El origen de este libro está en el diario que Gabriel escribió en los años 80 sobre el calvario que vivió entre 1937 y 1941. Pasó más de cuatro años en las cárceles del franquismo, primero en Soria, después en Torrero, Zaragoza, y los últimos meses en el Dueso, Cantabria. El libro incluye extractos de ese diario escrito a mano, conversaciones de Mavi Doñate con los descendientes de quienes lo denunciaron, muchos eran familiares, también una investigación de archivos y entrevistas con expertos para entender la historia de su abuelo, que es la historia de muchos jóvenes de zonas rurales sin compromiso político que se vieron arrollados por la guerra civil.
Del baúl del pueblo a un libro: el diario carcelario de un inocente en las prisiones franquistas
Mavi Doñate recuperó el diario de tapas marrones en los años 90. Llevaba mucho tiempo en un baúl hasta que su abuela se lo dio. Pero pasaron años hasta que la periodista decidió estudiarlo.
“Lo había hojeado… yo sabía que mi abuelo había estado en la cárcel”, cuenta. Pero no fue hasta el 2021 con su llegada a París, después de haber estado de corresponsal en Pekín, cuando decidió leerlo a conciencia: “Yo creo que no estaba todavía preparada. Sabía que era duro, sabía que tenía que tener cierta madurez y luego me animó mucho esas conversaciones que tuve con esos franceses descendientes de españoles”, explica, haciendo referencia a los descendientes de esos cientos de miles de personas que se exiliaron a Francia tras la victoria de los fascistas en 1939.
Celos, tierras y rencillas: las miserias humanas detrás de las denuncias durante la guerra civil
La historia de Gabriel condensa muchas de las dinámicas perversas de la Guerra Civil en la España rural. Le denuncian desde su propio pueblo cuando le llaman a filas en Molina de Aragón (Guadalajara), zona controlada por los sublevados fascistas. Pero decide no adherirse e huir.
"Yo salí de casa en la madrugada del día 8. No me despedí de nadie, por lo que en el pueblo sospecharon que me iría a la zona republicana", escribe en su diario. En un momento dado, por miedo a que su familia sufriera represalias, Gabriel se arrepiente y quiere tomar un autobús hacia Soria, donde lo han convocado para enrolarse. Pero nunca llegará, alguien del pueblo llama para denunciarle por izquierdista. "La pregunta es ¿quién llama del pueblo para denunciar?", se cuestiona Mavi Doñate.

Una denuncia que lo arrojó a la celda y a un falso juicio en el que le condenaron por "rebelión a la causa nacional". Un juicio en el que ocho personas del pueblo, vecinos y familiares, no testificaron a su favor. A partir de ese momento comienza un periplo de más de cuatro años por las cárceles franquistas que Gabriel describe así en su diario. "Formaciones continuas a toque de corneta, frío, hambre, miseria, piojos, chinches, sarna, contagios infecciosos, insultos, castigos sin fundamento, trabajos forzados. Celdas sin váteres ni agua. Comer de pie por falta de espacio, dormir sentados o amontonados” y siempre con las amenazas de ser fusilado.
El caso de Gabriel no es el único en esa España rural de la guerra donde “se canalizaron todas esas miserias humanas… celos por tierras, por lindes, los odios, las miserias que había anteriormente”, señala Doñate al describir cómo un conflicto bélico amplificó los conflictos de un pueblo pequeño y humilde.

"Mi abuelo perdonó, pero no pudo olvidar"
Uno de los episodios más dolorosos que descubre en el diario es la actitud del propio hermano de su abuelo, jefe local de Falange, que se niega a ayudarle cuando el juez le pide informes favorables. “Es una carta muy ambigua, pero le viene a decir: si son buenos, no me los agradezcas; si son malos, no me los tengas en cuenta”, relata Doñate. Aun así, la historia no termina en el rencor: “Yo recuerdo ver a mi tío abuelo en casa y en una relación muy normalizada… mi abuelo perdona”, subraya, sorprendida por su capacidad de resiliencia.
Cómo contar el olvido
Más allá de la investigación histórica y de la transcripción del diario, Cuéntame el olvido es también un viaje íntimo de la autora hacia su propia memoria familiar. Doñate ha hablado con los descendientes de esas personas que denunciaron a su abuelo, pero no siempre ha obtenido respuestas. Aquellos que vivieron la guerra no contaban mucho, o lo justo. Muchos de sus descendientes no sabían ni siquiera que Gabriel había pasado más de cuatro años en la cárcel. “Soy yo la que hace este viaje en el que compruebo que el final llega enseguida en algunos caminos que se convierten en una especie de callejón sin salida”, escribe.
Pese a lo mucho que ha averiguado, quedan preguntas sin respuesta: “Sobre todo no encontré la respuesta de quién llama del pueblo para decir que ha huido… y si mi abuelo estuviese vivo, le preguntaría cómo se aprende a vivir habiendo perdonado, pero con la imposibilidad, yo creo, de olvidar”, concluye la autora.
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Coordinado por Florencia Valdés, realizado por Souheil Khedir y Vanessa Loiseau.
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