Con el corresponsal de RFI en Teherán, Siavosh Ghazi, y la AFP
En el quinto día de protestas, el jueves 1 de enero de 2026, al menos cinco manifestantes murieron y una treintena resultaron heridos en enfrentamientos muy violentos en el oeste del país. También murió un joven miembro de la milicia Basij, cercana a los Guardianes de la Revolución.
Represión y detenciones
En Azna, en la provincia occidental de Lorestán, una comisaría fue asaltada al caer la noche. Según la agencia de noticias Fars, “un grupo de alborotadores aprovechó una concentración de protesta para atacar una comisaría”. El edificio, así como varios coches de policía, fueron incendiados. En los videos difundidos en las redes sociales, se oye claramente el uso de armas de fuego por parte de las fuerzas del orden.
Un poco antes, la policía también había recurrido al uso de armas de fuego en la ciudad de Lordegan, al oeste del país. Según la agencia Fars, los manifestantes “comenzaron a lanzar piedras contra edificios administrativos, como la gobernación, la mezquita, el ayuntamiento y bancos”. La agencia informa de que dos personas murieron allí, aparentemente civiles, según la AFP.
También se han compartido numerosos videos que muestran a grupos de manifestantes en una veintena de otras ciudades de provincia, informa nuestro corresponsal en Teherán, Siavosh Ghazi. Una vez más, la policía ha recurrido al uso de gases lacrimógenos y armas de fuego.
Contra todo pronóstico, la ciudad de Teherán, punto de partida del movimiento el domingo 28 de diciembre, se mantuvo bastante tranquila. Sin embargo, la agencia de noticias Tasnim informó de que 30 personas fueron detenidas en la capital por “alteración al orden público”. En total, las detenciones ascenderían a un centenar de personas, según estimaciones de los medios de comunicación nacionales.
Intentos de apaciguamiento
El viernes 2 y el sábado 3 de enero fueron declarados días festivos. Las autoridades también anunciaron que las clases en todas las universidades de la capital se impartirán a distancia hasta el 9 de enero para evitar aglomeraciones.
La huelga de los comerciantes del bazar de la capital, en respuesta a la caída del rial —devaluado casi un tercio frente al dólar en un año—, se politizó rápidamente con la implicación de los estudiantes y se extendió a las ciudades de provincia, donde se produjeron la mayoría de los enfrentamientos.
Desde el inicio del movimiento, las autoridades iraníes habían optado por la calma, reconociendo las “reivindicaciones legítimas” relacionadas con las dificultades económicas. En un alarmista discurso televisado el jueves por la noche, el presidente Masoud Pezeshkian advirtió que “desde un punto de vista islámico, si no resolvemos el problema de los medios de subsistencia de la gente, acabaremos en el infierno”.
“Estados Unidos acudirá a su rescate”
“Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate”, escribió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su plataforma Truth Social. “Estamos preparados y listos para actuar”, recalcó.
“Cualquier intervención que atente contra la seguridad de Irán bajo cualquier pretexto se expondrá a una respuesta”, respondió Ali Shamkhani, un asesor del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, en la red social X. “La seguridad de Irán es una línea roja”, añadió.
Otro consejero del líder supremo iraní, Ali Larijani, reaccionó advirtiendo en X que “Trump debería de saber que cualquier injerencia estadounidense en este asunto interno equivaldría a desestabilizar toda la región y perjudicar los intereses estadounidenses”. “Que tenga cuidado con sus soldados”, prosiguió Larijani, que dirige la máxima autoridad en materia de seguridad en Irán.
Estados Unidos lleva décadas enfrentado con la República Islámica. El dirigente norteamericano prometió el lunes "erradicar" cualquier intento de Teherán de reconstruir su programa nuclear o su arsenal de misiles balísticos.
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