Generó una bocanada de aire fresco la reciente comparecencia del reputado empresario Luis Molina Achecar, presidente del Centro Financiero BHD, ante la Cámara Americana de Comercio. Ahí presentó al país una acertada visión de los retos que enfrentan nuestra economía y sociedad para alcanzar el anhelado desarrollo. Dado el vacío de propuestas desarrollistas de los partidos políticos, el aporte de Molina Achecar provee un oportuno apoyo para cerrar ese vacío. Son los partidos políticos los llamados a proponer iniciativas y políticas públicas para lograr esa meta. Procede pues desmenuzar las repercusiones de los retos ante la actual coyuntura nacional.
Basándose en un recorrido histórico del trajinar económico e institucional del país en las últimas décadas, en los diagnósticos de agencias multilaterales y en las recomendaciones de famosos economistas, Molina Achecar aterriza con trascendentes conclusiones. Siendo de mediano desarrollo según el Banco Mundial, el país debe evitar quedar estancado en “la trampa de los ingresos medios” (como le sucedió a Brasil, Chile y México.) “Es necesario no solo depender de la inversión y el emprendimiento, sino también del capital social como un atributo cultural capaz de facilitar acuerdos determinantes en el desarrollo económico.” Sin esos acuerdos seria imposible llegar a ser un país de altos ingresos para el 2036 ni para el 2040.
Su veredicto implica un cambio de modelo para que el desarrollo no dependa solo de la inversión sino de la producción. El primer pilar del nuevo modelo debe ser la educación, de la cual se han obtenido resultados “magros” a pesar del 4% del PIB que se le destina. La educación integral es indispensable para mejorar la productividad, los empleos y los salarios. El segundo es elevar la productividad y la innovación: “la riqueza se genera en la economía a partir de la capacidad y eficiencia de las empresas, mientras la competitividad tiene como elemento central la productividad.” “Consideró la inteligencia artificial como uno de los factores con mayor capacidad de transformar el aparato productivo y la sociedad”. El tercer pilar es la capacidad de concertar acuerdos entre los actores, lo cual requiere de ética y calidad institucional.
Molina Achecar señaló que estamos en un buen momento para producir los acuerdos que sirvan de catapulta hacia las anheladas metas. Según la IA: “Para elevar simultáneamente la productividad y la innovación en el turismo, las zonas francas, la agropecuaria, la minería y la tecnología digital, la RD debe adoptar dos medidas indispensables: invertir sistemáticamente en capital humano especializado, investigación y desarrollo, y formación técnica vinculada a las necesidades de cada sector; y crear un marco institucional y de incentivos que promueva la inversión, la adopción tecnológica, la competencia, el encadenamiento productivo y la colaboración entre empresas, universidades y Estado.” Resulta obvio que los acuerdos necesarios deben abarcar el largo plazo.
Molina Achecar señaló que la dignidad humana es sagrada y que el capital social juega un papel indispensable, pero su foco en el rol de las empresas no abarcó la desigualdad social, un reto medular para el desarrollo. El premio Nobel 2001 Joseph Stiglitz señala que la desigualdad social no es inevitable o necesaria para alcanzar el crecimiento económico. “La desigualdad es la consecuencia directa de decisiones de política pública ya sea sobre fiscalidad, mercado laboral, inversión pública u otras reglas que rigen nuestras economías. En las últimas décadas, muchas de estas decisiones han acabado limitando el poder de los trabajadores frente al capital, han permitido la existencia de vacíos legales en cuestiones tributarias de los que se han beneficiado grandes empresas y los súper ricos o han esquilmado la inversión pública.”
Pensándolo bien, la trampa de la desigualdad puede ser tan disruptiva como la de ingresos medios. En nuestro país esta puede medirse por la creciente concentración de la riqueza. Un editorial del periódico HOY señala que, según las estimaciones disponibles sobre los ingresos de la población, “10% de mayores ingresos concentra 45% de los ingresos totales, frente a 11% que corresponde a la mitad más pobre de la población.” El PNUD, por su parte, ha advertido que la desigualdad merma en un 18.3% el avance del desarrollo humano en nuestro país. Por suerte, Stiglitz advierte que la desigualdad es una decisión política que podemos revertir.
Es decir, la riqueza no solo depende del aporte de las empresas sino también de las políticas públicas. Es por eso por lo que los partidos políticos deben tomar el atinado discurso de Molina Achecar como referencia pivote para elaborar sus propios programas de gobierno. A ellos les incumbe insertar políticas publicas para, de manera equilibrada frente a la desigualdad, atender tanto a los requisitos de crecimiento empresarial como de justicia social. Afortunadamente, han surgido señales de que una nueva camada de dirigentes partidarios está poniendo atención a los consejos de Molina Achecar.
Coincidiendo con Melina Achecar, vale la pena resaltar los juicios de Omar Fernandez en un juicioso artículo del Listín Diario. En el afirma que “el próximo salto debe tener como uno de sus ejes la productividad. El turismo, las exportaciones nacionales, las zonas francas, la minería, la conectividad, la construcción y otros grandes motores de nuestra economía deben seguir creciendo, pero necesitamos ampliar nuestra frontera hacia nuevos sectores capaces de complementar nuestra capacidad productiva. Tecnología, manufactura avanzada, logística, energía, agroindustria moderna, industrias creativas y servicios globales representan oportunidades para diversificar nuestra economía y competir por mejores empleos.”
Refiriéndose a los “magros resultados” de la educación, el economista Juan Ariel Jimenez coincide con Molina Achecar en un artículo del Listín Diario: “Lo lógico sería declarar una especie de emergencia nacional por la calidad educativa. Pero para resolver un problema primero hay que reconocerlo y desmontar algunas de las excusas que durante años hemos utilizado para justificar los malos resultados.” “La educación debería ser la gran escalera de movilidad social de República Dominicana. Pero, hoy en día, esa escalera tiene casi todos sus escalones rotos.”
Molina Achecar, llamado por algunos el Decano del Sector Financiero Dominicano, representa un vocero idóneo y autorizado de nuestro sector empresarial. Por su lado, los partidos políticos son los llamados a responderle con sus respectivas propuestas y programas de gobierno. Si en el primero hay un sesgo hacia lo empresarial los partidos deben equilibrarlo con sus propuestas especificas sobre la desigualdad social. Si un banco de conoce como una “confianza administrada”, los segundos deben merecer ese nivel de confianza con sus propuestas de política pública. Ojalá y no tengamos que esperar a una nueva cohorte de dirigentes políticos para decidir cuál de las dos visiones califica como una utopía de la verdad.
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