Damnificados claman en Chile por ayuda entre las ruinas que dejan los voraces incendios forestales en el sur del país, que han causado hasta ahora 20 muertos, mientras el gobierno considera que algunos podrían tener origen intencional. Las altas temperaturas cedieron el martes y dieron un respiro a los bomberos que luchan por sofocar las llamas.
Los incendios forestales se iniciaron la tarde del sábado en las regiones de Ñuble y Biobío, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago. En particular, en la Región del Biobío vuelve a ponerse el foco sobre la vulnerabilidad de este territorio.
¿Por qué el fuego se ha propagado con tal ferocidad? Varios analistas advierten que no se trata solo del clima, sino también de un tipo de paisaje que se ha convertido en una trampa.
Jorge Félez-Bernal, geógrafo del Centro de Ciencias Ambientales EULA-Chile de la Universidad de Concepción, explicó a Pauline Gleize, periodista de RFI, que casi la mitad de la región del Biobío está cubierta por plantaciones industriales. Esta situación, sumada a otras condiciones como la megasequía que afecta desde hace más de una década al centro y sur de Chile, facilita la propagación del fuego.
"En nuestra región del Biobío tenemos aproximadamente el 40% de la superficie total cubierta por monocultivo forestal, es decir, pino radiata y eucaliptus globulus. Son vastas extensiones de territorio donde existe una continuidad del combustible, el cual se encuentra estresado por condiciones asociadas a la crisis climática. También hay un trasfondo ligado a la megasequía y al descenso de la humedad, lo que hace que el combustible esté más estresado y que, cuando se produce una ignición, el incendio se propague de forma vertiginosa", señala.
El mayor problema es el monocultivo forestal
El geógrafo indicó que el problema de base en la región es el dominio abrumador del monocultivo forestal.
"En condiciones de continuidad horizontal y vertical, y sin un manejo adecuado de las plantaciones de monocultivo forestal, la ignición pasa rápidamente desde el suelo a las copas de los árboles y, desde ahí, se extiende de manera horizontal a lo largo de cientos de miles de hectáreas", subraya.
Félez-Bernal explica que las masas de bosque nativo también se queman, pero lo hacen de una manera diferente, ya que no arden con una intensidad tan elevada.
"Tenemos muchos tipos y subtipos de bosque nativo. Existen formaciones forestales esclerófilas que están, en cierta forma, más adaptadas a sufrir estas condiciones de estrés en verano y, por lo tanto, son proclives a frenar en cierta medida el avance de los incendios, porque en esa estación están más latentes. También está el caso de las formaciones asociadas a la Araucaria araucana, la especie más emblemática de esta parte del país, que ha sido capaz de evolucionar con el fuego para tratar de frenar el avance de las llamas".
Según cálculos iniciales basados en FIRMS —el Sistema de Información sobre Incendios para la Gestión de Recursos, un sitio web gratuito de cartografía de incendios ofrecido por la NASA y citado por Jorge Félez-Bernal—, el 80% de la superficie quemada corresponde a monocultivo forestal y cerca del 8% a bosque nativo. El propio geógrafo advirtió, no obstante, que no se trata de cifras exactas.
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