Tu teléfono suena y quien llama dice representar a Claro Dominicana. Conoce tu número de cédula, sabe que eres cliente e incluso puede mencionar el tipo de servicio que tienes contratado.

Hasta ahí, no ha demostrado que trabaja para Claro.

Esa distinción cobra importancia después de que la empresa confirmara una exposición no autorizada de datos correspondientes a un grupo de clientes móviles individuales.

Claro identificó entre la información expuesta los números de teléfono móvil, números de cédula y tipos de servicios contratados, y aseguró que estos datos no permiten por sí solos acceder a las cuentas, realizar transacciones ni conocer el contenido de las comunicaciones.

Quizás la primera reacción sea pensar que ya no hay nada que hacer. Después de todo, no puedes volver secreto un dato que ya fue expuesto.

Pero una exposición de datos no funciona en términos de todo o nada. Que alguien conozca tu número de teléfono, tu cédula y el servicio que tienes contratado no significa que tenga acceso a tus contraseñas, códigos de verificación, cuentas bancarias o comunicaciones.

El riesgo está precisamente en lo que todavía no tiene.

Con la información disponible, no hay indicios de que las contraseñas hayan quedado expuestas ni existe una razón derivada de este incidente para recomendar a todos los clientes que las cambien.

Lo que sí cambia es cuánto puede saber de ti una persona antes de intentar engañarte.

Una llamada puede saber demasiado y seguir siendo falsa

Buena parte de los fraudes digitales no comienza con alguien vulnerando una contraseña, sino convenciendo a una persona para que entregue aquello que falta.

Conocer el número al que se llama, la identidad de su propietario y el servicio que tiene contratado permite construir una historia mucho más creíble que el clásico mensaje enviado al azar.

Una llamada podría presentarse como una supuesta actualización del servicio. Un mensaje podría advertir sobre una falsa suspensión de la línea. Otro podría solicitar una "verificación de seguridad" y utilizar datos verdaderos para generar confianza.

El hecho de que esos datos sean correctos no demuestra que el mensaje también lo sea.

Por eso, si alguien contacta al usuario en nombre de Claro y solicita realizar alguna acción, una opción sencilla es terminar la comunicación y contactar directamente a la empresa mediante uno de sus canales oficiales.

De esa manera cambia quién inicia la comunicación y se elimina la necesidad de confiar en el número, enlace o identidad presentada por un desconocido.

El dato que falta puede ser el que te pidan

Los datos confirmados como expuestos tampoco incluyen códigos temporales de verificación.

Precisamente por eso, un código recibido mediante SMS no debe entregarse a una persona que lo solicite por teléfono, WhatsApp u otro canal.

El mismo principio aplica cuando alguien pide confirmar información adicional. Que el interlocutor conozca la cédula no significa que sea seguro completar los datos que le faltan.

La información expuesta puede funcionar como el inicio de un rompecabezas, no necesariamente como la pieza que permite completarlo.

"Verifica tu cuenta aquí"

Otro escenario posible comienza con un enlace.

El mensaje puede advertir sobre una actualización, una irregularidad con el servicio o una supuesta medida de seguridad y conducir a una página diseñada para solicitar información adicional.

En ese caso, el usuario no necesita determinar si el enlace es verdadero o falso.

Puede simplemente ignorarlo y entrar por su cuenta a Mi Claro o utilizar los canales oficiales de la compañía para comprobar si realmente existe alguna situación pendiente.

Esta práctica adquiere mayor importancia después de una exposición de datos porque un mensaje fraudulento ya no necesariamente tendrá que parecer genérico: puede incorporar información verdadera sobre quien lo recibe.

Si tú no hiciste el cambio, compruébalo

Una notificación sobre una modificación, solicitud o activación que el usuario no reconoce tampoco debe ignorarse.

El cliente puede consultar directamente con Claro si existe alguna operación asociada a su servicio y reportarla cuando no haya sido solicitada por él.

También conviene conservar capturas de pantalla, números telefónicos, mensajes, enlaces, fechas y horas cuando se produzca un contacto sospechoso.

No porque la exposición confirmada implique que necesariamente ocurrirá un fraude, sino porque esos elementos permiten documentar qué ocurrió si alguien intenta utilizar posteriormente la información.

Tus datos pueden ser reales; la historia, no

Después de una exposición de información personal existe una reacción sobre la que dependen muchos fraudes: "¿Cómo va a ser falso si saben quién soy?".

En este caso, esa pregunta pierde valor como mecanismo de confianza.

Claro ya confirmó que determinados datos de sus clientes quedaron expuestos. Por eso, conocer un número telefónico, una cédula o el servicio contratado ya no puede utilizarse como prueba de que quien llama tiene una relación legítima con la empresa.

No puedes hacer secreto lo que ya quedó expuesto.

Pero todavía puedes decidir qué información entregas, qué enlaces abres, qué códigos compartes y a quién permites utilizar esos datos para convencerte.

Julio Solano

Periodista y poeta

Ver más