Las guerras del siglo XXI han demostrado que la victoria ya no depende exclusivamente de la superioridad militar sobre el campo de batalla. La experiencia reciente de la guerra entre Rusia y Ucrania ha puesto de manifiesto una realidad estratégica que hoy domina el pensamiento militar contemporáneo: un Estado puede resistir durante años los ataques convencionales, pero difícilmente sobrevivirá si pierde la capacidad de sostener su economía.

En ese contexto, la infraestructura económica crítica ha adquirido un valor estratégico equivalente —e incluso superior— al de las bases militares, los centros de mando o las grandes unidades de combate. Energía, puertos, redes eléctricas, sistemas financieros, telecomunicaciones y logística constituyen hoy los verdaderos centros de gravedad de un Estado.

Bajo esa premisa surge una interrogante de enorme trascendencia geopolítica: ¿qué ocurriría si, en una futura escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán, la isla de Kharg fuera destruida o quedara completamente fuera de servicio?

Aunque ese escenario no ha ocurrido y no existe evidencia independiente de que la terminal petrolera haya sido destruida, diversos ataques contra objetivos militares en Kharg Island durante 2026 demuestran que esta infraestructura se encuentra dentro del teatro operacional del conflicto y que su valor estratégico es reconocido por todas las partes. Reuters, Associated Press y otros medios internacionales han documentado operaciones militares estadounidenses en la isla, dirigidas principalmente contra instalaciones militares y sistemas defensivos, sin confirmar la destrucción del terminal petrolero.

Del campo de batalla a la economía

La evolución de la guerra moderna confirma que los Estados buscan cada vez más incapacitar al adversario mediante la destrucción de sus fuentes de financiamiento antes que mediante campañas de ocupación territorial.

Durante la guerra entre Rusia y Ucrania, ambas partes dirigieron ataques sistemáticos contra refinerías, depósitos de combustible, puentes estratégicos, redes eléctricas, puertos, infraestructura ferroviaria y centros industriales. El objetivo no fue únicamente debilitar la capacidad militar inmediata del enemigo, sino erosionar su economía, disminuir su producción, afectar la moral nacional y elevar el costo político de continuar la guerra.

Este principio responde a una lógica clásica formulada por Carl von Clausewitz: identificar y neutralizar el centro de gravedad del adversario. En el siglo XXI, ese centro de gravedad suele ser económico.

Kharg Island: el corazón energético de Irán

Kharg Island representa para Irán mucho más que una terminal petrolera. Diversas evaluaciones del sector energético indican que aproximadamente el noventa por ciento de las exportaciones de petróleo iraní utilizan esta infraestructura, convirtiéndola en la principal fuente de divisas del país. Es allí donde convergen oleoductos, tanques de almacenamiento, terminales marítimas y la logística de exportación que sostiene buena parte de los ingresos del Estado iraní.

Desde una perspectiva estratégica, Kharg Island constituye uno de los activos más valiosos del país. Su eventual paralización no implicaría únicamente una reducción de las exportaciones de hidrocarburos, sino un golpe directo a la capacidad del Estado para financiar su presupuesto, sostener subsidios internos, mantener programas militares y respaldar a organizaciones aliadas en la región.

La nueva lógica de la coerción estratégica

Si el conflicto entre Washington y Teherán evolucionara hacia una confrontación más amplia, es razonable plantear que las instalaciones petroleras podrían convertirse en objetivos militares de alto valor.

No se trataría simplemente de destruir infraestructura física, sino de ejecutar lo que algunos analistas denominan: una estrategia de coerción económica mediante medios militares, orientada a limitar los ingresos del adversario y reducir progresivamente su capacidad de sostener operaciones prolongadas.

En ese escenario hipotético, la destrucción parcial o total de Kharg Island podría producir efectos inmediatos:

  • reducción drástica de las exportaciones petroleras iraníes;
  • caída de los ingresos fiscales del Estado;
  • debilitamiento de la capacidad financiera del aparato militar;
  • incremento de la presión económica interna;
  • mayor aislamiento financiero internacional.

El impacto sobre la economía mundial

Las repercusiones de un escenario de esta naturaleza trascenderían ampliamente las fronteras iraníes.

El estrecho de Ormuz constituye uno de los corredores marítimos más importantes del planeta y por él transita alrededor de una quinta parte del petróleo comercializado por vía marítima, según la Agencia Internacional de Energía y diversas evaluaciones del mercado energético internacional.

Una interrupción significativa de las exportaciones iraníes o una mayor inseguridad en esa ruta podría desencadenar:

  • incrementos abruptos del precio internacional del petróleo;
  • aumento del costo del transporte marítimo;
  • encarecimiento de los seguros para la navegación comercial;
  • presiones inflacionarias globales;
  • afectaciones sobre las cadenas de suministro.

Las economías altamente dependientes de las importaciones energéticas serían las primeras en sentir los efectos.

Las grandes potencias frente al nuevo escenario

China probablemente sería uno de los actores más afectados debido a su condición de importante comprador de petróleo iraní.

Europa enfrentaría nuevos incrementos en los costos energéticos en un momento de recuperación económica aún frágil.

Estados Unidos, pese a ser un gran productor de hidrocarburos, tampoco quedaría al margen, pues un aumento sostenido del precio del petróleo repercutiría sobre los combustibles, el transporte y la inflación interna.

Rusia podría beneficiarse temporalmente por el incremento del valor internacional de sus exportaciones energéticas, aunque también enfrentaría mayores tensiones geopolíticas.

República Dominicana: una economía expuesta

Para la República Dominicana, un escenario de crisis energética en el Golfo Pérsico tendría consecuencias relevantes.

Como economía importadora de hidrocarburos, el país enfrentaría mayores costos de generación eléctrica, incremento en los precios de los combustibles, presión inflacionaria sobre alimentos y transporte, aumento del costo logístico de las importaciones y posibles efectos sobre la competitividad del turismo debido al encarecimiento del transporte aéreo.

Desde la perspectiva de la seguridad nacional, este tipo de crisis también obligaría a fortalecer la planificación estratégica en materia de seguridad energética, diversificación de proveedores, protección de infraestructuras críticas y desarrollo de mecanismos de resiliencia económica.

La economía como nuevo campo de batalla

Las guerras contemporáneas evidencian que la superioridad militar ya no garantiza por sí sola la victoria. La competencia entre Estados se libra simultáneamente en los mercados financieros, las cadenas de suministro, el ciberespacio, la energía y la información.

Si en algún momento Kharg Island llegara a convertirse en un objetivo directo de una campaña destinada a paralizar la economía iraní, el mundo estaría presenciando un cambio profundo en la naturaleza del conflicto: la consolidación de una guerra donde destruir la capacidad económica del adversario puede resultar más decisivo que conquistar su territorio.

La experiencia de Ucrania, las sanciones económicas aplicadas contra Rusia, las restricciones tecnológicas entre Estados Unidos y China y la creciente militarización de las infraestructuras críticas confirman que el poder económico se ha transformado en un instrumento estratégico de primer orden.

La historia enseña que las guerras cambian constantemente de forma. Todo indica que, en el siglo XXI, los grandes enfrentamientos ya no se decidirán únicamente por el número de soldados desplegados o de tanques destruidos, sino por la capacidad de cada Estado para preservar su economía, proteger sus infraestructuras críticas y sostener el esfuerzo nacional frente a conflictos cada vez más prolongados e interdependientes.

Justo Del Orbe

General retirado

Justo Del Orbe Piña, Gral. ®, Ejercito de República Dominicana, Historiador Militar. Geo-politólogo.

Ver más