En el centro de Pekín, este 28 de mayo, una veintena de diplomáticos se preparan para tomar la salida de una carrera de unos pocos kilómetros a lo largo del río Liangma. Algunos lucen camisetas con el lema "love is love", otros llevan pulseras o pendientes con los colores del arcoíris. Como cada año desde 2024, la embajada de Finlandia organiza en las calles de la capital china una "Rainbow Run". El evento —reservado exclusivamente a diplomáticos— se celebra en el marco de la Semana de la Diversidad de Pekín (del 25 al 31 de mayo), por iniciativa de la delegación de la Unión Europea en Pekín, con el fin de promover la inclusión y la diversidad.
Sin embargo, la víspera del evento, la embajada finlandesa recibe advertencias: se ponen en contacto con uno de sus diplomáticos destinados en la capital y con un agente local chino. Por teléfono, el tono es amenazante. Su interlocutor se presenta como miembro de la Oficina de Seguridad Pública (OSP). Les advierte: la carrera va en contra de la cultura china.
Al día siguiente, el día de la carrera, los participantes se encuentran con un dispositivo policial inusual en las inmediaciones de la embajada. Hay un gran número de agentes de las fuerzas del orden apostados en la zona. Unas vallas bloquean el acceso a una parte del recorrido. Las autoridades chinas exigen la cancelación del evento, alegando quejas de padres preocupados por el posible impacto en los niños.
A pesar de estas presiones, una quincena de diplomáticos toman la salida. A lo largo del recorrido, algunos son seguidos por policías de civil y fotografiados. A otros se les impide físicamente, durante un tiempo, salir de la embajada. "Aunque no hubo violencia, se trata de una violación de la Convención de Viena sobre la inmunidad diplomática", afirma un diplomático europeo destinado en Pekín. El episodio provocará que el encargado de negocios chino sea convocado a Helsinki.
"Retenidas durante casi 7 horas"
Al día siguiente, se produjo otro incidente, esta vez con dos drag queens que se encontraban en China por invitación de la delegación de la Unión Europea para la Beijing Diversity Week.
"Hasta entonces, la semana había transcurrido bastante bien", cuenta una de ellas, la artista hispano-británica Choriza May, una figura reconocida del mundo del drag. "Pero en la noche del 29 al 30 de mayo, cuando volvíamos de una fiesta, recibí una llamada de la recepción del hotel para decirme que la policía estaba abajo".
Las dos drag queens fueron conducidas a una sala, interrogadas y se les confiscaron los pasaportes. "Nos retuvieron durante casi siete horas", afirma Choriza May. "Me dieron dos opciones: pagar una multa o abandonar China".
Según la artista, las autoridades alegaron un problema con el visado, al considerar que su presencia en el país no respondía a una actividad turística. Una justificación que ella rebate. "Les respondí que estábamos en China en el marco de un intercambio cultural organizado por las embajadas y que, por ello, estábamos exentas de visado de trabajo. Querían el nombre de la persona que nos había invitado a una discoteca, pero yo no disponía de esa información".
Según su testimonio, los agentes de policía buscaban sobre todo identificar a quienes las habían invitado unos días antes al "Destination", una de las discotecas gais más famosas de la capital china, que se vio obligada a cerrar repentinamente durante el fin de semana por decisión de las autoridades.
Las dos artistas fueron finalmente puestas en libertad a primera hora de la mañana. En una carta manuscrita dictada por la policía, se comprometen a "no llevar a cabo ninguna actividad contraria a la ley china" y a "respetar la cultura y las costumbres" del país.
Una de las dos drag queens, la belga Edna Sorgelsen, perderá su vuelo, pero podrá volver a Hong Kong el 30 de mayo. En cuanto a Choriza May, permanecerá, tal y como estaba previsto, dos días más en China, durante los cuales afirma haberse sentido "vigilada constantemente".
"En general, la semana ha sido todo un éxito", destaca el diplomático europeo en Pekín, "pero esta edición de la Beijing Diversity Week también se ha caracterizado por un nivel inusual de presión y vigilancia en torno a las expresiones más visibles de la diversidad LGBT+, en particular los símbolos del arcoíris y los espectáculos de drag".
Aumento brusco de las presiones
Para los diplomáticos europeos, estos incidentes se inscriben en una tendencia general más amplia de aumento brusco de las presiones sobre los centros culturales extranjeros afiliados a las embajadas en China, algo sin precedentes desde la época de la COVID, en particular sobre los eventos relacionados con la diversidad sexual y de género.
Y es que otros eventos organizados en el marco del Mes del Orgullo también han sido objeto de presiones. El 6 de junio, el Instituto Francés de Pekín se vio obligado a cancelar la proyección de dos películas protagonizadas por personas LGBT+ —Enzo de Laurent Cantet, dirigida por Robin Campillo, y Eat the Night, de Caroline Poggi y Jonathan Vinel— tras la intervención de agentes de policía que acudieron para identificar a los espectadores chinos.
El 10 de junio, en Cantón, otra proyección organizada por el Instituto Francés en colaboración con el consulado de Canadá en las instalaciones de este último había sufrido dificultades similares. Las autoridades habían obtenido con antelación la lista de inscritos. Se había contactado con algunos participantes chinos, e incluso con sus empleadores, para disuadirles de asistir al evento. En el lugar, los agentes de policía llevaron a cabo controles de identidad e interrogaron a varios espectadores.
A finales de marzo, el Instituto Goethe también se había enfrentado a una fuerte presencia policial durante unas proyecciones organizadas junto con el British Council. Se habían desplegado alrededor del edificio unos treinta agentes, tanto de uniforme como de civil. Se realizaron controles en la entrada, mientras que algunos policías se instalaron en la sala para tomar fotografías del público.
Una restricción de los espacios de libertad
Estos incidentes preocupan a las representaciones diplomáticas europeas, que los ven como un indicio de un endurecimiento más general del clima en torno a las cuestiones LGBT+ en China.
"Observamos un entorno cada vez más restrictivo para la sociedad civil, los espacios comunitarios y las formas de expresión identitaria que no se ajustan al discurso oficial", afirma una fuente diplomática.
La homosexualidad dejó de estar tipificada como delito en China en 1997 y existen varios espacios comunitarios. Sin embargo, los lugares de encuentro para la comunidad LGBT+ siguen siendo escasos y son objeto con frecuencia de cierres administrativos o de presiones policiales.
"Siempre ha existido una importante comunidad clandestina que permite a las personas LGBT+ reunirse", explica Ashley Jiang, creadora del primer programa de citas para lesbianas producido por y para un público chino. "Pero las personas queer siguen estando muy marginadas y el control ejercido por el Estado se ha reforzado considerablemente en los últimos años".
Los activistas chinos denuncian un colapso del ecosistema LGBT+. Los contenidos en línea son censurados y los grupos son eliminados con frecuencia en cuanto ganan demasiada visibilidad. En las universidades, las asociaciones LGBT+ ya no pueden registrarse oficialmente.
"Cada vez es más complicado abordar abiertamente estas cuestiones o crear espacios de diálogo", resume Ashley Jiang, que ahora reside en Estados Unidos.
"Sin embargo, la visibilidad importa", subraya el diplomático europeo, quien asegura que la Semana de la Diversidad de Pekín volverá el año que viene. "Ver a artistas o a personas hablar abiertamente sobre la diversidad es importante. Eso transmite un mensaje: existes, no estás solo".
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