RFI: Sacerdote Sebastián Gemma Mucuy, su país, situado en la costa atlántica de África Central entre Camerún y Gabón, recibirá la visita del Papa León XIV este martes. ¿Podría contarnos algunos detalles básicos sobre la comunidad católica en Guinea Ecuatorial?
La Iglesia católica tiene una presencia muy fuerte desde la época de la colonización porque la evangelización llegó de la mano de ese proceso histórico. Hoy, con la visita del Santo Padre, celebramos también los 170 años de evangelización en nuestro país. Es un motivo de gran alegría. Podemos decir que el cristianismo es mayoritario, en torno al 95 o 96% de la población, y dentro de este, el catolicismo ocupa un lugar central. Sin embargo, en los últimos años han ido surgiendo otros movimientos religiosos, que muchas veces la gente denomina sectas. Estos fenómenos están ligados a procesos como la modernización, la secularización o el materialismo. Esperamos que la visita del Papa ayude a iluminar estas realidades, a fortalecer la fe de muchos y a devolver a algunos fieles a lo que nosotros llamamos la luz pascual.
RFI: ¿Diría usted que ese es el principal significado de la visita del Papa León XIV?
No solamente. La visita del Santo Padre no es solo una conmemoración histórica. Es, sobre todo, una invitación a releer nuestra historia como pueblo creyente, a renovar la fe y a abrirnos con esperanza al futuro. Además, no se trata únicamente de un acontecimiento religioso, sino también social y humano. Su presencia nos recuerda la visita de San Juan Pablo II en 1982, hace ya más de cuatro décadas. Aquello marcó profundamente a nuestro país. Hoy, nuevamente, su llegada puede reanimar la fe, fortalecer a quienes están desanimados y dar esperanza a quienes la han perdido. Es un mensaje integral, que toca todas las dimensiones de la vida.
RFI: El mundo atraviesa momentos difíciles, con guerras e incertidumbres. El Papa ha estado en el centro de tensiones internacionales recientes. ¿Qué mensaje cree usted que puede resonar en Guinea Ecuatorial en este contexto?
El Papa es, como él mismo dice, la voz de los sin voz. No es un político, pero no teme denunciar el mal, la guerra o la injusticia. Es un agente de paz, un signo de la victoria de la vida sobre la muerte. Su presencia, sus palabras y sus gestos hacen visible a un Cristo cercano, un Cristo que sufre con los que sufren, que se entrega por los demás. Como dice el Evangelio, no hay amor más grande que dar la vida por los otros. Ese mensaje es universal, pero también muy concreto para nosotros. Nos invita a vivir la fe de manera comprometida en medio de un mundo herido.
RFI: ¿Cómo están viviendo los fieles este momento? ¿Cómo se han preparado?
Desde que recibimos la noticia oficial, la preparación ha sido intensa, especialmente en el plano espiritual. Hemos desarrollado materiales catequéticos para ayudar a los fieles a comprender mejor quién es el Papa, cuál es su misión y qué significa su visita. No es lo mismo escuchar su nombre en una homilía que profundizar en su figura y en su papel en la Iglesia. Hemos trabajado mucho en explicar esto, así como el sentido de que el Papa viaje, de que salga al encuentro de los pueblos. Eso refleja, en cierto modo, la encarnación de Cristo, que se hace cercano al ser humano. También hemos promovido la oración y la vida sacramental, especialmente la confesión y la Eucaristía. Queremos que esta visita no sea solo un evento histórico o mediático, sino una verdadera ocasión de conversión y renovación espiritual para nuestro pueblo.
RFI: Padre, imagínese que está frente al Papa. ¿Qué le diría?
En primer lugar, le daría las gracias. Porque el Evangelio no es solo un mensaje escrito ni una ideología, sino una persona viva. Y él, en cierto modo, hace visible ese Evangelio. Le agradecería por hacer posible lo que parece imposible: acercarse a pueblos lejanos, en contextos difíciles, y fortalecer la fe con su presencia. Su visita hace más creíble nuestro testimonio. También le pediría que no se olvide de los lugares más recónditos del mundo, de aquellos donde la fe aún necesita ser sostenida y acompañada. Su cercanía puede rescatar muchas vidas, muchas almas, de la oscuridad hacia la luz.
RFI: En el lenguaje católico no se habla de “éxito” como tal. Pero, ¿cómo se podría decir que la visita dio frutos?
Hay signos muy claros. Cuando vino San Juan Pablo II, después de su visita vimos crecer la Iglesia: más diócesis, más vocaciones, más presencia pastoral. Hoy, los frutos que esperamos van en esa línea, pero también en algo más profundo: que la fe no se quede en palabras, sino que se traduzca en obras. Que haya una verdadera conversión del corazón. Que esta visita no sea solo una emoción pasajera, sino un cambio duradero en nuestra manera de vivir, de relacionarnos, de creer. Que inspire nuevos modos de convivencia, más acordes con el Evangelio. En definitiva, que la presencia del Santo Padre deje una huella permanente en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.
Compartir esta nota