Con la aplicación provisional del acuerdo Unión Europea-Mercosur, se abre un mercado transatlántico de 730 millones de consumidores.
No ocurrirá de la noche a la mañana, se hará progresivamente y afectará a miles de productos industriales y también agrícolas.
Algunos ven desaparecer los aranceles desde el primer día, como los vinos espumosos de alta gama.
Otros irán experimentando una reducción gradual a lo largo de los años. Es el caso del aceite de oliva y de los coches.
Y también se imponen cuotas para los más sensibles, como la carne de vacuno o las aves de corral.
Muchos celebran el acuerdo por las oportunidades de exportación que representa. Pero también suscita temores.
En los países del Mercosur -Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay- hay quien teme la competencia europea en el sector industrial.
Entre los europeos, son los agricultores quienes recelan de una bajada de precios.
Francia intentó sin éxito bloquear el acuerdo por la preocupación de sus agricultores, que temen ser perjudicados por la competencia de productos más baratos procedentes de Brasil y de sus vecinos.
El acuerdo se aplica de forma provisional, a la espera de que lo apruebe el Parlamento Europeo… que a su vez espera el veredicto de la Justicia europea.
Su sentencia puede tardar más de un año en llegar.
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