Después de 25 años en el poder, la cabeza del Partido Socialista Unido de Venezuela, Nicolás Maduro, fue apresado por el gobierno estadounidense en una operación de gran precisión el 3 de enero del 2026. Esta extracción ocurrió después de meses de declaraciones del presidente Trump en contra del líder venezolano, y más de un año después de las elecciones en las cuales el incumbente no cedió el poder, a pesar de haber sido derrotado rotundamente por el candidato de la oposición, Edmundo González.

Lo que ha seguido son muchas celebraciones de parte del pueblo venezolano, aliviados de que el encargado de tantas muertes, torturas, exilios, escasez de comida y otras necesidades básicas esté enfrentando justicia y fuera del poder. También han habido voces alzadas en contra de la intervención americana, cuestionando la legalidad de la extracción y, a la vez, recordando el historial de intervención americana en Latinoamérica y el Medio Oriente durante el siglo XX.

Ambos campos tienen razón, en parte. El pueblo venezolano lleva años sufriendo por debajo del régimen chavista donde cualquier oposición interna ha sido desmantelada, con todos los dirigentes opositores terminando muertos, escondidos o exiliados. La única esperanza para sacar a Maduro del poder por manos venezolanas hubiera sido si su propio ejército se opusiera y realizara un golpe de Estado, circunstancia que siempre ha estado lejos de la realidad.

La participación americana en la destitución de Maduro era la única opción viable para sacarlo del poder, el anhelo más grande del pueblo venezolano. Esta es la única nación con la inteligencia y poder militar que pudo llevar a cabo esta misión, y aun así lograron solo estrechamente completarla con éxito. La pregunta que queda en la mente de todos es: ¿y ahora qué?

La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha sido juramentada como presidenta actualmente, mientras que Trump ha declarado que su administración tomará control del país, descartando la posibilidad de que el movimiento liderado por María Corina Machado tome las riendas de su propio país.

Ahora mismo hay dos caminos por el cual el futuro de esta nación tomará rumbo; el chavismo se mantiene en poder, encabezado por los líderes partidarios que permanecen en Venezuela quienes negociarán con Trump por acceso a las reservas petroleras; o la opción por la cual la mayoría de los venezolanos anhelan, pero cada vez está más lejos: que la oposición tome el control de su país liderados por Maria Corina Machado y el presidente electo Edmundo Gonzalez. La mejor, y única opción que garantiza la democracia después de más de 25 años de dictadura, es la última, siendo esta la única que representa los deseos que los venezolanos manifestaron en las urnas el 28 de julio del 2024. Para que esto se haga realidad tomará un esfuerzo extraordinario de la población y de las entidades internacionales.

Cada día la administración estadounidense hace más y más claro que su objetivo nunca fue librar a los venezolanos de tiranía, sino conseguir su pedazo de pastel de ese delicioso petróleo por cual han ido a guerra una y otra vez. Trump y Machado compartían el deseo de sacar a Maduro, pero hasta ahí llegan sus objetivos en común, y la asistencia americana al desmantelamiento del chavismo.

Para todos los que están celebrando, comparto su alegría por finalmente librarse de Maduro y ser testigos de un golpe tan debilitador al chavismo que por tantos años ha causado terror y angustia. A los que protestan por la intervención americana en un Estado independiente, entiendo y comparto sus inquietudes. Pero ambos bandos deben de tener su vista en el futuro cercano. La lucha por la soberanía de Venezuela no terminó con el arresto de Maduro, apenas está comenzando…

María Fernanda Brant Haza

Economista

María Fernanda Brant Haza es licenciada en economía y filosofía por Northeastern University en Boston, Massachusetts, y actual estudiante de derecho en el Instituto OMG. Su enfoque académico se ha concentrado en la ética y las políticas públicas. Tiene experiencia en el sector público y privado, trabajando en el sector de “Educación, empleo y bienestar” del Boston Consulting Group.

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