Sobre el atentado durante la cena de corresponsales en Estados Unidos, la presidenta de Mexico, Claudia Sheimbaum, escribió.  “Qué bueno que el presidente Trump y su esposa se encuentran bien tras los recientes acontecimientos. Les enviamos nuestro respeto. La violencia no debe ser nunca el camino”.

El editorial del influyente periódico español El país, señaló: “Los repetidos intentos de asesinato del presidente estadounidense Donald Trump merecen una repulsa tajante en una sociedad democrática. Cuando un presidente sufre en dos años tres intentos de asesinato es que hay algo roto en aquel país”. Una corresponsal de este periódico, presente en la cena, dijo que había más de 2,200 comensales y que todo sucedió muy despacio y muy deprisa al mismo tiempo.

Entre tanto, el periódico   dominicano Acento afirmó: “El verdadero problema que este ataque pone sobre la mesa es la salud de una democracia […] El peligro no vino de fuera. No son extranjeros. No son infiltrados. Son producto de sus propias universidades, sus propias ciudades, su propio sistema”.

Por su parte, la vocera de prensa de la Casa Blanca explicó el punto de vista de la administración estadounidense acerca de las causas del hecho con estas palabras:

En los últimos años, nadie ha enfrentado más balas ni más violencia que el presidente Trump. Esta violencia política proviene de una demonización sistémica de sus seguidores por parte del Partido Demócrata e incluso de algunos medios de comunicación. Esta retórica de odio constante y violenta, dirigida contra el presidente Trump día tras día durante once años, ha contribuido a legitimar esta violencia y a llevarnos a este momento. Quienes constantemente tachan falsamente al presidente de fascista, lo presentan como una amenaza para la democracia y lo comparan con Hitler para obtener réditos políticos, están alimentando este tipo de violencia. El culto de odio de la izquierda contra el presidente y todos aquellos que lo apoyan y trabajan para él ha provocado que varias personas resulten heridas o muertas, y casi lo vuelve a hacer este fin de semana.

Por el contrario, el acusado, según dejó escrito en una especie de manifiesto, alegó: “Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes. Poner la otra mejilla cuando una persona es oprimida no es comportamiento cristiano; es complicidad con los crimines”.

Por tales hechos y razones caben estas preguntas: ¿Es el presidente Trump un providencial padre fundador de aquella gran nación, a nivel de Washington y Lincoln, líder del propósito de “hacer a Estados Unidos grande otra vez” en medio de un proceso de cambio del orden global, o un tirano tipo Hitler y Trujillo? ¿Es el acusado un enfermo mental, tal vez víctima del trastorno antisocial de personalidad, o un reformador social? ¿Habría terceras personas, cómplices de este conato de asesinato, y cuáles motivaciones tendrían para tal horrendo comportamiento? ¿Alguna vez se ha aclarado el asesinato del presidente John F. Kennedy?

Para concluir, espero que en la sociedad estadounidense resuelvan pronto el problema de la violencia política y de los crímenes de odio, y, particularmente, controlen la circulación de tantas armas de fuego en manos peligrosas.

*Este artículo puede ser escuchado en audio en Spotify en el podcast Diario de una Pandemia por William Galván

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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