Los nacidos en este año cumplimos ahora 63. Con el permiso del cantautor español Víctor Manuel, parafraseo el título de una genial pieza de su composición para titular, con otro dígito inicial, este artículo. Por esto, bien vale la pena destacar algunas de las historias que nos definen.

Yo, al igual que muchos de los lectores de estas líneas, nací en un contexto histórico muy peculiar. Los aires de libertad nos recibieron: para febrero de ese año, Juan Bosch se juramentó como presidente constitucional. Aunque siete meses después este incipiente ensayo democrático fue abortado, marcándonos para siempre como "los hijos o la generación del golpe". En aquel entonces, nuestra población era de menos de 3,5 millones de personas y, según Moya Pons, el país era "predominantemente rural, con una economía agrícola poco diversificada y grandes desigualdades sociales".

En el ámbito internacional, la guerra fría se arraigaba. La lucha por los derechos civiles cobraba impulso en los Estados Unidos con el célebre discurso "I Have a Dream", pronunciado por Martin Luther King Jr. en agosto de 1963. En noviembre de ese mismo año se produjo el magnicidio de John F. Kennedy, y mientras tanto, los Beatles grababan su primer álbum, convirtiéndose en un fenómeno musical mundial.

En nuestra infancia fuimos testigos de extraordinarios acontecimientos. Aún a muchos de nosotros nos amamantaban cuando se produjo la guerra de abril de 1965. En mi lejano recuerdo todavía retumban las explosiones del combate escenificado al final de ese año en el hotel Matum, situado próximo a donde vivíamos. Sí tengo registrado en mi memoria —al igual que la mayoría de ustedes— las emocionantes escenas del televisor en blanco y negro que transmitió, en directo, la llegada del primer hombre a la Luna: Neil Armstrong en el Apolo 11. Para entonces ya teníamos 6 años y usábamos pantalones cortos.

Nacimos, usualmente, en familias tradicionales; de padres hijos de la dictadura que, en su gran mayoría, no eran profesionales. Sin embargo, estaban impregnados de los valores del trabajo, la disciplina y el ejemplo. Vivían preocupados por que estudiáramos. A este legado de bien le debemos lo que hoy somos. Por ello, hoy asumimos esos mismos valores para criar y darles alas a los sueños de nuestros hijos.

Los 12 años de Balaguer (y sus etapas posteriores), con sus luces y sombras, marcaron nuestra infancia, adolescencia y parte de la adultez. Recordamos la noche larga y tensa del 16 de mayo de 1978; el efecto del movimiento hippie tras la guerra de Vietnam; la furia del ciclón David y la tormenta Federico en 1979; el suicidio de Guzmán y las esperanzas cifradas —y a veces defraudadas— en los gobiernos sucesivos. Vivimos las colas en las estaciones de combustible en el 90, etc.

Somos los muchachos que vimos televisión en blanco y negro en los parques para luego tenerla a color en nuestros hogares. Los que nos desvelábamos por ser peloteros, bomberos o astronautas. Teníamos como ídolos a Diloné, el Rico Carty, Marichal, Hugo Cabrera, Chicho Sibilio, Alí, "Mano de Piedra" Durán, Pelé, Kareem Jabbar, Michael Jordan —que fue contemporáneo de nuestra generación— y, obviamente, al campeón de la "bolita del mundo": Jack Veneno.

También tuvimos a nuestros sanos influencers de la época: Yaqui, con su "Cultura con Sabrosura"; el gordo Freddy, con su "Escuelota"; a Cuquín, que con solo verlo nos hacía reír; y ni hablar de Boruga y sus personajes con olor a pueblo.

Yo también, como una legión de ustedes, me divertía sin mayores complicaciones. Nos bastaba que lloviera para bañarnos en los caños; que llegara la Cuaresma para volar nuestras multicolores chichiguas; o que el Niño Jesús o los Reyes nos sorprendieran con regalito pedido. Una cancha improvisada en la calle era suficiente para el básquet. El 30 de noviembre tocaba embarrarse de polvo en la fiesta de San Andrés, y en febrero disfrazarse de lechón o de Batman y Robin. No faltaba la visita a los siete monumentos el Viernes Santo con los viejos o los amigos del barrio, para más tarde comer las habichuelas con dulce de la abuela.

Somos quienes nos distanciábamos de las chicas en las fiestecitas caseras y nos tomamos nuestro tiempo para debutar en el sexo. Aprendimos a bailar con los merengues del Caballo Ventura y a enamorarnos a media luz con la Silvestre, Danny Rivera o Saturday Night Fever. Nos hicimos adolescentes escuchando los himnos de Blades como "Chica Plástica" o "Pedro Navaja", y al "malote" Willie Colón con su célebre "Qué será". Fuimos fans de la poesía y conciencia social de Serrat, Cortés, Perales, Sabina, Ana Belén, Pablo, Amaury y Silvio. Disfrutamos las melodías de ABBA, los Beatles, los Rolling Stones y, por supuesto, desde sus inicios, de Juan Luis Guerra: una orgullosa representación de lo mejor de lo nuestro.

Muchos hicimos trabajo comunitario en clubes deportivos o culturales; fuimos scouts, lobatos o monaguillos. Nos iniciamos en la lectura con "paquitos" y novelas policiacas, pasando luego a las novelas de verdad y los clásicos, gracias a buenos profesores de literatura que tuvimos y a la curiosidad.

Con nuestra generación comenzó el desarrollo de la computadora y el internet, aunque con antelación, usamos el correo y las cartas. Tuvimos que aprender y desaprender; guardar en los museos las máquinas de escribir, primero las manuales y luego las eléctricas. Con nosotros se levantaron utopías. Jamás imaginamos que hoy seríamos testigos de los avances de la IA, pero al mismo tiempo de un mundo abatido por la soledad, como nos recuerda Byung-Chul Han, y un panorama global casi en llamas.

En todo caso, tenemos razones para agradecer a la vida (o al Dios que abracemos) por haber nacido en este año. Por ser parte de esta generación y haber experimentado estas seis décadas y "un chin". Hay motivos para levantar la esperanza y celebrar. Escribo estas líneas al cumplir mis 63 añitos.

José Lorenzo Fermín

Abogado

Licenciado en Derecho egresado de la PUCMM en el año 1986. Profesor de la PUCMM (1988-2000) en la cual impartió por varios años las cátedras de Introducción al Derecho Penal, Derecho Penal General y Derecho Penal Especial. Ministerio Público en el Distrito Judicial de Santiago (1989-2001). Socio fundador de la firma Fermín & Asociados, Abogados & Consultores desde el 1986.-. Miembro de la Comisión de Revisión y Actualización del Código Penal dominicano (1997-2000). Coordinador y facilitador del postgrado de Administración de Justicia Penal que ofrece la PUCMM (2001-2002). Integrante del Consejo de Defensa del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos en los procesos de fraudes bancarios de los años 2003-2004, así como del Banco Central en el caso actual del Banco Peravia. Miembro del Consejo Editorial de Gaceta Judicial. Articulista y conferencista ocasional de temas vinculados al derecho penal y materias afines. Aguilucho desde chiquitico. Amante de la vida.

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