Corría algo más que después de las cinco de la tarde, de aquel miércoles 24 de junio de 2026, cuando aquí en la República Dominicana, por medio de las facilidades que dan las aplicaciones en nuestros teléfonos móviles, nos dimos cuenta de que se había producido un temblor de tierra en Venezuela.
Por mis recuerdos de juventud como miembro de la Defensa Civil, sobre la diferencia entre un temblor simple y un terremoto de cuidado, cuando la aplicación que nos informa en tiempo real sobre los movimientos de la tierra y su ubicación, conocida como "Mis Alertas de Terremotos" (My Earthquake Alerts), al ver que dicha app decía que el temblor era de magnitud de 7,2 en la escala sismológica de magnitud de momento; sabíamos que se había tratado de un terremoto de cuidado en el cual la garantía para la vida humana es difícil de predecir.
Se había producido entonces un verdadero desastre en el país hermano de la patria de Simón Bolívar. Edificios cayendo como polvo, seres humanos desaparecidos, contrariedad, confusión, incertidumbre y sobre todo dolor.
Aquí en la República Dominicana consideramos a las y los venezolanos como nuestros hermanos queridos. Inmediatamente, muchos países alrededor del mundo activaron sus esfuerzos para enviar ayuda y rescatistas, el presidente dominicano Luis Abinader, luego de comunicarse con la presidenta encargada de Venezuela, dispuso el envío de ayuda, de una brigada de rescatistas, de equipos especializados de búsqueda, rescate y atención de emergencias, en el operativo conocido como Operación Quisqueya Solidaria.
La tierra se movió en Venezuela, y perdimos muchos seres humanos, otros sobrevivientes vieron como sus seres queridos y familiares ya no estaban, o no los encontraban; aun así, los rescatistas y el mismo pueblo Venezolano pudieron salvar algunos niños, mujeres, hombres y hasta algunos animales que pudieron sobrevivir.
Sin embargo, aunque gracias al Cielo algunos si pudieron conservar sus vidas, lo perdieron todo, y quedaron a la intemperie, con la incertidumbre de no saber qué hacer. Pero según las noticias de los medios veíamos la resistencia ante la muerte; que no es más que cuando los sobrevivientes a una tragedia como esta, se resisten a dejar de buscar sus seres queridos entre los escombros, y pudimos ver el rescate de muchos hermanos Bolivarianos, incluyendo bebes ser sacados con vida. Con vida, y con un futuro de poder vivir, independientemente de tener que empezar con nada y desde cero.
La vida es el bien más preciado, que al perderlo es lo único que no podemos recuperar, por lo que gracias a Dios los agraciados con la supervivencia ante el desastre, de alguna manera y quizás con alguna misión, podrán ser grandes seres humanos de provecho y de bien.
Ese día que la tierra tembló en Venezuela, de una manera u otra, todos fuimos movidos en nuestros corazones, en nuestra mente y espíritu. Son los momentos que tomas conciencia de que independientemente de países, idiomas y fronteras, al final todos somos humanos y lo que le afecta a una parte, nos afecta a todos.
El descanso en paz a los que por la tragedia se nos fueron, la fe a los que sobreviven, con la esperanza de un día con la fortaleza del amor saberse un pueblo amado que se reconstruyo.
La gran Venezuela se pondrá de pie, de la mano de todos los demás países que a las tierras bolivarianas siguen en las primeras horas posteriores, confiados de encontrar más sobrevivientes.
Si eres venezolano donde quiera que me leas, un abrazo solidario desde la distancia, la humanidad está con ustedes, sabiendo que están en nuestros pensamientos.
Lo sucedido en Venezuela es algo para lo que no existen palabras de aliento por sí solas, se han perdido vidas humanas valiosas; además de en lo que podamos ayudar la comunidad internacional, y sabiendo que no todo está perdido, solo nos queda orar al Todopoderoso, Dios con ustedes Venezolanos.
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