En Ucrania, el nombre de Olechky está en boca de todos desde hace semanas. El sábado 1 de noviembre, varios autobuses humanitarios trasladaron a parte de la población de esta ciudad, ocupada desde 2022, hacia territorio ucraniano no ocupado. Reina una intensa actividad en un terreno baldío acondicionado para la ocasión. Una fila de ambulancias y autobuses de la Cruz Roja ucraniana está estacionada junto a varias carpas climatizadas, donde se encuentran distintas organizaciones humanitarias: Médicos Sin Fronteras, World Central Kitchen, Cáritas, UAnimals… Decenas de personas están preparadas.
En medio del frío otoñal, comienzan a llegar las familias que quedaron separadas de sus seres queridos en Olechky. Algunas abandonaron la ciudad en 2022; otras lograron salir en 2024, tras un largo recorrido por los campos de filtración rusos, o antes de que las fuerzas de ocupación rusas minaran todas las vías de acceso a la ciudad.
Una espera angustiosa para las familias
Dasha, de 16 años, está allí con su hermana Lisa, de 19, y su madre, Yana. Las tres salieron de Olechky en 2024 y desde entonces no han vuelto a ver al padre de familia. No han tenido noticias suyas desde el comienzo del alto el fuego, pero esperan encontrarlo entre los evacuados. Durante las largas horas de espera, Dasha cuenta que su padre «intentaba tranquilizarnos y no nos contaba todo lo que vivía bajo la ocupación».
"Un día nos contó que los rusos estuvieron a punto de matarlo, que le pusieron ametralladoras en la sien", continúa. "¡Solo tres meses después nos contó los detalles, diciéndonos que estaba bien y que no teníamos por qué preocuparnos!".
Como muchos habitantes de Olechky, cuando su familia abandonó la ciudad ocupada, el padre decidió quedarse para no abandonar su casa ni sus animales, a pesar de las precarias condiciones de vida. Durante todos estos años sobrevivió a los bombardeos diarios y al acceso irregular a la electricidad, gracias a la energía solar y a un pequeño generador.
Después de una separación tan larga, la espera se vuelve insoportable para los familiares. Muchos temen que las fuerzas de ocupación rusas hayan impedido la salida de los habitantes de Olechky.
Reencuentros conmovedores y lágrimas de alegría
Llega un primer vehículo. Antes incluso de que se apague el motor, se escuchan ladridos y maullidos desesperados. Se abre el camión. Los primeros evacuados de Olechky en pisar territorio ucraniano no ocupado son los animales domésticos. Hay decenas de jaulas con más de un centenar de animales completamente aterrorizados, exhaustos, extremadamente delgados y cubiertos de excrementos. El terror en sus ojos da cuenta del infierno del que ellos también acaban de salir. Mientras la ONG UAnimals se ocupa de los animales, no se escucha ningún otro ruido, salvo sus gemidos.
Todavía hay que esperar un buen rato hasta que, por fin, aparecen varios autobuses humanitarios. A través de las ventanas se distingue a los habitantes de Olechky. Van envueltos en banderas azules y amarillas. Sonríen y, antes incluso de que se abran las puertas, Dasha lanza un grito de alegría y corre hacia uno de los autobuses: acaba de ver a su padre.
Los autobuses se estacionan, se abren las puertas y comienzan a bajar los habitantes de Olechky que decidieron trasladarse a la Ucrania no ocupada. A petición de Rusia, la delegación ucraniana no revela cuántos son y pide a la prensa que tampoco divulgue esa información, para no poner en peligro futuras misiones.
Entre los pasajeros hay una mayoría de personas mayores. Todos relatan el horror de su vida cotidiana desde la ocupación rusa. Las familias se reencuentran, se abrazan y se besan. Corren las lágrimas y el alivio es palpable. Se ven los ojos enrojecidos y los rostros demacrados de los habitantes de Olechky.
Pavlo y Lidia G., recibidos por su hija, cuentan la escasez de alimentos que han padecido. "Desde hace semanas sobrevivíamos con las pocas verduras que teníamos en el huerto. Ya no había nada más", relata Lidia. "¡He perdido entre doce y quince kilos, ya se me caen los pantalones!".
Testigos del horror de vivir cerca del frente
Valera, de 28 años, acaba de recuperar a su perra. La abraza mientras cuenta su experiencia.
"Había drones todo el tiempo, que te apuntaban, te buscaban y a veces desaparecían en el cielo. Murió mucha gente", relata. "Algunos murieron por ataques de drones, otros por las minas. Toda la ciudad está minada. Hay barrios enteros que ya no existen. Todo está destruido. Los edificios residenciales de cuatro o cinco pisos se incendiaron. Cerca de mi casa solo quedaban montones de ladrillos. No sé cómo sobreviví. Era aterrador, sobre todo para quienes habían conservado su pasaporte ucraniano".
Muchos de los evacuados explican que numerosos habitantes no se atrevieron a salir con la delegación ucraniana por miedo a tener que pasar por los campos de filtración rusos.
Muchos llegan solos, desorientados, y son atendidos por los servicios sociales. Serán examinados en un hospital cercano antes de ser trasladados a centros de alojamiento de emergencia.
Al caer la noche, después de comer y reponer fuerzas, los habitantes de Olechky vuelven a subir a los autobuses rumbo a Kiev. A lo largo de la carretera, cientos de ucranianos han esperado durante todo el día para recibirlos entre vítores, aprovechando esta poco frecuente buena noticia para celebrar.
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