Desde el comienzo de la guerra con Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, decenas de iraníes han sido ejecutados por la República Islámica de Irán, acusados de espionaje y colaboración con el enemigo. Las familias de los detenidos viven bajo una amenaza constante y alertan sobre las condiciones de reclusión de sus seres queridos.
Erfan, Ali, Amir Hossein, Mohammad Amin, Mehdi, Shahin… la mayoría de ellos fueron arrestados durante las manifestaciones de enero pasado, aunque algunos ya estaban en prisión por delitos de opinión. Este es el caso de Navid Zarrehbin Irani, fotógrafo independiente y miembro de la comunidad bahaí, detenido el 16 de enero de 2026 por las fuerzas de seguridad en Mashhad, en el este del país.
Encerrado en la prisión de Vakilabad, Navid habría sido sometido a simulacros de ejecución, una forma de "tortura blanca" —o tortura psicológica— que busca hacer creer al detenido que va a ser ejecutado en cualquier momento. Su familia, que recientemente pudo visitarlo, asegura no haberlo reconocido: "Ha envejecido y ha perdido mucho peso".
Al menos una ejecución diaria
Como ocurre con muchos otros presos, la situación de Navid es incierta. "Las autoridades le prohibieron elegir abogado; tuvo que aceptar uno de oficio designado por el régimen. Nadie tiene acceso a su expediente y no sabemos de qué se le acusa. Sin embargo, lo trasladaron al pabellón de condenados a muerte sin explicación, lo que nos preocupa enormemente", señalan sus allegados.
Perseguidos sistemáticamente por sus creencias religiosas desde la instauración de la República Islámica, los bahaíes son considerados una amenaza para la seguridad nacional y por ello la creciente persecución contra ellos.
Reza, allegado de un preso en la cárcel de Dizel Abad, en el Kurdistán iraní, denuncia la falta de información que genera incertidumbre entre las familias: "Un familiar mío lleva años encarcelado sin que sepamos su condena. Las autoridades dicen que su expediente no está completo. No sabemos si ha sido condenado a cinco, diez o quince años".
La guerra, pretexto para eliminar a opositores
El temor ha alcanzado su punto máximo entre las familias, que ven cómo cada día una o varias personas son ejecutadas desde el anuncio del alto el fuego entre Estados Unidos, Israel e Irán el 8 de abril.
Lo que más preocupa es que, para ocultar fallos de inteligencia, las autoridades acusan de connivencia con enemigos a simples presos de conciencia o manifestantes. Desde octubre de 2025, el régimen ha endurecido la legislación que permite aplicar la pena de muerte por colaboración con Estados hostiles, especialmente Israel. "La guerra ha dado al régimen el pretexto perfecto para matar a cualquier opositor", afirma Shirin, allegada de un detenido.
Para Reza, ex preso de Dizel Abad, el número real de ejecuciones supera ampliamente las cifras oficiales: "Cada semana hay al menos dos ejecuciones solo en esta prisión, pero no se informa de ellas". Una investigación del medio IranWire, publicada el 16 de mayo, sostiene igualmente que las cifras reales son más altas, aunque el miedo impide que las familias denuncien públicamente.
Condiciones de detención extremas
Tras las protestas de enero, el aumento de arrestos ha provocado una sobrepoblación en las cárceles. Las familias que se atreven a hablar describen condiciones insalubres y degradantes: "Duermen en el suelo, unos junto a otros, sin espacio para estirarse, sin almohadas ni mantas. Hay un solo lavabo para un centenar de presos", relata un familiar.
Además, en algunas prisiones las autoridades incitarían a presos comunes a agredir a los políticos. En Mashhad y Kermanshah, familiares denuncian casos de detenidos gravemente heridos o que incluso han perdido un riñón sin recibir atención médica.
El allegado de Shirin, encarcelado en Teherán, padece sarna. "Deberían haber tratado a los presos desde los primeros síntomas. Hoy las ampollas son del tamaño de una nuez y, desde el inicio de la guerra, las autoridades han reforzado el aislamiento para impedir cualquier contacto exterior. Las condiciones físicas y mentales son catastróficas", denuncia.
"No los olvidemos"
Mientras tanto, los nombres y rostros de los jóvenes ejecutados o en riesgo de serlo circulan en redes sociales bajo un mismo mensaje: "No los olvidemos". En un vídeo difundido en la red X, Mahan Mehrabi, cuyo hermano Mahmoud fue condenado a muerte hace dos años por denunciar la violencia y la corrupción del régimen, critica la atención desigual de los medios: "Cuando veo esta cobertura selectiva, siento náuseas. Es como si el sufrimiento de unos valiera más que el de otros […] Qué vergüenza", afirma entre lágrimas.
Según el Centro Abdorrahman Boroumand para los Derechos Humanos en Irán, al menos 644 personas han sido ejecutadas en el país desde principios de 2026, una cifra probablemente inferior a la real debido a las restricciones de internet.
El último informe anual de Amnistía Internacional, publicado el 18 de mayo, señala que en 2025 Irán ejecutó a más de 2.159 personas, entre ellas 61 mujeres y al menos un menor, lo que constituye un récord desde 1981. La organización también advierte de un aumento tras el ataque israelí de junio de 2025: 654 ejecuciones entre enero y junio y 1.505 entre julio y diciembre.
La activista Fatemeh Sepehri, el fotógrafo Navid Zarrehbin, el ingeniero Mahmoud Mehrabi, la manifestante Zeynab Mousavi y su hermano Hassan… y muchos más. A día de hoy, sigue siendo imposible conocer el número exacto de presos políticos y de conciencia en Irán. Todos se encuentran recluidos en condiciones inhumanas y, en su mayoría, bajo amenaza de muerte.
"Mientras este régimen siga en el poder, la sangre de nuestros jóvenes seguirá corriendo", concluye Reza.
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