Enviado por Donald Trump, se espera que J.D. Vance dirija en Pakistán una ronda de negociaciones destinadas a convertir un alto el fuego de dos semanas, extremadamente frágil, en un acuerdo de paz a más largo plazo. En pocos días, este aislacionista pasó de ser un escéptico entre bastidores a convertirse en el rostro oficial de la diplomacia de crisis.
Desde los primeros ataques israelo-estadounidenses del 28 de febrero contra Irán, Vance formó parte, en el círculo más cercano a la Casa Blanca, de las voces más firmemente opuestas a una intervención estadounidense, al considerar que esta podría provocar un incendio regional y fracturar la base electoral de Donald Trump.
Según el New York Times, le habría dicho al presidente: "Creo que es una mala idea, pero si quiere hacerlo, lo apoyaré", justo antes de que Trump diera luz verde. El diario estadounidense también destaca que, mucho antes de asumir el cargo, Vance había advertido públicamente contra la mera idea de iniciar una guerra con Irán, al considerar que Estados Unidos sería "muy imprudente" si se involucrara en un nuevo conflicto.
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Vance, un exmarine que sirvió en Irak, ha basado su carrera política en el rechazo a las "guerras sin fin", mostrándose crítico con las intervenciones militares en el extranjero y el envío de tropas a conflictos interminables. En 2023, declaró en el Wall Street Journal que "¿la mejor política exterior para Trump? No iniciar guerras". Aquella época parece ya muy lejana.
Activo entre bastidores
Al inicio del conflicto, Vance se mantuvo prudentemente al margen de la escena. Politico señala que fue uno de los últimos funcionarios de la administración en publicar un mensaje de apoyo a los ataques en las redes sociales y que evitó los programas de televisión durante el primer fin de semana de la guerra. Pero no por eso fue menos activo entre bastidores, multiplicando los contactos con los intermediarios.
Politico informa que estuvo en contacto con el jefe del Estado Mayor pakistaní, el general Asim Munir, para preparar una propuesta de alto el fuego de 45 días, en un momento en que Pakistán se afirma como interlocutor clave. El propio J.D. Vance afirma haber pasado "mucho tiempo al teléfono", mientras que la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, insiste en que ha desempeñado "un papel muy importante, central" en las conversaciones "desde el principio".
Y cuando finalmente Donald Trump aceptó la mediación de Islamabad, fue a Vance a quien puso al frente. Por lo tanto, el vicepresidente debe encabezar la delegación estadounidense en Pakistán, acompañado por Steve Witkoff y el yerno del presidente, Jared Kushner. Suzanne Maloney, especialista en Irán y vicepresidenta de la Brookings Institution, ve en ello "un cambio notable en el enfoque diplomático de Trump", ya que hasta ahora Witkoff y Kushner llevaban prácticamente solos las riendas de las negociaciones.
Mensaje a Teherán
Este ascenso de Vance no es solo una decisión interna, sino también un mensaje dirigido a Teherán. Las rondas de conversaciones anteriores, llevadas a cabo por Witkoff y Kushner antes de la guerra, dejaron muy malas impresiones en el lado iraní. Según The Guardian, una fuente diplomática iraní afirmó no tener "ninguna confianza" en ese equipo y se negó a hablar "con el equipo de negociación anterior", al que acusaba de haber alimentado la ilusión de una solución diplomática. La misma fuente consideraba que JD Vance, contrario a la guerra y discreto durante el conflicto, sería un interlocutor mucho mejor.
Para varios analistas, el nombramiento de Vance al frente de la delegación estadounidense indica una voluntad real de lograr un alto el fuego duradero, con cierta flexibilidad y un mediador más creíble a los ojos del régimen iraní. Considerado un representante del ala pacifista del Partido Republicano, a este declarado aislacionista le convendría mucho alcanzar la paz, sobre todo si alberga ambiciones presidenciales para 2028. Y los dirigentes iraníes lo saben.
Porque para Vance, lo que está en juego es tanto diplomático como político. El vicepresidente está bien posicionado en la carrera para suceder a Donald Trump y su viaje a Pakistán se produce en un momento en que se perfila un duelo latente con el secretario de Estado Marco Rubio. Su posición es delicada: por su cargo, está estrechamente vinculado a una presidencia que ha optado por la guerra en contra de su opinión, pero también debe marcar una diferencia si quiere destacar como candidato potencial.
El académico Aaron Wolf Mannes, de la Universidad de Maryland, entrevistado por la AFP, considera que es muy raro ver a un vicepresidente "llevar a cabo negociaciones oficiales de esta manera" y califica esta misión de "muy arriesgada, pero con una posible gran recompensa" a la vista. Si Vance logra alcanzar un acuerdo que estabilice la tregua, aunque sea imperfecto, podrá atribuirse el mérito de haber sido el artífice de la distensión. Si las conversaciones fracasan, se pondrá en duda su capacidad para gestionar crisis. "Encontrar una solución que permita ocultar el problema sin abordar las verdaderas cuestiones" podría ser suficiente, estima el experto.
Un diplomático ambiguo
No obstante, en la escena internacional, la imagen de Vance es hoy ambigua. Crítico desde hace tiempo del apoyo estadounidense a Ucrania, fue él quien lanzó un ataque frontal contra Volodimir Zelenskyi durante una visita oficial del presidente ucraniano a la Casa Blanca. En Hungría esta semana, a la víspera de las elecciones, acudió a defender a su aliado de derecha Viktor Orbán, al tiempo que criticaba las injerencias extranjeras en la escena política húngara. Pero también sabe mostrarse en un papel diplomático más tradicional, como lo han demostrado sus recientes visitas a Armenia y Azerbaiyán.
Una ambivalencia que ya manifestó el jueves respecto al caso iraní, en la pista del aeropuerto de Budapest. Por un lado, endureció el tono al advertir que, si Teherán dejaba que las negociaciones fracasaran por la cuestión de la inclusión del Líbano en el acuerdo, sería "su elección", aunque fuera "una estupidez". Y, al mismo tiempo, admitió que pudo haber habido un "malentendido real" sobre este punto, un tono más matizado que el de otros funcionarios estadounidenses.
Es precisamente esta ambigüedad la que convierte a JD Vance en una figura central de la secuencia. Para los expertos, encarna a la vez la cautela de una parte del electorado republicano, cansada de las expediciones militares, y la apuesta de Trump de que la salida de la crisis puede confiarse a un hombre que, desde el principio, no creía en ella. Queda por ver si el hombre encargado de reparar una guerra que él no había deseado logrará convertir esa paradoja en una ventaja, o si, por el contrario, esa misión en Islamabad se convertirá en la carga que le haya impedido transformar la guerra en paz.
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