El Lago Uru Uru ubicado en el altiplano boliviano fue hasta hace unas décadas un extenso espejo agua, refugio de decenas de miles de flamencos y más 70 otras especies naturales. Sus aguas estaban tan limpias que eran potables y la abundancia de peces brindaba un sustento valioso para las familias que vivían en sus orillas.
Sin embargo, el crecimiento demográfico de la ciudad vecina de Oruro y el auge de la minería ponen en peligro el lago Uru Uru, clasificado en la lista Ramsar de los humedales vitales para la biodiversidad mundial.
En muchas zonas, el lago Uru Uru se ha convertido en un cementerio de botellas de plástico y de sus aguas se desprenden un olor fétido por la llegada de aguas usadas de Oruro. En 2025 cincuenta toneladas de plásticos y residuos sólidos fueron recolectadas en una campaña de limpieza del lago.
A ello se añade la contaminación por la escorrentía de metales pesados procedentes de los desechos mineros de plata y oro de San José y Kori Chaca. En 2018, un análisis del Centro de Ecología CEP reveló niveles de manganeso, níquel y arsénico tan altos que el agua no es apto para el consumo.
Hace 5 años, organizaciones de la sociedad civil boliviana llevaron el caso de la contaminación de la Uru Uru ante la justicia. Como resultado de esta acción, el Tribunal Constitucional de Bolivia obligó a las autoridades locales de Oruro a ejecutar políticas de remediación ambiental en el cuerpo de agua.
Iniciativa ciudadana
En paralelo, jóvenes de la región, principalmente mujeres e indígenas, crearon Uru Uru team para salvar el agua con un método basado en la naturaleza misma: la fitorremediación.
La organización liderada por Dayana Blanco fue reconocida con el premio Iniciativa Ecuatorial de Naciones Unidas en 2023. Y hace unos meses, la ONG Women engaged for a common future otorgó el premio Género y soluciones climáticas justas al equipo Uru Uru por sus labores de regeneración del lago sin el uso de tecnología.
RFI conversó con Gustavo Blanco, cofundador de la ONG Uru Uru y que acudió a la Cumbre Climática de Belém de Brasil para recibir el premio.
Escuche su entrevista completa conducida por Raphaël Morán de RFI:
En 2019, la organización de la que Gustavo es parte ha optado por la fitorremediación, una técnica natural que consiste en utilizar las plantas para capturar metales pesados en los suelos y las aguas contaminadas. Su equipo instala balsas flotantes para que las plántulas de totora, una planta tradicional de los lagos andinos, estén en contacto con la superficie del agua sin hundirse.
Para medir los efectos de la fitorremediación, la ONG encargó pruebas de laboratorio que encontraron que las áreas en el lago con totora habían reducido la contaminación con metales pesados en un 30%.
En cuanto a la contaminación plástica, la tendencia es alentadora: según la empresa municipal encargada de limpiar el lago, la cantidad de botellas, envases, juguetes y otros desechos plásticos ha ido disminuyendo con los años pasando de 300 toneladas levantadas en 2021 a 50 toneladas en 2025. Ello gracias a la colocación de rejillas en los canales de drenaje del lago, para evitar el paso de plásticos al lago.
Imágenes del lago Uru Uru por el Premio Ecuator de Naciones Unidas:
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