Aunque el norte de Israel es la zona más castigada por los proyectiles de Hezbolá numerosos habitantes no comparten el alivio general por la tregua de 10 días entre Israel y Líbano y se sienten traicionados por el Gobierno. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, había prometido una "victoria total", pero para muchos esta se ha convertido en un alto el fuego impulsado por Donald Trump con el objetivo de preservar el diálogo entre Washington y Teherán.
Rige una tregua entre Israel y Líbano, pero en el lado israelí de la frontera, a apenas 400 metros del territorio libanés, la desescalada apenas se percibe. Continúan entrando tanques, camiones cisterna y vehículos militares. Además, se escuchan con frecuencia disparos de artillería y explosiones controladas, como se ha podido constatar sobre el terreno.
Estos disparos proceden de las tropas israelíes, que ocupan cerca del 6% del sur de Líbano. El objetivo es convertir la zona en un área deshabitada que funcione como franja de seguridad, similar a la establecida en Gaza. Sin embargo, para los residentes del norte de Israel, estas medidas no son suficientes. Tras semanas de promesas de una derrota total de Hezbolá, muchos se muestran críticos con el alto el fuego. En la principal ciudad fronteriza israelí, incluso, se han cerrado escuelas y edificios públicos como forma de protesta.
"Es como una traición"
"Estamos muy enfadados con la tregua. Muchísimo. Lo siento como una traición del Estado. Por un lado, nos hablan de seguridad hasta el final; por otro, de un alto el fuego. No tiene sentido", afirma Ori Mogel, residente y reservista.
Mogel, de 32 años, es portavoz de Misgav Am, un kibutz situado junto a la frontera con Líbano y fundado en 1945, antes de la creación del Estado de Israel. Defiende una nueva ocupación militar del sur libanés, pese a los precedentes fallidos, y asegura que su prioridad es mantener a Hezbolá alejado de su familia.
"Crear una distancia de unos pocos kilómetros no basta. Estaríamos satisfechos con una zona de seguridad de 4, 5 o 10 kilómetros… aunque, si dependiera de mí, serían 200 kilómetros, y cualquiera que entrara allí sería aniquilado".
El miedo marca la vida en las localidades fronterizas. Según un sondeo, el 65% de los residentes se siente abandonado por el Estado. Miles de personas abandonaron la zona en octubre de 2023, cuando Hezbolá abrió un frente en el norte un día después del ataque de Hamás y del inicio de los bombardeos en Gaza. La evacuación fue generalizada y muchos aún no han regresado.
"¿Dónde está la victoria total?"
En Kiryat Shmona, principal ciudad del norte, el ayuntamiento ha colocado carteles con el lema "¿Dónde está la victoria total?". El pasado domingo organizó autobuses hacia Jerusalén para manifestarse frente a la Embajada de Estados Unidos. En una de las pancartas podía leerse: "Hezbolá da las gracias a Trump".
David Hai Cabeza, panadero de 67 años nacido en Kiryat Shmona, fue soldado en conflictos anteriores, pero no cree posible una derrota definitiva de Hezbolá.
"No existe una victoria total y permanente sobre Hezbolá. Es imposible dejarlos fuera de combate. Hezbolá es una ideología", sostiene.
Tampoco ve factible la paz. En su opinión, el escenario será de conflicto recurrente: "Cada diez años habrá una guerra. Así son las cosas".
Myriam, judía religiosa de 80 años, ofrece una visión distinta. Celebra poder salir a comprar sin sirenas antiaéreas y se muestra más comprensiva con la tregua promovida por Estados Unidos.
"Netanyahu actúa en función de Trump, porque le ha dado mucho a Israel y no puede decirle que no. Trump dice: 'Intentémoslo, quizá funcione'".
El descontento con la tregua se ha convertido en un elemento de campaña a seis meses de las elecciones en Israel. Según encuestas, el 69% de la población rechaza el acuerdo —una cifra que alcanza el 90% entre los votantes de la coalición de Gobierno— y el 56% prefiere un cambio de primer ministro. Estos datos suponen un nuevo revés para Netanyahu, en un contexto en el que la oposición se acerca o alcanza la mayoría necesaria para relevarlo.
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