Realizar cualquier trámite en una institución pública suele convertirse en una verdadera odisea para los ciudadanos, debido a la negligencia y la falta de responsabilidad que caracterizan a muchas de estas entidades.
Es común que los ciudadanos experimenten horas tratando de resolver algo que se podía hacer en minutos. Se ha normalizado el hecho de pasar un día entero sentados esperando un turno en una entidad estatal.
Entonces nos preguntamos: ¿por qué sucede esto? Podría deberse a que no tenemos otra opción; será porque esos asuntos son obligatorios y nos benefician más a los usuarios que a las instituciones mismas, o es porque la pereza y la falta de empatía se apodera de los servidores públicos.
Es un hecho que el lema «vuelva usted mañana», citado por Mariano José de Larra en su artículo del mismo nombre, lo hemos escuchado en varias ocasiones, y mayormente de aquellos de quienes nos es obligatorio volver.
En su mordaz artículo, Larra presenta a Sans-délai, un extranjero que llega a España con la ilusión de resolver sus asuntos en quince días, solo para chocar con el muro de la desidia. El autor nos advierte que el "mañana" no es una medida de tiempo, sino una respuesta sistemática de una sociedad que ha hecho del descanso su ocupación principal. A través de la figura del oficial que posterga el examen de unos documentos simplemente porque prefiere irse a pasear o a comer, Larra desnuda una verdad incómoda: la procrastinación burocrática no es un error del sistema, sino un rasgo cultural donde el "hacer" se percibe como una molestia y el "postergar" como un privilegio del poder.

Aunque reflexionando al respecto, este lema trasciende de las instituciones a la vida diaria, ya que la acción de procrastinar es una práctica frecuente en nuestra sociedad. Se ha convertido en una práctica normal dejar todo para después. No se advierte el trabajo y el esfuerzo que podrían evitarse si las tareas se realizaran oportunamente.
Un caso ilustrativo de esta problemática se evidenció cuando acudí a la Junta Central Electoral para contraer matrimonio. Aunque se nos informó que la ceremonia iniciaría en una hora, la espera se prolongó casi el doble del tiempo indicado. Lo más sorprendente era que éramos la única pareja programada para casarse en ese momento. Esta situación evidenció no solo la falta de puntualidad, sino también la poca consideración hacia el tiempo de los ciudadanos, confirmando así que la expresión «vuelva usted mañana» sigue manifestándose en nuestra cotidianidad.
¿Será posible que, como personas conscientes y pensantes, podamos entender que no hacer las cosas a tiempo nos genera más trabajo y tensión de la necesaria? Al parecer la frase de “el tiempo es oro” no la hemos aplicado correctamente. Se ha interpretado de manera reduccionista, asociándola únicamente con la acumulación de bienes materiales.
Es momento de que, como sociedad e individuos, hagamos las cosas a su debido tiempo y solamente las dejemos para después si no es posible hacerlas antes. Recordemos que la Sagrada Biblia nos dice que «cada día trae su propio afán», y si no resolvemos el afán de hoy, lo tendremos que sumar al de mañana y será más grande la carga.
Apreciado lector, mi objetivo con este ensayo no es solamente criticar las irresponsabilidades de las instituciones, es tratar de crear conciencia sobre el daño que provoca el procrastinar las cosas, pasando por alto que nuestro tiempo es limitado. Es una realidad que el tiempo es oro; vale tanto, dado que es irreversible.
En definitiva, mientras sigamos justificando la impuntualidad, la negligencia y la procrastinación como conductas normales, el lema «vuelva usted mañana», de Mariano José de Larra, continuará describiendo con precisión nuestra realidad. No basta con señalar las fallas de las instituciones públicas; es necesario reconocer que el cambio comienza en cada uno de nosotros. Solo cuando asumamos el valor del tiempo como un compromiso ético y social, dejaremos de postergar lo que exige responsabilidad inmediata.
Loren Constanza es estudiante de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). lorenconstanza000@gmail.com
Compartir esta nota