los Cayucos (periferia de la ciudad), diez y doce mil pesos; si es en el casco urbano, entre doce y quince mil… Antes de comenzar las inversiones en Cabo Rojo, los precios de los alquileres eran de tres a cinco pesos en la parte alta y en el casco urbano, diez mil…  Es locos que están, en Pedernales; yo fui a Higüey hace unos días y conseguí una habitación con aire y televisión a 600 pesos la noche; en Barahona, lo mismo por 500 pesos. En Pedernales eso no consigues en ninguna parte … La comida, también está más cara que en Bávaro y Puerto Plata…”.

Estévez atribuye los altos precios a la demanda de habitaciones por parte de los ingenieros y otros empleados que han llegado de fuera para trabajar en la construcción de los hoteles en Cabo Rojo, y tienen mejores ingresos.

Según los datos oficiales, la provincia registra un déficit habitacional cuantitativo de 65%, que subiría a 80% si se agrega el déficit cualitativo. El Ministerio de la Vivienda y Edificación (Mived) no ha construido ni una casa en el marco del proyecto de desarrollo turístico.

En cuanto a posibilidades de explotación tierras raras, Estévez lo rechaza de entrada.

Advierte sobre riesgos de daños muy altos porque el territorio de la provincia se caracteriza por clima semiárido con riesgo de desertificación; suelos frágiles de baja fertilidad, ecosistema con predominio de bosque seco, alta biodiversidad, escasez de agua, áreas protegidas como los dos parques nacionales y el área nacional de recreo Cabo Rojo.

“Altos riesgos ambientales, especialmente por la escasez de agua y vulnerabilidad de los ecosistemas. Podría agravar la desertificación y el turismo sostenible, que es una de las oportunidades de desarrollo de la provincia. Si lo hacen, veremos pérdida de tierras agrícolas”, puntualiza.

La pedernalense Jacquelin Rodríguez, pequeña empresaria con negocios inmobiliarios en el municipio Pedernales y salón de belleza en New Jersey, Estados Unidos, saluda que el Gobierno reconstruya la carretera Barahona-Pedernales, pero se queja del gran retraso.

“Y no debería ser porque es la única que tenemos. Eso desmotiva a los visitantes y daña los negocios. Inversionistas van y no quieren regresar, por el peligro. Cuando voy, sufro mucho en el camino, es muy riesgoso y se dura mucho tiempo en el camino. Uno termina muy agotado y sin ánimo para volver”.

En la misma dirección se expresa el entrenador deportivo y emprendedor, Ambiorix Zapata. “Está difícil la carretera; desde Tres Charcos (donde hacen el aeropuerto) hasta Pedernales no se ha hecho nada. No la terminarán en lo que resta de período. O tal vez están esperando para usarla como boom político en las elecciones del año 2028. Pero esto no se aguanta”.

José Miguel Urbáez, servidor público, cree que se ha avanzado entre Enriquillo y Oviedo, pero -como Zapata, opina que la construcción está muy lenta desde Oviedo hasta Pedernales.

“Y en cuanto al turismo, si no se toman más medidas de lugar, se corre el riesgo de convertir a Pedernales en un Verón cualquiera, como allá en Higüey (arrabalización, hacinamiento, inseguridad, promiscuidad, violencia)”.

El virtuoso músico Ramón Méndez (Mon Matilde), con tres décadas como director de la academia y la banda de música municipales, sigue en espera de un equipamiento de instrumentos y una dignificación de los músicos que nunca llegan, pese a que los músicos son los “paños de lágrima” de las autoridades para cada actividad.

Pese a sostenidos reclamos públicos para dotar de instrumentos a tales entidades, no hay reacción del ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, ni de ninguna institución gubernamental.

“Ni una caña para los instrumentos tenemos… nada, nada; apenas tenemos una camisita blanca porque nos la regaló un muchacho que es abogado. Estamos igualitos o peor, no tenemos quien nos escriba… El ministro ha venido dos veces, y nada, parece que la música no importa… Tanto dinero que se gasta en otras cosas”, comenta Méndez con visible desencanto.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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