Una investigación de: Alexia Galanakis, Lorin Kadiu, Pablo Fernández y Marta Moreno (corresponsal de RFI).
La mayor movilización ambiental del país en una década, bautizadas ya como la "Revolución de los Flamencos", comenzaron para frenar un megaproyecto turístico impulsado por el fondo de inversión de Jared Kushner. Pero el complejo del yerno de Donald Trump no es una excepción. Es uno más dentro del modelo de desarrollo turístico que está transformando el litoral albanés.
Esta investigación analiza 252 decisiones urbanísticas aprobadas por el Consejo Territorial Nacional (KKT) entre 2015 y 2026, que afectan a más de 12 millones de metros cuadrados de suelo —unas 980 hectáreas— y autorizan 6,7 millones de metros cuadrados edificables.

En 2015, el Gobierno albanés aprobó la Ley de Inversiones Estratégicas (Ley 55/2015) para atraer inversiones consideradas estratégicas para el desarrollo económico, pero terminó otorgando al Ejecutivo un amplio margen de discrecionalidad para aprobar grandes proyectos con menos controles administrativos.
Según el economista Zef Preçi, más del 95% de los llamados inversores estratégicos son empresarios albaneses que hicieron fortuna en otros sectores. Añade que parte del capital invertido procede de actividades que actualmente investiga la Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK).
Oasis urbanos que sirven al turismo
El proyecto más grande autorizado es Green Coast que ocupa 893.000 metros cuadrados de los que alrededor de 473.000 metros acogerán villas privadas, restaurantes, clubes nocturnos y cadenas de hoteles de lujo como Hyatt o Meliá.
Lo que se presenta como un resort es, en realidad, una ciudad privada junto al mar. El proyecto ha ido creciendo durante casi una década mediante sucesivas ampliaciones autorizadas por el Estado a través de 18 decisiones administrativas.Lo mismo pasa con Durrës Marina, donde 10 autorizaciones van a convertir el antiguo puerto en una ciudad de lujo de más de 790.000 metros cuadrados de viviendas, hoteles, comercios y un puerto deportivo. Concesión que se encuentra bajo sospecha: la fiscalía anticorrupción (SPAK) incautó la documentación de la licitación para examinar su legalidad.

Lejos de tratarse de expedientes aislados, los grandes desarrollos turísticos avanzan mediante una sucesión continua de resoluciones que permiten ampliar y redefinir los proyectos durante años.
El director de EcoAlbania, Olsi Nika, critica que “todo esto converge en ese lema político de “desarrollar” las áreas protegidas y los recursos naturales. Teniendo en cuenta todo esto, especialmente en la Riviera albanesa, vemos cómo se destruyen, transforman y alteran los hábitats naturales, pasando a ser oasis urbanos, que se supone que deben servir al turismo”.
Al analizar las decisiones aprobadas por el KKT entre 2015 y 2026 emerge un patrón: cada gran flexibilización de la legislación ambiental fue seguida por un salto en la aprobación de grandes desarrollos turísticos.
En 2021, tras la modificación de la legislación sobre áreas protegidas y la reducción de los límites de varios espacios naturales, se aprobaron 41 decisiones en un solo año, permitiendo urbanizar 4,41 millones de metros cuadrados de suelo. Luego, en 2024, con la Ley 21/2024, que volvió a flexibilizar la protección ambiental, se aprobaron 66 decisiones, casi tres millones de metros cuadrados de suelo afectados.

La ley que acaba con las áreas protegidas
Uno de esos proyectos pertenece a la sociedad Zvërnec South Adriatic Development, participada por Affinity Partners —el fondo de inversión de Jared Kushner— y el grupo albanés Kastrati. El complejo proyectado se ubicaría junto a la laguna de Vjosa-Narta.
El entorno de la laguna de Narta, integrada en el delta Vjosa-Narta, es uno de los principales humedales del Mediterráneo, área de reproducción de la mayor colonia de flamencos de Albania. Fue también aquí donde se decidió construir el Aeropuerto Internacional de Vlorä. Para hacerlo posible, el Gobierno modificó la legislación sobre áreas protegidas y redefinió los límites del paisaje protegido de Vjosa-Narta, dejando fuera la superficie donde se construye la infraestructura. De este modo, la infraestructura quedó formalmente fuera del área protegida, aunque rodeada por ella y a escasos metros de la laguna.
La revisión individual de los expedientes de la investigación permite identificar que decenas de los proyectos autorizados se ubican sobre humedales, sistemas dunares, bosques costeros, desembocaduras de ríos o espacios próximos a áreas protegidas de alto valor ecológico.

El Parlamento Europeo aprobó en junio una resolución en la que reclama a Albania una moratoria sobre nuevos permisos y obras en áreas protegidas mientras adapta su legislación ambiental a los estándares europeos, un requisito indispensable para avanzar en su proceso de adhesión a la Unión Europea.
La sed del turismo
El impacto de este modelo no termina en la costa. A unos sesenta kilómetros tierra adentro, en el valle del río Shushica, una gran tubería atraviesa el paisaje. Forma parte del sistema con el que el Gobierno pretende garantizar agua para los nuevos complejos turísticos de la Riviera albanesa."Han construido primero tres ciudades turísticas y solo después se han preguntado de dónde iba a salir el agua", denuncia Astrit, portavoz de la aldea de Kuç.
El proyecto va a desviar más de 22 millones de litros de agua al día desde los manantiales de Tragjas hacia la Riviera albanesa. Los vecinos aseguran que el caudal del río disminuye cada verano y temen que el trasvase comprometa la agricultura, la ganadería y el abastecimiento de los pueblos del interior.

Mientras el Gobierno continúa impulsando nuevos desarrollos turísticos, muchos de los pueblos que durante generaciones vivieron de la agricultura y la ganadería siguen perdiendo población. Así, el país entrega su costa a un modelo pensado para atraer capital antes que para mantener a quienes siempre vivieron allí.
Este artículo forma parte de una investigación realizada con el apoyo de Journalismfund Europe
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