Es un claro viraje en materia energética: la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, cuyo partido se oponía históricamente al fracking desde su llegada al poder en 2018, anunció un plan para recurrir a la fracturación hidráulica para perforar nuevos pozos de gas y así reducir las importaciones desde Estados Unidos.
El anuncio causó inquietud en comunidades que viven en zonas de yacimientos de hidrocarburos en México, ya que la técnica del fracking implica inyectar agua y químicos a alta presión para extraer gas en las llamadas reservas no convencionales, donde los recursos están metidos en fisuras e intersticios de la roca o en las arenas compactadas.
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Desde que Estados Unidos, Argentina y Canadá usan este método, se han podido documentar los impactos ambientales desastrosos de esta técnica: desde sismos hasta contaminación del agua del grifo que se vuelve inflamable. Y precisamente por ello países como España, Francia o Australia, la prohíben totalmente.
“Donde el petróleo y el gas están atrapados dentro de la roca sin poder fluir, la técnica del fracking -o fracturación hidráulica- implica hacer un pozo hasta la formación y luego inyectar agua a altísima presión para fracturar la roca. Se inyecta al mismo tiempo granos de arena que se meten en las fisuras para mantenerlas abiertas, y también una serie de compuestos químicos que sirven básicamente para mejorar el flujo del hidrocarburo. Y una parte de esta agua fluye y refluye a la superficie. Es un agua contaminada”, describe Luca Ferrari, geólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM.
El geólogo admite, sin embargo, que “en muchos casos no se conoce bien cuales componentes se inyectan en las capas de roca, porque en Estados Unidos, donde más se ha utilizado el fracking es un secreto industrial”.
“Sabemos cuáles son estos productos porque han sido detectados en las aguas que han sido contaminadas. En general, son productos como benceno, tolueno, etilbenceno, todos estos compuestos orgánicos, ácidos y diferentes compuestos orgánicos volátiles que sirven como disolventes. Luego hay productos como biocidas, inhibidor de corrosión, lubricantes”, detalla el geólogo.
“En fin, es todo un cóctel de productos químicos que contiene, por ejemplo, también metales pesados. Estos tienen toxicidad tanto en el agua como en el aire porque algunos son volátiles. Hay hasta incluso material radiactivo natural”, advierte el académico.

Anticipando las críticas, la presidenta mexicana afirmó, sin embargo, que existen nuevas tecnologías “que utilizan componentes biodegradables” para evitar el uso de estos compuestos nocivos. El director de la empresa petrolera mexicana Pemex prometió, por su parte, reciclar al menos el 50% del agua que se usa en el fracking.“En efecto, en algunos estados, como Pennsylvania, se recicla mucha agua, pero porque hay una normatividad del Estado”, precisa Luca Ferrari.
“Técnicamente es posible”, admite el geólogo. “Pero se trata sobre todo de pruebas piloto que no han sido aplicadas a gran escala”, coincide Omar Arellano, profesor de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra de la UNAM. "No existe fracturación hidraúlica sustentable, tampoco existe fracturación hidraúlica que no contamine", afirma el académico.
Ambos investigadores coinciden en el fracking sustentable “no existe”.
Las experiencias pasadas
En México, desde el año 1996 se ha utilizado el fracking en cientos de miles de pozos de hidrocarburos, hasta que, en 2019, el gobierno del entonces presidente López Obrador le pusiera freno a esta práctica sin tampoco prohibirla totalmente.
Desde que el gobierno de Claudia Sheinbaum anunció su plan para extraer gas con fracking, un colectivo, un colectivo de ONG agrupadas en la Alianza Mexicana contra el Fracking, alerta sobre los riesgos ambientales de esta técnica.
“Lo que siempre nos ha preocupado son las enormes cantidades de agua que implica el uso de fracking. Estamos hablando de que hace 15 años decíamos que eran entre nueve y 29 millones de litros de agua que se ocupaban. Hoy hay pozos que están ocupando hasta 120 millones de litros de agua”, comenta a RFI Alejandra Jiménez, de la Alianza Mexicana Contra el Fracking.
“Eso en un contexto de estrés hídrico en el que vivimos en México, sobre todo en los estados del norte, donde se está perfilando con mucha fuerza el desarrollo de la técnica, pues es sumamente preocupante porque se estaría usando agua que tendría que ser destinada al uso humano para el desarrollo del fracking. Pero también, por otra parte, es por los enormes riesgos que hay de contaminación por esta técnica”, advierte Jiménez.

Alejandra Jiménez trabaja desde hace muchos años en la Sierra del Totonacapan, en el estado de Veracruz, donde la perforación de pozos petroleros mediante fracking ha dejado desastres ambientales. “Por una solicitud de acceso a la información, sabemos que en este año hay cuatro pozos donde se ha se está desarrollando fracking”, comenta la activista, entrevistada por RFI.
Desvíos de cuerpos de agua subterráneos, desaparición de manantiales, contaminación de pozos con hidrocarburos, detonaciones en las viviendas cercanas a los pozos de fracturación hidráulica son algunos de los impactos que han ido denunciando los miembros de las comunidades rurales de la Sierra del Totonacapan.
El gobierno mexicano nombró un comité científico para evaluar la factibilidad de un “fracking amigable”. Dentro de dos meses, el panel de científicos entregará un informe técnico sobre las nuevas técnicas de fracking para evaluar si es factible o no abrir nuevos pozos de gas en las reservas no convencionales.
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