La convocatoria de este 5 de noviembre, presentada por los sindicatos como un nuevo pulso contra la pérdida de poder adquisitivo y los recortes previstos en los servicios públicos, ha entrado en una nueva fase respecto a las semanas anteriores.
A las movilizaciones ya anunciadas en los sectores de la educación, la sanidad, los transportes, los puertos y Correos, se sumaron este jueves amplios contingentes de estudiantes de secundaria y universitarios, así como colectivos vinculados al movimiento de los chalecos amarillos.
A media jornada, el Ministerio del Interior cifraba en 270.000 los participantes en 180 manifestaciones fuera de la capital. En Marsella, la prefectura contabilizó 14.000 asistentes, mientras que los sindicatos elevaron la cifra hasta 150.000 personas. La manifestación parisina, entre las plazas de la República y de la Nación, comenzó a las 14:00 horas.
Los dirigentes sindicales celebraron una participación superior a la de las últimas movilizaciones. La secretaria general de la CFDT, Marylise Léon, aseguró recibir "muy buenos datos" desde las regiones y anticipó una fuerte afluencia durante la tarde en París. Por su parte, la líder de la CGT, Sophie Binet, afirmó que la jornada constituye "solo el comienzo" y advirtió de que las protestas continuarán mientras el Ejecutivo y la patronal no den respuesta a las demandas planteadas.
Las principales reivindicaciones siguen centradas en aumentos salariales, una revalorización de las remuneraciones de los funcionarios y más financiación para los servicios públicos. Los sindicatos también reclaman una revisión profunda de los proyectos presupuestarios presentados por el gobierno.
En el ámbito educativo, la movilización ha tenido un impacto desigual según las fuentes. El Ministerio de Educación informó de que cerca del 16 % de los docentes y más de una cuarta parte del personal de vida escolar secundaban la huelga al mediodía. Sin embargo, el sindicato SNES-FSU aseguró que el seguimiento superaba el 50 % entre el profesorado de secundaria y que cerca de un millar de liceos estaban bloqueados parcial o totalmente o habían sido cerrados administrativamente. Sindicatos y organizaciones estudiantiles advertían por su lado que la protesta continuará si el gobierno no responde a sus reivindicaciones.
La jornada estuvo marcada además por algunos incidentes. El Ministerio del Interior informó de tensiones en Lyon, donde varios centenares de personas formaron un bloque negro, y de enfrentamientos durante la dispersión de la manifestación en Nantes. En París, las fuerzas de seguridad intervinieron para disolver varios grupos que intentaron organizar marchas no autorizadas antes del inicio oficial de la protesta.
También se registraron episodios de violencia vinculados al movimiento estudiantil. Cerca de Toulouse, un incendio provocado por morteros pirotécnicos dañó instalaciones del liceo Françoise de Tournefeuille. En Rennes, varios policías fueron objeto de lanzamientos de bolas de petanca frente a un centro educativo. Asimismo, las autoridades señalaron ataques con proyectiles contra personal docente y agentes de policía en ciudades como Pau y Orleans.
Ante el temor a una repetición de los disturbios registrados el 17 de octubre, el gobierno desplegó un amplio dispositivo de seguridad con 70.000 policías y gendarmes en todo el país, apoyados por vehículos blindados Centaure, cañones de agua, drones, helicópteros y unidades especializadas como el RAID, el GIGN y la BRI.
La evolución de la movilización durante la tarde, especialmente en París, será clave para determinar si esta cuarta jornada de protestas logra igualar o superar las cifras registradas en las anteriores convocatorias y si la presión sindical obliga al gobierno a abrir nuevas negociaciones.
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