El jueves, la vida había vuelto a la normalidad en Teherán, según un periodista de AFP en la capital iraní. Hace varios días que no se han registrado grandes manifestaciones en el país. La República Islámica esta sacudida por protestas que empezaron el 28 de diciembre por el aumento del costo de la vida y se convirtieron en un movimiento contra el régimen teocrático en el poder desde la revolución de 1979.
Trump afirmó el miércoles que había sido informado "por fuentes muy importantes" de que "las matanzas han terminado", mientras que sus aliados del Golfo se esforzaron en disuadirlo de una intervención militar.
"La división entre quienes apoyan o están en contra del sistema parece cada vez mayor, como si vivieran en realidades paralelas", dice desde Teherán nuestra corresponsal Catalina Gómez.
"Hace una semana un sector de la población iraní todavía tenía esperanzas que las protestas que se habían extendido a nivel nacional en la noche del jueves 8 de enero, cuando sorpresivamente decenas de personas salían a la calle en la mayor parte de los rincones de Teherán y otras poblaciones del país, pudieran tener éxito. Hoy la situación es totalmente contraria. Mucha gente se pregunta qué va a pasar. Hay mucho dolor por las pérdidas humanas como consecuencia de la represión del Estado y de la rabia con la que algunos sectores de la protestas atacaron a su vez a los cuerpos de seguridad. Es un dolor muy grande en decenas de poblaciones del país donde se siguen buscando y enterrando a los suyos", agrega nuestra corresponsal.
Mientras Washington parecía dar marcha atrás en una eventual acción militar, la Casa Blanca afirmó este jueves que "todas las opciones siguen sobre la mesa para el presidente".
"Durante varios días la única luz de cambio que veían algunos, por errónea que fuera, era la de un ataque a Irán por parte de Estados Unidos que hoy ya se ve más lejana. Esto hace que la desesperanza se haga mayor y más difícil de llevar para muchos que poco a poco han vuelto a la rutina de la vida normal con la conciencia de que si bien las protestas han parado, pueden volver aparecer en cualquier momento. El temor ha alejado a la gente de la calle, pero las razones que las llevaron a movilizarse, permanecen", informa también Gómez.
Las organizaciones de derechos humanos acusan a Irán de llevar a cabo una brutal represión que habría dejado miles de muertos, en un país privado desde hace una semana de acceso a internet.
Según el último balance de la oenegé Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, al menos 3.428 manifestantes han muerto desde el inicio del movimiento. Las autoridades iraníes no han facilitado ningún balance oficial.
"El presidente Trump entiende que se suspendieron las 800 ejecuciones que estaban programadas y que se suponía que iban a tener lugar ayer (miércoles)", declaró a la prensa la secretaria de prensa, Karoline Leavitt.
Según ella, Trump había advertido a Teherán de "graves consecuencias" si mataba a más manifestantes.
Por su parte, el Departamento del Tesoro anunció nuevas sanciones contra funcionarios de seguridad iraníes y redes financieras.
Irán ya es objeto de duras sanciones internacionales por su programa nuclear, que contribuyeron a los problemas económicos que desencadenaron las protestas.
En el frente económico, justaente, "no hay ninguna posibilidad de que la economía, que fue el detonante de las protestas el pasado 28 de diciembre, mejore en un futuro cercano", afirma Catalina Gómez. "Por el contrario, la inflación parece no parar. El sistema no abre ninguna puerta para dialogar con la población sobre cómo salir de una encrucijada donde la credibilidad de la República Islámica está cada vez más debilitada", concluye.
"Trump está sometido a una doble presión"
En entrevista con RFI, Ignacio Álvarez Osorio, catedrático de estudios árabes en la Universidad Complutense de Madrid sostiene que "Trump está expuesto a dos presiones. Por una parte, la presión de Israel, pues el gobierno Netanyahu quiere aprovechar la coyuntura de desestabilización interna en Irán para poner fin a ese régimen islámico que ha sido su verdadera bestia negra desde la revolución del año 1979. Y al mismo tiempo, Trump está siendo presionado por los países, las monarquías árabes del Golfo, países aliados de Estados Unidos que están advirtiendo de que una caída del régimen sin un recambio político claro podría desestabilizar no solo Irán, sino el conjunto de la región. Tal vez Trump no ha descartado una intervención inmediata. Yo creo que lo que ha hecho es ponerla bajo cuarentena. Va a valorar diferentes escenarios y, sobre todo, será clave para saber hacia dónde apunta Estados Unidos la visita que la próxima semana realizará Netanyahu a la Casa Blanca".
Según dijo a la prensa un alto cargo saudita, bajo condición de anonimato, Arabia Saudita, Catar y Omán llevaron a cabo "un esfuerzo diplomático de último minuto, largo e intenso, para convencer al presidente Trump de darle una oportunidad a Irán de que muestre buenas intenciones".
Otro funcionario del Golfo confirmó la conversación y añadió que también se había enviado un mensaje a Irán, indicando que atacar las instalaciones estadounidenses en la zona "tendría consecuencias" para las relaciones regionales de Teherán.
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