La excepcional sequía que atraviesa Europa perturba el buen funcionamiento de las centrales nucleares en varios países. En Hungría y Rumanía, los niveles excepcionalmente bajos del río Danubio llevaron a la paralización de varios reactores nucleares.
Este jueves, Rumania detendrá su única central nuclear, por primera vez desde la sequía de 2003, ya que el caudal del río Danubio, que contribuye a su refrigeración, cayó a un nivel nunca visto, anunció el gobierno.
Francia, por su parte, gigante de la producción de electricidad de origen nuclear, suspendió el 20% de su capacidad de producción eléctrica a causa del calor. En algunos casos, se pararon reactores nucleares para preservar la fauna y la flora de los ríos. Las normas ambientales prohíben a las centrales nucleares verter agua caliente en los ríos cuya temperatura supera los 28 grados para evitar la muerte masiva de peces.
En otros casos, la temperatura del agua de río ya no permite enfriar las infraestructuras, explica Francisco Castejón, miembro del Consejo de Seguridad Nuclear español.
“Una central nuclear genera una cantidad de energía de la cual solo se aprovecha 1/3. Las otras 2/3 hay que evacuarlas en sistemas de refrigeración que lo más normal es que sean a través de una gran masa de agua en un río. Bien el mar. Si el caudal de refrigeración no es suficiente para evacuar ese calor residual de las centrales, esas 2/3 de la energía que se producen, pues la central no tiene más remedio que parar. “
En Francia también se han paralizado tres reactores de una planta nuclear por la presencia de medusas cuya reproducción se ve favorecida por el aumento de la temperatura del mar.
“Esto también ha ocurrido en España”, recuerda Francisco Castejón.
“Hay algunas especies invasoras en los ríos, en los mares. Nos hemos encontrado, en el caso de centrales españolas, con invasión del mejillón cebra que ha taponado las tomas de agua de los ríos. O, efectivamente, la acumulación de medusas que, en la toma de agua, pues puede bloquearla igualmente.”
España, país europeo que enfrenta olas de calor con frecuencia, buscó soluciones hace varios años para mantener su producción eléctrica de origen nuclear, incluso en caso de calor extremo. Francisco Castejón recuerda el caso de la planta de Almaraz en el centro del país. “La planta nuclear de Almaraz fue sancionada por el Consejo de Seguridad Nuclear por arrojar agua a más alta temperatura de la permitida y matar un montón de peces del embalse. Entonces, a raíz de aquello, se instalaron unas torres de refrigeración y unos aspersores para hacer bajar la temperatura del agua”.
Lo mismo en la central de Zorita, donde “se implementó una batería de torres de “enfriamiento. Es muy raro que una central española tenga que parar”, constata Castejón.
Con el calentamiento global de origen humano. Los climatólogos anticipan un aumento de la frecuencia y de la intensidad de estas olas de calor. La empresa energética EDF de Francia prevé, por ejemplo, 9 mil millones de euros de obras para adaptar sus infraestructuras al cambio climático.
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