«Los alumnos dicen cosas increíbles, pero son reales, como, por ejemplo, que no hay suficientes mesas, sillas o espacio donde puedan estar». Natalia Ruiz Poveda es profesora de español en el liceo Suger, en la ciudad de Saint-Denis, al norte de París. Sus alumnos denuncian unas condiciones de estudio cada vez más difíciles.
«Se quejan de los horarios porque la reforma del Ministerio de 2018-2019 hizo que todos los horarios se convirtieran en un problema. Los alumnos están obligados a permanecer en el instituto desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, con horas muertas y unos horarios completamente inhumanos. Tienen razón. Nosotros, como profesores, llevamos movilizándonos desde 2018 por el mismo problema. Son las consecuencias de las primeras huelgas y del primer gran movimiento que hubo a raíz de esta reforma, hace ya bastantes años. Llevamos ocho años con este problema», explica.
En 2026, todo comenzó el jueves 17 de septiembre en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, al sureste de París. Ese día, parte del profesorado se declaró en huelga para denunciar la falta de docentes. Algunos alumnos se sumaron a la movilización por la tarde y a la mañana siguiente.
Los jóvenes difundieron sus acciones a través de las redes sociales, especialmente TikTok, e inspiraron a estudiantes de otros centros. Para el miércoles 30 de septiembre, ya había 356 institutos bloqueados.
Robi Morder, politólogo francés especializado en movimientos estudiantiles, recuerda que este tipo de movilizaciones se ha repetido en distintas ocasiones en Francia. «Hemos tenido varias movilizaciones de este tipo en Francia, en 1978, 1990 y 1998, explica a RFI. Es algo que vuelve de manera recurrente. El movimiento consigue reivindicaciones y mejoras en los recursos materiales, pero en los años siguientes se producen retrocesos y esas mejoras resultan insuficientes. Cuando hay retrocesos, surgen las protestas. Estamos, efectivamente, en una fase de deterioro que se prolonga desde hace varios años. No se trata de un deterioro constante durante 40 o 50 años, sino de ciclos. Y eso provoca protestas», señala.
Una movilización que va más allá de los centros más afectados
No todos los estudiantes de secundaria de Francia sufren las mismas dificultades. Algunos jóvenes que estudian en institutos de París reconocen tener menos problemas que sus compañeros de otros centros, especialmente los de la periferia. Aun así, han decidido salir a la calle.
Tiffany y Farinas estudian en el liceo Henri IV, uno de los centros públicos más exigentes y prestigiosos del país, al que acuden alumnos con excelentes resultados académicos: "Somos solidarios con ellos porque es importante que haya visibilidad", dice la primera. "Nos hemos movilizados en solidaridad con los alumnos que realmente la pasan mal porque no tienen ni lo básico. No somos un grupo de estudiantes burgueses jugando a ser revolucionarios", agrega el jóven.
La solidaridad se extiende también a otros centros parisinos. En el liceo Sophie Germain, en buen estado, los estudiantes bloquean de vez en cuando los accesos con contenedores de basura y vallas. Allí estudia Magaly, quien subraya que "hay Liceos en las afueras de París que no tienen profesores, sus edificios se caen a pedazos y los alumnos pasan mucho frío en invierno."
Sus compañeros aprovechan las movilizaciones para corear consignas y mostrar pancartas con reivindicaciones materiales, denuncias de la violencia policial y la discriminación, así como mensajes contra el partido de extrema derecha Agrupación Nacional.
Para el especialista Robi Morder, estas cuestiones reflejan algunas de las principales inquietudes de esta generación. "Hay un malestar que va mas alla de la dimensión material inmediata, sino también su futuro en términos de empleo y precariedad, asi como las amenazas de la extrema derecha sobre el principio de igualdad. la violencia policia constituye una de las dimensiones concretas de esta problemática dado que el apoyo electoral a la extrema derecha dentro de las filas de la policía es sumamente elevado."
Margot tiene 16 años y el martes 6 de octubre participó en su primera manifestación. Con una sudadera, zapatos cómodos y una pancarta en la mano, caminó desde la Plaza de la República hasta la de Nation para reclamar más recursos para los estudiantes. Para ella, manifestarse es una forma de hacer oír una voz que también debe ser escuchada por el Gobierno. Acudió acompañada de sus padres. Marie, por su parte, también acompaña a su hijo, de 15 años, que estudia en un instituto público de la periferia de París: «Le falta un profesor. Hay una asignatura que no tienen desde el principio del curso. En lo edilicio, su instituto no está tan mal, pero el de enfrente está peor. Están muy angustiados por la perspectiva de futuro», explica.
Precisamente, la falta de profesores sustitutos para cubrir las bajas es uno de los principales problemas denunciados por los estudiantes y sus familias. En algunos institutos, alumnos que cursan el último año antes de las pruebas de acceso a la universidad llevan meses sin profesor de Matemáticas o de Francés.
El Gobierno anuncia 3.000 profesores sustitutos
Tras una nueva jornada de movilización general que reunió a 71.000 personas en Francia el jueves 8 de octubre, el ministro de Educación, Édouard Geffray, anunció un plan de emergencia. La principal medida consiste en enviar próximamente a 3.000 profesores sustitutos a más de 500 institutos donde la situación es especialmente crítica.
«En la práctica, gracias a un programa informático que solicité hace un año, hemos podido identificar los centros que se encuentran en situaciones que calificaría de muy problemáticas. En esos institutos, a partir de mañana se enviarán profesores. Contamos con 3.000 profesores sustitutos que actualmente no están impartiendo clase. Les gustaría hacerlo, pero no se les ha asignado ninguna clase porque, hasta ahora, no sabíamos muy bien cómo distribuir sus tareas, entre otras cosas. Por lo tanto, en las próximas horas, 3.000 profesores se incorporarán a estos centros», explicó el ministro.
Geffray anunció también que autorizará a los responsables académicos a contratar más personal del que normalmente está permitido en aquellos centros que lo necesiten. «Lo que me interesa es que los alumnos que hoy no tienen clase, la tengan mañana», afirmó.
Pese al anuncio, el viernes permanecían bloqueados cerca de 140 institutos de los 3.700 que hay en el país, según el Ministerio de Educación Nacional. La cifra se mantenía estable con respecto al jueves.
Las acciones de bloqueo, reanudadas al amanecer, se concentraron especialmente en la Universidad París-Panthéon-Assas y otros centros de enseñanza superior. Muchos universitarios habían marchado el día anterior hacia la plaza de la Bastilla, en la capital francesa.
«Solidaridad con los estudiantes de secundaria deprimidos», gritaba un grupo de universitarios que ondeaba una bandera del sindicato Unión Estudiantil. Lenna Guerrier es su portavoz: «Compartimos las mismas reivindicaciones que los estudiantes de secundaria porque, en realidad, son las mismas lógicas las que hoy atacan a los estudiantes universitarios. Cada vez menos personas tienen acceso a unas buenas condiciones de estudio», sostiene.
En medio de esta multitudinaria manifestación, una representante de la alcaldía socialista de París se acercó al sindicato para proponerle una reunión. Se trata de Mélody Tonolli, responsable de Enseñanza Superior del Ayuntamiento: «Estoy en Bastilla para apoyar a los jóvenes y defender junto a ellos unas reivindicaciones que comparto: la falta de recursos en la educación, tanto en los institutos de secundaria como en la enseñanza superior, y la denuncia de la violencia policial. No es normal que no puedan expresarse sin que las fuerzas del orden que intervienen les den una paliza», afirma.
Denuncias de violencia policial
Para Nathalie Tehio, presidenta de la Liga de los Derechos Humanos, la actuación de las fuerzas del orden también es desproporcionada. «Hay una represión violenta e inadmisible. Hay que defender el movimiento estudiantil», sostiene.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos llamó este viernes a permitir las concentraciones pacíficas y a garantizar un uso proporcionado de la fuerza.
El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, respondió a las acusaciones durante una comparecencia ante los diputados de la Asamblea Nacional el miércoles 7 de octubre. El Gobierno informó entonces de que, desde el inicio de las protestas, habían resultado heridos 215 alumnos, 85 miembros del personal educativo y cerca de 800 policías y gendarmes.
«Cuando se producen disturbios, debe haber una intervención. Ahora bien, insisto en ello: esta intervención se lleva a cabo, naturalmente, respetando estrictamente el principio de proporcionalidad. Esa es la norma y el marco legal para el uso de armas intermedias por parte de las fuerzas del orden. La proporcionalidad de una acción no se juzga en función de sus consecuencias; siempre hay que observar el contexto en el que se produce», defendió Nuñez.
La Inspección General de la Policía Nacional ha abierto 18 investigaciones. Entre los casos investigados figuran los de un joven con la mandíbula fracturada y otro con lesiones en un ojo. Un adolescente de 15 años perdió una mano al explotarle una granada aturdidora lanzada por la policía, aunque las circunstancias del incidente todavía no están claras.
Se desconoce si el joven recogió la granada o si esta cayó sobre él, así como si el disparo se efectuó conforme a los protocolos. Tras el incidente, el Gobierno prohibió temporalmente el uso de este tipo de granadas en las protestas de los estudiantes de secundaria. Sin embargo, sigue autorizado el uso de otras armas intermedias, entre ellas los lanzadores de granadas lacrimógenas y las granadas de dispersión.
¿Un nuevo Mayo del 68?
Algunos comparan el movimiento actual con Mayo del 68, el estallido de protestas sociales, estudiantiles y obreras que marcó la historia francesa. Robi Morder considera que existen paralelismos, aunque advierte de que las circunstancias son diferentes.
«Se puede establecer un paralelismo en la represión, la solidaridad de los padres de alumnos y el apoyo de los sindicatos. Pero la relación de fuerzas está mucho más deteriorada que en 1968. Hoy existe un desempleo masivo que entonces no había y que se utiliza como chantaje, con consecuencias para los salarios y el empleo. Además, el movimiento sindical no atraviesa su mejor momento, aunque tiene que reconstruirse o, más bien, reposicionarse en un mundo laboral y una economía que han cambiado», explica.
Otra diferencia con el 68 es que el estado actual de las arcas francesas no es tan bueno como en aquella época. La deuda púbica se ha disparado hasta el 119% del PIB, lo que obliga al gobierno a hacer recortes. El presupuesto de Educación Nacional para 2027 se ha fijado en 64.000 millones de euros en el proyecto de ley de presupuestos que se debatirá en el Parlamento en noviembre. Los estudiantes reclaman un aumento de los recursos destinados a la educación. El ministro Édouard Geffray precisó que el Gobierno presentará enmiendas si considera necesario incrementar el presupuesto.
Las movilizaciones cuentan también con el apoyo de profesores que llevan años denunciando la falta de recursos en el sistema educativo. «Hay muchos profesores movilizados desde hace años, pero es muy importante que este sea un movimiento de los estudiantes de secundaria y de los jóvenes. Lo fundamental es que vean cómo el propio Ministerio y las leyes los discriminan y hacen que la educación se encuentre en una situación de penuria absoluta. Creo que un adolescente es mucho más sensible a la injusticia que un adulto que ya tiene su vida formada», afirma una profesora presente en la manifestación.
Para Robi Morder, el contexto actual está marcado también por la crisis climática, la guerra, la precariedad y la incertidumbre. Sin embargo, considera que la movilización no es una expresión de desesperanza. «Este no es un movimiento de desesperanza, insiste a RFI, porque un movimiento de desesperanza no daría lugar a esto. Daría lugar a una individualización, a que cada uno fuera por su cuenta. Cuando hay una lucha, eso significa que todavía hay esperanza».
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