Casi nadie ha oído hablar de Ulanqab. El analista geopolítico y escritor Arnaud Bertrand —autor del newsletter RnaudBertrand en Substack— le preguntó a su esposa china, que viajó por casi todo el país, y tampoco la conocía. La única entrada notable en la Wikipedia de esta prefectura de Mongolia Interior era que allí nació He Pingping, quien tuvo brevemente el récord Guinness del hombre más bajo del mundo.
Pero, de acuerdo a Arnaud…
El lugar más improbable para una revolución tecnológica
Ulanqab consume casi el 1% de toda la electricidad de China. No la produce: la consume. Repartido entre sus 795.000 hogares, eso equivale a unos 105.000 kWh por vivienda, diez veces el promedio estadounidense, una cifra que no tiene ningún sentido para una ciudad sin industria pesada ni población masiva, a menos que se sepa lo que está pasando allí.
Lo que está pasando es esto: prácticamente todos los grandes nombres tecnológicos de China —Alibaba, Huawei, Kuaishou, Baidu, Deepseek… y también Apple— firmaron acuerdos de inversión que superan los 500.000 millones de yuanes para construir centros de datos en esa estepa, reporta Bertrand. Según STDaily, el periódico oficial del Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, el objetivo es llegar a más de 5 millones de racks estándar —armarios de servidores de dos metros de altura, cada uno con entre 20 y 40 servidores y hasta 8 chips de alto rendimiento cada uno—. En total, capacidad potencial para alrededor de 1.200 millones de chips.
Para dimensionarlo: el "Colossus" de xAI, el supercúmulo de IA de Elon Musk en Memphis que él mismo llama "el superordenador de IA más grande del mundo", opera con unos 200.000 chips. Los 5 millones de racks de Ulanqab tendrían capacidad para albergar miles de veces esa cantidad.
Por qué ahí
La respuesta está en la geografía. Ulanqab tiene temperatura media anual de 4,3°C —similar a Reikiavik—, con inviernos que bajan a -30°C: refrigeración gratuita para los servidores. Recibe más de 3.200 horas de sol al año y alberga hasta el 10% del potencial eólico explotable de China. Abarca 54,000 km² —más grande que Dinamarca— con una densidad de 29 personas por kilómetro cuadrado, lo que hace que la tierra sea casi gratuita. Y está a menos de 200 km de Pekín: aproximadamente un milisegundo de latencia por fibra óptica.
"Dōu yào", escribió Bertrand en su análisis publicado el 13 de septiembre de 2026. En chino mandarín: "Lo tiene todo"… Una coincidencia con la imagen de marca local.
La red eléctrica regional —la llamada "red de Mengxi", operada por el Grupo de Energía Eléctrica de Mongolia Interior, única cuadrícula independiente a nivel provincial en China— cobra alrededor de 0,32 yuanes por kilovatio-hora: unos 4,4 centavos de dólar. El promedio industrial global es de 16,2 centavos. El centro de Musk en Memphis paga 6,2 centavos. En Europa, el precio más bajo disponible —Finlandia— ronda los 9 centavos. Más del 47% de la generación en Ulanqab ya es renovable, respaldada por 3,2 gigavatios de almacenamiento energético.
Una estrategia de cuatro años de anticipación
Nada de esto fue espontáneo. En febrero de 2022 —nueve meses antes del lanzamiento de ChatGPT— el gobierno chino lanzó la estrategia nacional 东数西算, literalmente "Datos Orientales, Computación Occidental": los datos se usan en el este rico y poblado, la computación pesada se hace donde la energía es barata y la tierra sobra. Mongolia Interior fue designada uno de los ocho centros nacionales de computación.
"Cuando Occidente solo ahora se dice a sí mismo que esto de la IA es en realidad un problema energético e infraestructural, China llegó a esa conclusión y empezó a actuar en consecuencia hace cuatro años y medio".Arnaud Bertrand
A finales de 2025, según el diario nacional Guangming Daily, unos 400.000 millones de yuanes de esa inversión ya estaban formalizados, 500.000 racks construidos y 330.000 en servicio. El Galaxy Campus de Envision Group, uno de los 89 proyectos contratados, entró en funcionamiento en agosto de 2026 y ya es la mayor instalación de computación de IA del mundo. Es solo uno de los ochenta y nueve.
El chip y el token
La pregunta obvia es si todo esto se sostiene sin acceso a chips de última generación. Bertrand apunta que el Ascend 910C de Huawei alcanza entre el 60 y el 70% del rendimiento del H100 de Nvidia —"no igual, pero tampoco muy lejos"— y que la ventaja de costos de Ulanqab compensa parte de esa brecha. Deepseek anunció que su sitio de 1 gigavatio en la prefectura operará con "al menos 160.000″ chips Ascend. Alibaba, en cambio, acumuló inventarios de chips Nvidia H20 —compatibles con las regulaciones de exportación— por valor de miles de millones de dólares.
Pero la apuesta más reveladora puede ser otra. Según OpenRouter, una de las mayores plataformas globales de enrutamiento de modelos de IA, los modelos chinos representan hoy el 61% del consumo global de tokens, frente a casi cero hace dos años. Bertrand llama a esto "算力出海" —"token outbound"—: la electricidad y el cómputo están en China, pero la inferencia se exporta al mundo.
"No planeas construir 5 millones de racks solo para el mercado chino", escribió. "Haces esto si tu visión es convertirte en la fábrica mundial de inferencias de IA".
La pregunta que nadie quiere responder
Si la IA será para el siglo XXI lo que la electricidad fue para el XX —como sostiene Bertrand, citando al propio Sam Altman, quien dijo que "el coste de la IA convergerá al coste de la energía"—, entonces la estepa de Mongolia Interior concentra una ventaja competitiva que los países tendrán que decidir si ignoran o enfrentan.
La disyuntiva que plantea el analista es directa: procesar las consultas de IA en suelo chino porque es más barato, o pagar cinco veces más por hacerlo en casa alegando soberanía estratégica. "Es una elección entre dependencia e irrelevancia", escribió. "El pensamiento barato te hace dependiente, el pensamiento caro te hace irrelevante".
Europa, con precios eléctricos industriales promedio de 21 centavos de dólar por kilovatio-hora —casi cinco veces el precio de la red de Mengxi—, enfrenta esa pregunta con mayor urgencia que nadie.
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