Según su entorno, cuatro hombres armados no identificados irrumpieron en su domicilio y lo mataron a tiros. Desde su salida de prisión en 2016, Saif al-Islam vivía recluido en Zenten, con solo dos empleados, en una villa aislada en lo alto de una montaña que bordea el desierto de Hamada.
"Ha sido asesinado hoy a las 14H00 (…) en Zenten, en su casa, por un comando de cuatro personas", declaró su abogado, el francés Marcel Ceccaldi.
Por el momento, no se sabe" quiénes son los responsables del asesinato de Gadafi, informó Ceccaldi, quien afirmó haber hablado con su cliente hace unas tres semanas.
Por razones de seguridad, llevaba una vida extremadamente discreta y solo se comunicaba con un círculo muy reducido, “que se puede contar con los dedos de una mano”, aseguran.
Una imagen de reformista
Bajo el régimen de su padre, Muamar el Gadafi, Saif al-Islam se había forjado una imagen de reformista. Formado en Londres, hablaba inglés con fluidez y desempeñó el papel de mediador en misiones diplomáticas delicadas, como las negociaciones sobre el abandono de las armas de destrucción masiva por parte de Libia.
Saif al-Islam se había convertido en el interlocutor privilegiado de Occidente, abogando por la adopción de una constitución y el respeto de los derechos humanos. En la década de 2000, contribuyó a la liberación de presos políticos, incluidos islamistas, y puso en marcha un proyecto de reformas destinado a encauzar a Libia por la vía de la democracia, pero se topó con la vieja guardia del régimen y finalmente fracasó.
Pero al comienzo de la rebelión contra el régimen de su padre en 2011, prometió “baños de sangre” y rompió su reputación de progresista. Fue detenido cuando intentaba huir y permaneció seis años recluido en Zenten, en aislamiento casi total. Fue condenado a muerte en 2015 tras un juicio sumario, antes de beneficiarse de una amnistía.
Popular entre los nostálgicos del régimen, se presentó a las elecciones presidenciales libias de 2021. Su candidatura fue controvertida y cuestionada. Finalmente, fue descalificado debido a su condena. Las disputas posteriores hicieron que el proceso electoral se viniera abajo y la votación no se celebró.
Un intelectual contrariado
Marcado por la muerte de su padre y su hermano Moatassem en 2011, y por el encarcelamiento de otros dos de sus hermanos, Saif al-Islam desconfiaba de todo el mundo. Rara vez salía, a veces paseaba solo por los alrededores del desierto, siempre acompañado de un libro, un hábito que había adquirido en prisión.
En 2025, reabrió cuentas oficiales en las redes sociales, donde comentaba la actualidad internacional y dejaba entrever su persistente ambición de presentarse a unas futuras elecciones presidenciales.
Licenciado en Economía y Arquitectura, Saif al-Islam también había desarrollado una actividad artística, exponiendo sus pinturas en varios países, entre ellos París.
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