Con nuestro corresponsal en Madrid, Daniel Rodríguez.
Una multitud abarrotaba este viernes 24 de abril la entrada de las oficinas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) de Madrid. Son personas procedentes de lugares de todo el mundo, pero no son refugiados, sino trabajadores migrantes que aspiran a regularizar su situación en España.
Acuden a la sede de esta entidad porque allí pueden conseguir el "certificado de vulnerabilidad".
“No lo habían colocado, pero a última hora lo colocaron y nos pusieron a correr”, explica Amalia, colombiana, sobre este documento que el Gobierno de España ha hecho obligatorio, en el último momento, para que personas migrantes como ella que ya residen en el país puedan sumarse al proceso de regularización que beneficiará a medio millón de ciudadanos extranjeros.
Como Anabel, hondureña, que ha llegado a primera hora de la mañana y aguarda con buen ánimo su turno. “Es lento, pero con tal de que logremos entrar no importa la hora que toque”.
La espera le merece la pena, porque conseguir los papeles mejorará su precaria situación laboral: “Sin papeles nadie quiere contratar”.
Estos días se agolpan miles como ella en puertas de organizaciones y oficinas de la administración, formando larguísimas filas para conseguir una cita de forma presencial, porque por internet ya es imposible por la altísima demanda de peticiones.
El Gobierno de España presidido por el socialista Pedro Sánchez aprobó el pasado 14 de abril este proceso extraordinario que se prolongará hasta el 30 de junio para que los extranjeros en situación irregular puedan presentar la documentación requerida.
En la fila que se extiende junto a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, una organización no gubernamental, se producen tensiones, aunque también hay escenas de solidaridad. Un grupo de marroquíes comparte té y dulces a los que llevan horas esperando su turno.
Algunas desde antes del amanecer, como Dalila, que lleva desde las seis de la mañana. Colombiana de Cali, ella prefiere el café, que reparte con generosidad el paraguayo Sadrac, vecino del barrio que ya pudo regularizar su situación y ha acudido junto a su pareja para ofrecer gratis desayunos a los que permanecen desde hace horas en la calle con la esperanza de conseguir el ansiado certificado de vulnerabilidad.
“Sabemos que la gente lleva dos o tres días aquí, y le traemos algo calentito para el cuerpo, hay que ayudar de alguna manera”, explica Sadrac mientras sirve cafés con leche con los termos que ha traído, junto a galletas y bocadillos, en el maletero de su vehículo.
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